17/08/2020
Generación de cristal le han llamado a los niños y niñas que están siendo educados bajo el cobijo de los buenos tratos. Distantes de aquel concepto de disciplina y autoridad que incluía la violencia física y psicológica. Esos niños y niñas que afortunadamente no han tenido que "entrarle" a las burlas, humillaciones y demás acciones negativas que se pensaba, servían para "prepararlos para la vida" y "no pasaran frío" afuera.
Quizá esos niños y niñas sí son de cristal, pero no por la facilidad para romperse como se sugiere, si no por la transparencia en el manejo de sus emociones. Seres capaces de identificar lo que sienten y sabedores de que todos los sentimientos tienen cabida en su hogar. Es válido llorar, sentirse triste, furioso e incluso no desear contacto físico con los demás.
Quizá esos niños y niñas sí son de cristal, como ese cristal que soporta la variedad de sistemas climáticos. La respuesta sensible y la ausencia de violencia en su formación les permitirá desarrollar la empatía, la resiliencia, la tolerancia y el manejo de la frustración, haciendo más práctica su vida, más fácil de conservar su salud mental.
¿Realmente seguimos creyendo que criar con sensibilidad es sobreproteger?
Si acaso fuere así, es momento oportuno para aclarar que violentar y sobreptoteger son maneras de maltratar. Criar con sensibilidad implica la conciencia de sus derechos, el arte de marcar límites con respeto, la respuesta amorosa y empática a sus peticiones, especialmente cuando estas están cifradas detrás de un berrinche o una conducta negativa.
Ojalá que en realidad estuviéramos forjando a la generación de cristal. Esa que nos permite apreciar lo que hay dentro, que no oculta, que resiste, que contiene.
La situación actual en la sociedad y la evidencia en neurociencias nos deja claro la importancia de romper de inmediato el molde de las generaciones de hierro, forjadas a basa de dolor y sufrimiento.
El cambio de paradigma es hoy.
Mariana Villalobos