15/05/2026
La trampa del aplauso fácil en la educación 🧠⚠️
Hoy, en el , toca alejarse del romanticismo habitual y hacer una autocrítica incómoda y urgente.
Vivimos en una época que aplaude la mediocridad disfrazada de "experiencia divertida". Es un pastel tentador porque es fácil entretener en lugar de enseñar; cobrar bien con el menor esfuerzo, aligerando el rigor técnico para mantener el negocio a flote o la aceptación social asegurada.
Como recordaba Paulo Freire, la falta de ética es lo que estructuralmente se espera dentro de un sistema diseñado para la opresión. Sin una educación liberadora, la simulación es la norma. Un ejemplo en las disciplinas del movimiento es cuando ubicamos bajo el reflector a ciertos alumnos solo porque nos favorecen o alimentan nuestro ego, en lugar de basarnos en su crecimiento real. Ahí se valida el privilegio sobre el esfuerzo y se promueve que el talento y el rigor no importan tanto como el clientelismo.
El sistema se defiende desde el ego del docente: "¿Cómo es posible que mi alumno sepa o pueda más que yo?". Ante el miedo a ser expuesto, el camino fácil es controlar, bromear, sobajar o lesionar al estudiante física o mentalmente, para ocultar la propia falta de compromiso. Esta falta de ética se esconde tras sonrisas e instrucciones normales que solo buscan excluir a quienes necesitan más información o no encajan en el molde más dócil y rentable. Así, perpetuamos una pedagogía que acomoda a las personas a las lógicas del totalitarismo del Estado en lugar de transformarlo.
Educar con integridad exige "no salvarnos" como diría Benedetti no nos quedemos inmóviles al borde del camino, no congelemos el jubilo, no queramos con desgana no nos salvemos con dinero fácil o el aplauso esteril de la ley del mínimo esfuerzo. Nuestro compromiso es con el desarrollo artístico y humano, real y honesto, de cada estudiante.
A quienes eligen la congruencia y el rigor (un acto de supervivencia hoy en día donde deciden, firmemente, no salvarse): ¡Feliz día!