07/12/2023
La Niña Fantasma
Adaptación de estilo: Elixir de Miedo
En la oscura encrucijada de Gabriel Mancera y Eugenia, la leyenda de la niña fantasma se aferra a la memoria de aquellos que han escuchado el relato susurrado en los rincones de las colonias del Valle y Narvarte. La historia comienza en la penumbra de la madrugada, donde las sombras adquieren vida propia.
La niña, con la urgencia de medicinas para su madre enferma, se aventuró sola por las desiertas calles. Sus pasos resonaban en el silencio nocturno mientras avanzaba, consciente de las horas impías que desafiaba. Siguiendo las reglas viales, respetaba cada semáforo, cruzando con precaución en busca de una cura para el mal que afligía a su madre.
El destino se entrelaza con la tragedia en el cruce de Eugenia con Gabriel Mancera. Ante la luz roja que inmovilizaba a los vehículos, la pequeña decidía cruzar de esquina a esquina. Sin embargo, el destino se torció cuando un automóvil, como un espectro descontrolado, surcó el cruce a velocidad demoníaca, ignorando la regla cardinal de la prudencia.
El impacto resonó en la madrugada, el coche irresponsable se llevó consigo la vida de la niña, dejándola en el asfalto, atrapada entre la dimensión de la vida y la muerte. El conductor, indiferente a la tragedia que había desencadenado, continuó su marcha, desvaneciéndose en las sombras como un verdugo sin remordimientos.
Desde ese fatídico instante, la niña se convirtió en un espectro errante. A las 2 de la mañana, su presencia se manifiesta en el mismo cruce donde perdió la vida. Los motores de los autos que transitan a exceso de velocidad son acallados por un susurro sobrenatural. La niña, ahora un espectro vengativo, cruza la calle, desafiando la realidad y provocando caos.
Los conductores, presa de la visión espectral, se ven compelidos a esquivar la figura etérea de la niña, resultando en colisiones catastróficas. Una vez más, la tragedia se repite en el mismo lugar que vio la partida prematura de la pequeña. Después de desencadenar el caos, el espíritu de la niña desaparece en la negrura de la noche, dejando a los heridos abandonados a su suerte, tan solos como ella lo estuvo en su último suspiro.
El cruce de Gabriel Mancera y Eugenia se convierte en un escenario macabro, donde la niña fantasma busca una justicia que la vida le negó. El eco de sus pasos se mezcla con el lamento de las almas atrapadas en una danza interminable entre la realidad y el más allá. El suspenso y el terror se ciernen sobre el asfalto, alimentando la leyenda de la niña fantasma de Gabriel Mancera.