Historias de Terror y Leyendas Urbanas

Historias de Terror y Leyendas Urbanas CONTENIDO DE TERROR, PARANORMAL, OVNIS, MISTERIOS, MIEDO, TODO SOBRE EL MUNDO DESCONOCIDO Y EL MUNDO OSCURO, etc, etc.

04/12/2025

Trabajé casi dos años en un asilo de ancianos. Era un lugar tranquilo, silencioso… pero había una paciente que todos evitaban: Doña Elvira.
Nunca hablaba, nunca sonreía. Solo me miraba fijo, como si supiera algo de mí.
Cada noche, cuando yo hacía el recorrido final por los pasillos, la encontraba parada en la puerta de su habitación… aunque horas antes la había dejado acostada.
Siempre murmuraba lo mismo:
—“No me dejes sola.”
Un día llegó sin signos vitales. Murió mientras dormía, o eso dijeron.
Esa noche, por primera vez en mucho tiempo, pensé que iba a descansar tranquilo en casa.
Pero a las tres de la mañana sentí pasos lentos en el pasillo.
Pensé que era mi imaginación… hasta que la puerta del dormitorio se abrió sola.
Ahí estaba ella.
Doña Elvira, con la misma bata, el mismo pelo blanco desordenado… pero con los ojos completamente negros.
Negros. Sin pupilas.
No pude moverme. Solo escuché su respiración húmeda, muy cerca de mi cara.
—“No me dejaste sola… ahora me voy con vos.”
Cuando parpadeé, desapareció.
Pero desde ese día, cada noche pasa lo mismo: escucho su bastón golpeando el piso, acercándose a mi habitación. Y siempre, antes de irse, deja apoyada en la mesa de luz una de sus pastillas, las que usaba cuando estaba viva.
Los médicos del asilo dicen que la habitación de Doña Elvira quedó vacía.
Pero la mesita de luz de mi cuarto… ya tiene veintitrés pastillas.
Y sé que cuando se complete el frasco… va a venir por mí.

03/12/2025

¿EXISTE EL IN****NO?

Hace unos meses, el Papa Francisco hacía una manifestación que tambaleaba muchas creencias que hasta ahora se tenían. Declaró que el in****no no existía, que era únicamente una metáfora de un alma errante lejos de Dios. Lo cual resulta curioso, ya que hace poco mas de un año, declaraba que el demonio existía. Y que este era el estandarte de la mentira, por lo que debía ser vencido con la verdad.

Hasta hora considerábamos el in****no el lugar de castigo de las almas descarriadas, en donde reinaba el diablo. Esto a algunos le dejará la duda de donde esta entonces el diablo. ¿Esta realmente en un in****no? ¿o como me dijo un día una persona muy sabía, el diablo vive en nuestro interior y no fuera como muchos creen?.

Antes de que me contestéis, debéis saber que esta declaración choca con la creencia de la mayoría de las religiones, en donde se considera que las almas “malas” son castigadas en un lugar aterrador en el que en muchos casos vivirán eternamente y en otros será un castigo previo a otra vida. Por ejemplo, en el in****no del budismo se practican torturas penosas realizadas por los demonios a víctimas que reciben dolor constante. Para los musulmanes es un enorme lago de fuego. Para los taoístas un laberinto en donde diferentes dioses castigan a sus víctimas y así en todas las religiones. También se creyó en un lugar infernal en culturas tan ancestrales como la Egipcia, Griega o Romana.

Para mi es algo difícil de digerir. Hace muchos siglos existió una persona con un nombre muy peculiar que se llamó Heráclito, consideraba que la vida eran puras contradicciones y que cada cosa tenía su contrario. Y en este caso si existe el cielo tiene que existir el in****no

Pero me interesa mucho vuestra opinión: ¿Creéis que existe el in****no?.

Pd: Mañana publico el final de la Leyenda del hombre lobo, podéis ver el principio de la misma en mi muro. Os lo recomiendo, os gustará.

Créditos a su autor

03/12/2025

Fue durante un viaje por el interior, en un pueblito que ni aparecía en los mapas. Las calles eran de tierra, las casas viejas… y no se escuchaba ni un solo perro. Todo estaba en silencio, demasiado silencio.
Yo buscaba señal para el celular cuando la vi.
Una mujer mayor, encorvada, con el cabello blanco desordenado, parada frente a una casa oscura. Estaba completamente quieta, como si hubiese estado esperándome desde hacía horas.
—“Vení, hijo… pasá un momento. Necesito mostrarte algo.”
Su voz era suave, pero tenía un tono extraño… como si no saliera de ella.
Le dije que estaba apurado, pero dio un paso más cerca y sonrió.
Tenía los dientes… negros. Como quemados.
—“Solo un momento. Adentro te van a cuidar.”
Cuando miré detrás suyo, dentro de la casa, noté algo: sombras moviéndose, muchas, como gente caminando sin dirección. Pero no hacían ruido. Ninguno.
Retrocedí. Ella también retrocedió, pero sin mover los pies.
Como si la arrastrara algo desde atrás.
—“Si no entrás… ellos van a salir a buscarte.”
Sentí un frío terrible. Miré a los costados buscando a alguien, pero el pueblo estaba vacío. Todas las ventanas tenían las cortinas corridas… como si todos supieran quién era esa mujer y la evitaran.
Me di vuelta para irme, y desde la distancia escuché su voz transformada, más profunda, como si hablara desde un pozo:
—“Volvé cuando caiga la noche… vas a tener que entrar.”
Corrí hasta la ruta sin mirar atrás. Cuando amaneció revisé el mapa… y ese pueblo simplemente no existía.
A veces pienso que si hubiese dado un paso dentro de esa casa…
yo también sería una sombra más esperando a que otro pase.

03/12/2025

Siempre escuché historias sobre demonios que rondan a los niños, pero jamás pensé que alguna vez vería algo así con mis propios ojos.
Y sí, sé cómo suena.
Pero lo que pasó aquella noche… no fue un sueño, no fue imaginación, y hasta hoy sigo sin explicarlo.
Mi hijo tenía apenas seis meses.
Dormía en una cunita blanca, al lado de mi cama.
Era una madrugada de verano, de esas donde el aire está quieto, pesado, y cada sonido parece más fuerte de lo que debería.
Ese día me acosté temprano, pero me despertó algo extraño.
No fue un llanto.
No fue un ruido.
Fue… la ausencia de sonido.
El silencio era tan intenso que me despertó de golpe.
Abrí los ojos sin entender bien qué pasaba y, al girar la cabeza hacia la cuna, sentí que el corazón se me frenaba.
Había alguien parado ahí.
Una figura pequeña, encorvada, como si estuviera inclinada sobre mi hijo.
El cuarto estaba totalmente oscuro, pero esa cosa se veía… más oscura todavía.
No una sombra.
No una persona.
Era como un pedazo de noche con forma.
Me incorporé, pero no pude moverme.
Mis músculos estaban rígidos, como si algo me estuviera sujetando desde adentro.
La figura respiraba.
Lo escuchaba.
Un sonido grave, húmedo, como un animal viejo o enfermo.
Cada vez que exhalaba, la luz del monitor del bebé titilaba… como si esa respiración afectara la electricidad.
Intenté hablar, gritar, algo… pero la voz no me salía.
Solo podía mirar.
La criatura levantó la cabeza.
Y ahí lo vi.
No tenía forma humana.
La cara era larga, con la piel agrietada, casi quemada.
Los ojos… eran dos agujeros brillantes, hundidos, como brasas apagadas.
Y su boca era demasiado grande.
Demasiado.
Metió la mano dentro de la cuna.
Una mano larga, retorcida, con dedos que parecían patas de insecto.
Y acarició la cabeza de mi bebé, muy despacio, como si lo estuviera reconociendo.
Como si lo estuviera… eligiendo.
En ese instante sentí un fuego subirme por el pecho.
No sé de dónde saqué fuerzas, pero mi cuerpo reaccionó.
Me levanté de golpe y tiré un manotazo hacia la cuna, sin pensar.
La luz se apagó.
Todo quedó negro.
Solo escuché un chillido, pero no un chillido humano:
un sonido agudo, metálico, casi como el crujido de un vidrio quebrándose adentro de la cabeza.
La luz volvió.
Y la figura ya no estaba.
Corrí a mi bebé, llorando, temblando. Estaba bien, dormido, tranquilo.
Pero había algo en su mantita.
Una marca.
Como la quemadura de una mano…
una mano con dedos demasiado largos.
Desde esa noche, cada vez que dejo a mi hijo dormir, cierro todas las puertas, todas las ventanas, cada luz encendida.
No por él.
Por mí.
Porque entendí algo que nadie te dice:
Los demonios aman a los bebés porque todavía no le temen a nada… hasta que los ven.
Y yo sé que esa cosa…
todavía no terminó conmigo.

31/05/2025

LA DESAPARICIÓN

El 12 de enero de 2019 fui a visitar a una amiga que hacía mucho no veía. Desde que nos graduamos habíamos perdido la comunicación. Me dio su dirección y fui a buscarla. Ella ya me estaba esperando en la entrada de la privada. Caminamos rumbo a su casa y, mientras platicábamos, vi a lo lejos un niño en el parque. Me le quedé viendo sin decir nada, pero mi amiga notó mi expresión.

—¿Qué tienes, amiga? —me preguntó.

—Nada, solo que me llamó la atención este parque —respondí, sin decirle nada sobre el niño.

Entonces me dijo:

—¿Sabes? Hace más de 10 años, aquí mismo en este parque, en plena fiesta, se robaron a un niño. Había mucha gente y aun así desapareció en segundos. Nunca supieron qué pasó con él. Salió en las noticias, en alerta Amber, pero jamás lo encontraron. Sus papás vivían allá —y me señaló una casa que ahora ocupaba otra familia.

Por la descripción que me dio, supe que el niño que yo vi era el mismo del que hablaba.

Siguió contándome que, a veces, los niños decían que jugaban con alguien que nadie más veía, y por las noches se veían siluetas haciendo travesuras. A mí me costaba dejar de mirar al niño, que seguía ahí, sonriéndome sin ninguna malicia.

Cuando llegamos a su casa, me volvió a preguntar:

—¿Te pasa algo?

—No, es solo que me quedé con la espinita de lo que me contaste. Tal vez el niño no ha podido trascender —dije, sin querer entrar en detalles.

No sentí miedo en ningún momento, ni mientras me contaba la historia, ni al ver al niño. De pronto, me miró seria y dijo:

—Me das miedo... tú has estado en el hospital, puedes ver esas cosas... ¿Viste al niño, verdad?

Mentí y le dije que no. Más tarde, cuando ya me iba, me invitó a una fiesta que tendría su sobrinita el sábado, justo en ese parque. Le dije que sí, y me acompañó hasta la salida de la privada.

Al pasar de nuevo por el parque, volví a ver al niño. Esta vez, se mecía en el columpio y me decía adiós con la mano. Luego me señaló hacia el arenero. Cuando volteé, él asentía con la cabeza. No entendía por qué hacía eso, pero sentí un frío que me recorrió todo el cuerpo al pasar junto al lugar.

El sábado volví al parque para la fiesta. A pesar de que era una celebración infantil, el ambiente se sentía pesado, frío. Notaba una presencia que nadie más parecía sentir. Me senté sola en una mesa mientras mi amiga ayudaba con la comida.

Al voltear al arenero, sentí un susurro en mi oído:

—¿Me tienes miedo?

—No —le respondí con firmeza.

Sentí una pequeña palmada, y escuché su risa mientras lo veía correr entre los árboles. Su ropa estaba hecha harapos y los tenis húmedos. Cuando trataba de salir hacia la banqueta, se detenía. Su rostro se oscurecía, tenía las cuencas vacías y estiraba las manos como si algo le impidiera cruzar.

Me acerqué al lugar donde estaba. Mi amiga se me acercó y me dijo:

—¿Lo ves, verdad?

—Sí —le respondí. Ya no podía negarlo.

Me agaché como si se me hubiera caído algo para quedar frente a él. Me miró y dijo:

—Me llamo Miguelito. Extraño mucho a mis papás. Me dejaron solo y donde estoy hace frío. No sé por qué no vinieron por mí.

Agachó la cabeza y dijo mi nombre. Me estremecí. ¿Cómo sabía mi nombre?

Luego llegó la niña del cumpleaños. Dijo algo y dejó un pedazo de pastel en el suelo, en un rincón vacío. Escuché que dijo: “Tenemos la misma edad”. Pasó a mi lado y me dijo:

—Miguelito es mi amigo, pero nadie me cree. Mi mamá dice que es imaginario.

Sonrió y se fue. Me acerqué de nuevo a donde estaba él. Olía el pastel.

—No puedo comerlo, pero sí olerlo —me dijo—. Ella es mi amiga. A veces voy a su casa en las noches para no estar solo. De noche sí puedo cruzar. He ido a mi casa, pero ya vive otra familia. ¿Me puedes decir dónde están mis papás?

—No lo sé, Miguelito. Yo no vivo aquí —le respondí.

En ese momento, la niña se acercó otra vez, con cara triste, y le dijo:

—Cuando sea grande, yo te voy a sacar de aquí.

Me agaché con ella y le pregunté:

—¿Dónde está Miguelito?

—Aquí. Está enterrado. Un señor se lo llevó hace mucho y lo dejó aquí abajo. Dice que tiene frío y está solo. Ayúdalo, por favor.

Le prometí que lo ayudaría, que ya no estaría solo.

La fiesta terminó como a las 8:30 p.m. Mi amiga se ofreció a llevarme a casa, pero me negué. Sabía que tenía que quedarme. Me senté en una banca del parque. Y de nuevo lo escuché:

—Tengo frío, quiero ir a casa. Por favor, ayúdame.

Me giré y lo vi.

—Miguelito, ¿qué pasó aquí? ¿Por qué desapareciste?

—Vine con mis papás. Una señora me ofreció una paleta y me dijo: “¿Tienes calor?”. Me la comí y me dio sueño. Desperté en una casa con muchos juguetes y más niños. Unos lloraban, otros estaban mu**tos… sin partes del cuerpo. Vi a un señor horrible, sucio, que traía un lazo. Colgó a un niño delante de mí. Grité, intenté correr, pero me agarró. Me llevó a un cuarto como el mío y me amarró a una mesa. Me dijo: “Necesito tus ojos. Lo siento”. Me los arrancó. Me metieron en una bolsa. Pensé que iba con mis papás, pero era una fiesta… cavaron un hoyo grande y me tiraron aquí.

Me hizo sentir su dolor. Sentí los golpes, su miedo, su desesperación. Lloré. Me pidió un abrazo. Le di uno. Saqué una vela del pastel, la encendí, la puse dentro de un frasquito y la enterré en la arena. Me quité el rosario y recé. Le pedí a Dios que lo recibiera en su luz, que ya no sufriera más.

Grité:

—¡Miguelito, vámonos a casa, ya es tarde!

Y él me respondió:

—Estoy listo. Mis papás me están esperando. ¡Gracias!

Vi cómo caminó hacia una luz. Me dijo adiós con su manita. Cuando volví a ver la vela, ya no había nada. Solo el rosario, colocado horizontalmente, como si me lo hubiera devuelto.

Lo recogí y escuché un susurro en mi oído:

—Gracias, señora…

Sentí su manita en mi rostro y supe que, por fin, había partido.

Ya pasaron tres meses. No lo he vuelto a ver. Paso por el parque y todo parece normal.

En marzo encontraron sus restos. También me enteré que sus padres murieron en un accidente pocos meses después de su desaparición. Tal vez por eso nunca lo buscaron más.

Ahora, por fin, están juntos.

Nadie supo nunca quién fue capaz de hacer algo tan atroz.

Esto pasó en Tijuana. Y sí… es una historia real.

Créditos a su autor.

31/05/2025

SOLO UNO SALDRÁ CON VIDA
Buenas tardes, me llamo David. Quiero compartirles una historia que me dejó intrigado, sobre todo por la persona que la está viviendo. Se trata de mi tío, se llama Andrés, tiene 50 años, vive en las faldas de una Sierra. De niño viví algunos años en ese lugar, pero desde hace mucho tiempo radico en la Ciudad; sin embargo, cada año voy de visita y en esta última ocasión me sorprendí con lo que está sucediendo.
Mi tío es una persona ruda, en todos los sentidos, cuando era joven trabajó como vaquero, sabe usar armas, sale de cacería en las madrugadas, recorre kilómetros de monte entre animales salvajes y ponzoñosos, siempre anda solo. Lo desconocí, nunca lo había visto tan reflexivo; ni siquiera los huachicoleros lograron intimidarlo. Esta ocasión hay algo que realmente lo tiene preocupado.
Me contó que hace unas semanas cuando regresaba de pescar, notó algo extraño en medio de la noche. Un perro negro estaba sentado debajo de un árbol, su tamaño no era normal, era mucho más grande, su cuerpo parecía una mancha totalmente oscura, solo sus ojos plateados resaltaban. Él ya había escuchado infinidad de historias sobre los nagüales, pero no creía en nada de eso. Pensó que podría tratarse de un lobo, evidentemente no es su habitad, pero alguien pudo haberlo llevado hasta allí y soltarlo. Sacó su arma y comenzó a avanzar despacio, para que no se notara su presencia; sin embargo, aquel animal giró su enorme cabeza y lo vio.
Mi tío se detuvo, se quedó observando fijamente aquel bulto negro, sin miedo, lo retó con la mirada. Intentó levantar el arma y disparar al aire, pero algo lo detuvo, una fuerza invisible, quedó paralizado. Dice que durante toda su vida ha visto infinidad de animales y todos son tontos, básicos, su mirada no transmite nada, su alma no es para nada compleja. Aquel perro negro es distinto, piensa, siente, es una energía negativa utilizando como envoltura la piel de un animal. El perro comenzó a avanzar despacio, sin quitarle la mirada a mi tío, lo recorrió de pies a cabeza y de alguna forma, también pudo verle el alma...hasta que desapareció en la oscuridad.
Mi tío hubiera dejado pasar las cosas, pero en los días siguientes algunas gallinas, caballos, vacas, becerros y un toro, amanecieron descuartizados, el patio de su casa estaba pintado de color rojo. También pasó con algunos vecinos, eso a mi tío eso no le importó. Él sabía perfectamente qué lo había ocasionado y no lo permitiría.
Todo esto me lo platicó mientras yo estaba de visita. En la mañana de mi último día, mi tío preparó su escopeta, su arma corta, su lámpara y su machete. Al día siguiente saldría a buscarlo en la noche. Se convenció de que solo se trata de un animal, también sangra, también le entran las balas, me dijo. Le preocupaba el hecho de que estando cerca no pudiera moverse, pero encontraría la forma de cazarlo a distancia ¡Era él o el ma***to perro! Le sugerí que consiguiera ayuda con algún especialista o con la policía. Me respondió que nadie conocía mejor la Sierra como él. La policía tardaría semanas en llegar y no podía permitir que esa cosa continuara matando animales...qué seguiría ¿Mujeres y niños?
Está tan convencido, nadie lo hará cambiar de idea. Admiré su valor y no me quedó más que desearle suerte desde lo más profundo de mi ser. Si alguien puede cazar algo así, es mi tío. Nunca lo hubiera imaginado, un ser humano en contra de un ser que parece no ser de este mundo ¿Qué pasará? ¿Tendrá oportunidad mi tío? Me aterra pensar que solo uno de los dos saldrá con vida.

15/03/2025

MICRO RELATOS

Me decían el mil amores por ser el galán número 1 en conquistar a cualquier chica; para mí nada era imposible y podía tener a la mujer que yo quería. Fui capaz de seducir chicas casadas y con compromisos, hasta llegar a robarle las mujeres a mis propios amigos; en fin eso no me importaba porque yo era el mejor.
Un día me invitaron a una fiesta a las afueras de la ciudad, era muy elegante porque la mayoría de las personas estaban de trajes finos y que podía decir de las damas; todas ellas eran demasiado hermosas. Pero había una en especial, una mujer de cabello negro, vestido de color vino que fumaba de manera muy sensual su ci******lo.
Me miró y asintió con la cabeza en el momento que levanté mi copa para insinuar si aceptaba la invitación de un trago. La charla comenzó a surgir entre nosotros dos, yo estaba tan nervioso que difícilmente podía mantener la conversación y eso me causaba mucho disgusto, ya que era la primera vez que me pasaba en una conquista y estaba quedando en ridículo.
El tiempo transcurrió de aproximadamente una hora, entonces la hermosa mujer tomó su bolso y tocando mi barbilla con sus suaves dedos me dijo ¡hasta pronto! Ella salió de la fiesta caminando de una manera que todos los caballeros le quedaban mirando hipnotizados con el sonido de sus enormes tacones, luego se fue caminando por una banqueta. Yo la seguí con mi auto y cuando la logré alcanzar le abrí la puerta como todo un caballero. Ella me sonrió y aceptó que la llevara; entonces pensé que era mi oportunidad de probar aquel exquisito cuerpo que estaba a punto de conquistar.
Pasando unos minutos encontramos una vieja cabaña, ella me miró y asintió con la cabeza. Supe que era un sí y que íbamos a estar juntos. De inmediato nos bajamos y entramos a esa casa que al parecer la puerta estaba abierta. Entonces comencé mi juego de encanto y seducción obteniendo buenos resultados; la hermosa mujer al fin se entregó a mí y yo pude saborear su exquisito cuerpo que era el más perfecto que haya conocido. Sin embargo cuando el reloj marcó las 3 de la mañana, me levanté de aquella vieja cama al baño. Entonces escuché un ruido que provenía de lo que era la cocina.
Encendí la lampara de mi móvil y me di cuenta de que era la mujer que me acompañaba. Al momento en que le pregunté ¿Qué sucede? ¿estas bien? Ella se dio la vuelta y miré que su rostro era horroroso con una enorme boca que parecía el hocico de un animal junto con unos dientes grandes y afilados. Estaba devorando un animal mu**to con tanta ansiedad que le escurría sangre de sus labios. Luego se lanzó sobre mi arrancándome un pedazo de hombro y después de mi hombro.
Caí al suelo perdiendo el conocimiento y al despertar me encontré en un cuarto oscuro atado de uno de mis pies mientras miraba cómo a diario iba devorando una parte de mi cuerpo, y hoy siento que será el día en que vea por última vez, aquel monstruoso ser que se disfraza de una hermosa mujer, para engañar a los hombres mujeriegos como lo fui yo; porque ya no queda nada por devorar de lo que resta de mi ensangrentado cuerpo.

Fin…
CREDITO: LAURA AB

15/03/2025

Hace unos 18 años, recuerdo que, al llegar a mi pueblo después de visitar a un tío, mi papá y otros conocidos, bajamos del microbús alrededor de las 11 p.m. El lugar estaba en completo silencio, con escasas luces provenientes de algunas casas cercanas.

Al pasar por una pequeña escuela primaria, se escuchaba desde hace tiempo que por esa zona rondaba un nahual. Fue entonces cuando un cerdo se cruzó en nuestro camino y, de manera sorprendente, nos atacó, o al menos intentó hacerlo.

Recuerdo que había dos señores caminando con nosotros, que estaban un poco tomados. Al ver al cerdo, se lanzaron contra él, intentando atraparlo, pero no pudieron. Después de escuchar el ruido que hacían, otros hombres salieron de sus casas para ver qué sucedía y fueron a ayudarlos.

Finalmente, entre todos lograron detenerlo y lo amarraron a un poste de luz. Dijeron que darían parte a las autoridades municipales para ver de quién era el cerdo, pero los señores que estaban tomando insistieron en que se trataba de un nahual y querían castrarlo.

Tras un rato de discusión, llegaron a un acuerdo el cual consistía en la castración al cerdo, pero asumiendo la responsabilidad de lo que sucediera si aparecía el dueño. Lo que más me llamó la atención del cerdo fue su apariencia extraña. Tenía un cuerpo largo, de gran tamaño, con la cara delgada y orejas no tan grandes. Además, era de color negro, sin pelo y sin cola. Se veía delgado para su tamaño.

Procedieron a castrarlo y lo dejaron amarrado al poste, con las patas atadas. Al día siguiente, corrió el rumor de que un señor que vivía cerca de esa zona estaba muy grave y que se esperaba su final. Del cerdo, solo se encontró un charco de sangre junto al poste, lo que nos hizo pensar que alguien lo había soltado.

El señor que estaba grave falleció antes del mediodía. Aunque no sabemos con certeza lo que ocurrió, un familiar del fallecido mencionó que había perdido la vida debido a la castración. Actualmente, esta historia es un mito en algún lugar de Chiapas.

15/03/2025

La vanidad...

Una mujer de 45 años sufre un ataque al corazón y mientras está en la mesa de operaciones tiene una experiencia cercana a la muerte.
Ve a la muerte y le pregunta si en verdad se va a morir.
La muerte le dice que no, que va a vivir 30 ó 40 años más.
Se recupera y decide aprovechar que ya está en el hospital y hacerse una liposucción en los muslos y el abdomen.
Después de 2 semanas y ya recuperada, pide un préstamo al banco para hacerse una cirugía estética.
Se levanta las bubbies, se agrega un poco de silicón en las pompas, se arregla la nariz, colageno en los labios, fuera las arrugas y las patas de gallo.
Se hace un tratamiento para las varices y celulitis, paga por adelantado 120 sesiones de masajes reductivos, se engrapa el estómago, se quita 2 costillas y realiza algunas otras artimañas posibles para rejuvenecerse...
Piensa que si va a vivir 30 o 40 años más, mejor que sea estupenda.
Cuando por fin sale del hospital tras de su última operación, cruza la calle y... Por mala suerte que la atropella una ambulancia.
Y al llegar al hospital, nuevamente se ve de frente a la muerte le pregunta:
Pero bueno! Tu me lo prometiste ! No que iba a vivir 30 o 40 años más?
Pues sí, pendeja, pero ..... ¡no te reconocí!

19/02/2025

RETRATO DE UN MATRIMONIO

Luego de seis años de matrimonio, aquel hombre ya no era feliz. Un día llegó temprano a casa.
Llevaba con él a una niña de la calle. La mujer sorprendida tomó de la mano a la pequeña. Hacía tanto que le había estado pidiendo una niña. Por eso se puso feliz. Tomó la mano de su esposo y le regaló un beso cálido y cariñoso.

Aquel era un día especial para ambos. Él le estaba demostrando que la amaba y ella debia demostrarle lo mismo. Era lo justo, según él.
La mujer tomó a la pequeña y la llevó a su cuarto. Le dio un baño, le limpió su piel.

Media hora después el hombre percibió un olor delicioso proveniente de la cocina.
No pudo contener su llanto.
Su mujer lo trataría de convencer de celebrar con ella. Entonces la vio salir de la cocina, con un vestido teñido de rojo.
El hombre se puso de pie observando todo desde un rincón de la casa. Mientras su esposa ponía la mesa, ordenaba los cubiertos, los platos y salía con la cena humeante.

Volvía a suceder lo acostumbrado. Era lo de siempre, sin embargo él tenía un plan b. Tomó su arma y apuntó a su esposa a la cabeza. Estaba harto. Era la tercera vez que ella prefería alimentarse, en vez de quedarse con la niña.

La mujer sacó sus enormes dientes al verse amenazada. Tomó un cuchillo de la mesa, y lo clavó en el pecho de su marido, y justo antes de que el puñal logre prenetrarle el corazón, alcanzó a accionar el gatillo dos veces. Ambos cayeron al suelo. La mujer había estado a punto de transformarse, sus garras y colmillos quedaron a medio camino, y el hombre apenas pudo salvarse. El cuchillo quedó clavado en su pecho, a centímetros de su corazón.
Ahora su esposa estaba mu**ta, y una niña más desaparecía de las calles.

Qué le diría a las autoridades, si él mismo se había vuelto cómplice de un monstruo. No serviría de nada decirles que fue por amor que la estuvo alimentando. Simplemente él no podría escapar de sus culpas. Abrazó entonces a la criatura mu**ta, la que antes fue su amada esposa, normal y humana.
La abrazó cada vez más fuerte, pensando en todas las muertes, hasta que el puñal se hundió totalmente, penetrando de manera mortal su corazón.

Créditos a su autor.

19/02/2025

📖 "No la leas solo" – La historia que debes compartir
No sé cómo llegaste aquí. Tal vez alguien te pasó el enlace. Tal vez viste este texto por accidente mientras navegabas. Tal vez lo encontraste en un rincón olvidado de internet.

No importa.

Lo único que importa es que ya estás aquí.

Y ahora ya es demasiado tarde.

Porque desde el momento en que empezaste a leer, ella ya te vio.

No cierres los ojos. No mires a tu alrededor. No pienses que es solo una historia.

Porque así es como empieza. Primero, te la cuentan. Luego, la crees. Después, ella te encuentra.

Y créeme… ella te va a encontrar.

Déjame explicarte cómo empezó todo.

Había una niña.

Una niña a la que le encantaban las historias de terror. No podía dormir sin escuchar una. No podía comer sin que su madre le contara sobre fantasmas, demonios y criaturas escondidas en la oscuridad.

Al principio, su madre se lo tomaba como un juego. Inventaba cuentos para asustarla y verla taparse los ojos entre risas nerviosas. Pero con el tiempo, la niña se obsesionó.

—Otra historia, mamá.
—Otra más.
—Solo una más antes de dormir.

Pero nunca era suficiente.

Las historias que su madre inventaba ya no le bastaban. Quería más miedo. Más terror. Más sangre.

Empezó a buscar historias en los libros viejos del abuelo. Historias que nadie debía leer.

Historias que no estaban escritas con tinta.

Con el tiempo, la niña cambió. Algo en ella se rompió.

Su madre lo notó.

Las ojeras. La forma en que miraba la oscuridad con una sonrisa. La manera en que escuchaba algo que no estaba ahí.

—¿Qué te pasa, hija?

—Escucho cosas, mamá.

—¿Qué cosas?

—Voces. Me cuentan historias.

Su madre intentó alejarla de los libros, pero ya era demasiado tarde.

La niña había aprendido algo que nadie debía saber.

Y quería más.

Esa noche, la madre no pudo más. Se sentó en la mesa de la cocina, con la cabeza entre las manos. No podía seguir así.

Sabía que su hija estaba… cambiando.

Sabía que no era normal que la niña se quedara despierta por las noches, escribiendo en la pared con los dedos ensangrentados.

Sabía que lo que la niña estaba escuchando no era imaginación.

Entonces tomó una decisión.

Preparó una taza de chocolate caliente.

Con una cuchara de plata, revolvió el veneno en la bebida. Y luego, la llamó.

La niña bajó las escaleras en silencio. La luz parpadeaba sobre su rostro pálido.

Se sentó frente a su madre.

—Toma, hija. Es tu favorito.

La niña tomó la taza con sus manos frías. Sonrió.

Y bebió.

Su madre la vio temblar. Vio cómo sus labios se amorataban. Vio cómo la taza caía al suelo, derramando el último sorbo de chocolate oscuro.

Vio cómo su hija se convulsionaba en el suelo.

Pero lo que más la asustó…

Fue que la niña no dejó de sonreír.

Hasta el último aliento.

Hasta que su cuerpo dejó de moverse.

La madre la enterró en un rincón olvidado del cementerio, sin lápida, sin flores, sin lágrimas. Nadie preguntó por ella.

Pero el silencio no duró mucho.

Porque la niña no se quedó mu**ta.

Esa noche, la madre escuchó un sonido en la oscuridad.

👁️ Toc, toc, toc.

Un golpeteo suave en la puerta de su cuarto.

No quería moverse.

Pero el sonido continuó.

👁️ Toc, toc, toc.

—Mamá… —susurró una voz del otro lado de la puerta—. Tengo una historia para ti.

La madre nunca volvió a ser la misma.

Al día siguiente, los vecinos la encontraron en su casa, sentada en una esquina, con los ojos abiertos y las uñas enterradas en la piel de su rostro.

Nunca volvió a hablar.

Solo repetía una frase, una y otra vez:

"No la leas sola. No la leas sola. No la leas sola".

Ahora dime algo.

¿Tú la has leído solo?

Porque si es así… ella ya te vio.

Ella ya sabe quién eres.

No intentes apagar el celular, ni la computadora. No intentes distraerte. Ella ya está en tu mente.

Esta noche, cuando sientas que algo te observa desde la oscuridad… cuando escuches un suave toc, toc, toc en la puerta de tu cuarto…

No abras.

No te muevas.

No respires fuerte.

Y, sobre todo…

No dejes de leer.

Porque si no compartes esta historia, si no se la pasas a alguien más…

Esta será la última historia que leas.

🔴 Comparte esto y pásale la maldición a alguien más. Solo así podrás dormir tranquilo.

Derechos de autor reservados a Cuauhtémoc de Jesús Domínguez Soto.
Escritor de esta historia. Si la vas a compartir, favor de dar los créditos correspondientes al autor.

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Querétaro
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