11/01/2026
No me voy a registrar hoy.
Y no, no es rebeldía, ni paranoia, ni porque “tenga algo que ocultar”.
Es memoria y lectura del patrón.
En México esta historia ya la vimos varias veces.
Cambian el nombre, cambian la fecha, cambian el tono…
pero el guion es el mismo.
En 2008 fue el RENAUT.
Prometieron acabar con las extorsiones.
¿Qué pasó? Base de datos filtrada, vendida en el mercado negro
y las extorsiones no bajaron.
En 2022 fue el PANAUT.
Mismo discurso, misma promesa.
La Suprema Corte lo declaró inconstitucional por violar la privacidad.
Hoy vuelve otra vez, con empaque nuevo y urgencia artificial,
como si la memoria del país durara tres semanas.
Y ojo:
el problema no es la idea en abstracto.
El problema es el país donde se quiere aplicar.
Un país donde: – las bases de datos se filtran
– nadie responde cuando eso pasa
– las sanciones siempre caen abajo, nunca arriba
– y el ciudadano paga los errores del sistema
Por eso tampoco compro el pánico.
No, mañana no van a tumbar millones de líneas.
No, el 1 de julio no se acaba el mundo.
En México, las amenazas casi siempre corren más rápido que la capacidad real de aplicarlas.
Aquí el control no entra de golpe.
Entra por cansancio.
Por repetición.
Por normalización.
Primero “no pasa nada”.
Luego “es voluntario”.
Después “es por tu seguridad”.
Y al final: “pues ya qué”.
Eso no significa dormirte.
Significa no correr antes de tiempo.
No regalar tus datos solo porque te metieron prisa.
No creer todo el cuento ni todo el alarmismo.
No actuar por miedo.
Cada quien decide qué hacer.
Yo, por ahora, observo, comparo antecedentes y pienso.
Ni histeria.
Ni obediencia automática.
Ni paranoia.
Criterio.
Porque cuando el Estado puede, no amenaza: ejecuta.
Y cuando amenaza tanto…
generalmente es porque todavía no puede.