07/09/2026
La explosión del puente Paso Grande, abril 1936, atentado que estremeció a Paso del Macho, la noche del lunes 6 de abril de 1936, en plena efervescencia política de México, ocurrió uno de los episodios más trágicos y recordados de la historia ferroviaria de la región de Paso del Macho, Veracruz: la voladura del puente conocido como Paso Grande, por donde circulaba el tren nocturno procedente del puerto de Veracruz con destino a la Ciudad de México.
De acuerdo con los relatos que durante generaciones han conservado los habitantes de Paso del Macho, aquella noche el tren de pasajeros número 6 había salido del puerto de Veracruz, aproximadamente a las 19:30 horas y avanzaba por la antigua ruta del Ferrocarril Mexicano. Después de pasar por la estación de Camarón de Tejeda, el convoy continuó su recorrido hacia las montañas, hasta aproximarse al puente de Paso Grande.
Cuando el tren se encontraba sobre el puente, una gran explosión destruyó la estructura. La carga de dinamita había sido colocada deliberadamente, y según la investigación posterior, se encontró un tendido de aproximadamente 186 metros de cable doble conectado a un detonador, lo que confirmó que no se había tratado de un accidente ferroviario, sino de un atentado cuidadosamente preparado.
La explosión provocó que la locomotora 204 y el vagón carbonero fueran lanzados contra la margen de la barranca, mientras que dos coches dormitorio, el Veracruz y el Maltrata, construidos de madera cayeron hacia el fondo del precipicio. El combustible derramado se incendió y las llamas envolvieron los restos del tren. El saldo reportado posteriormente fue de 13 personas muertas y 18 heridas.
Entre los pasajeros se encontraba un grupo de políticos, entre ellos el coronel Eduardo Hernández Cházaro y Francisco Ochoa Zamudio, quienes eran precandidatos al gobierno de Veracruz y que por cierto resultaron ilesos. La presencia de estos personajes dio al atentado una dimensión política inmediata. Las autoridades y diversos sectores políticos de la época consideraron que el ataque podía estar relacionado con las profundas luchas por el poder que atravesaba el país.
El atentado ocurrió en uno de los momentos más tensos del enfrentamiento entre el presidente Lázaro Cárdenas del Río y el antiguo hombre fuerte de la política mexicana, Plutarco Elías Calles.
Cárdenas había comenzado a desplazar de manera definitiva la influencia política del llamado Jefe Máximo de la Revolución y de sus seguidores. La situación llegó a un punto crítico durante los primeros días de abril de 1936. El Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México registra precisamente la voladura del tren, cerca de la estación de Paso del Macho como uno de los acontecimientos que precedieron inmediatamente al exilio de Calles, quien fue expulsado del país el 10 de abril de 1936.
En aquellos años también existían fuertes rivalidades entre distintas organizaciones obreras y políticas. La Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), vinculada políticamente con Luis N. Morones y con el antiguo grupo callista, había perdido buena parte de la influencia que había ejercido durante años. Posteriormente, después del atentado, fueron detenidos en Orizaba varios dirigentes de la CROM partidarios de Morones, acusados de estar relacionados con la voladura; sin embargo, estas acusaciones formaron parte de las investigaciones y conflictos políticos del momento y no deben confundirse con una prueba definitiva de que la CROM, como organización, hubiera ordenado el atentado.
También existía una fuerte disputa política alrededor de los procesos electorales y del predominio del entonces Partido Nacional Revolucionario (PNR), antecedente del actual PRI. Los acontecimientos locales de Veracruz y la región de Orizaba se encontraban inmersos en ese clima nacional de enfrentamiento entre grupos políticos.
Para los habitantes de Paso del Macho, la tragedia de Paso Grande no quedó únicamente registrada en los periódicos. Durante décadas se ha trasmitido de padres a hijos la memoria de aquella noche: el estruendo de la explosión, el incendio del tren, los gritos de los pasajeros y la conmoción que provocó la noticia entre los pobladores, existe un relato sobre un hombre que había quedado atrapado entre los fierros retorcidos del tren y que suplicaba que le dispararan antes de que las llamas lo alcanzaran para de esa manera evitar morir quemado.
La tradición oral local ha relacionado el atentado con las pugnas políticas que se vivían entonces en Veracruz y en todo México, particularmente con los enfrentamientos entre grupos vinculados al callismo y el gobierno del presidente Lázaro Cárdenas.
Esta versión adquiere especial interés porque documentos conservados por El Colegio de México muestran que desde los días posteriores al atentado diversos sectores políticos acusaron a los adversarios del gobierno de estar detrás del ataque. La prensa de aquellos días habló de una acción de carácter político y de una campaña destinada a provocar zozobra y desestabilización.
Incluso el propio Plutarco Elías Calles fue señalado públicamente como supuesto autor intelectual, acusación que él negó después de su expulsión del país.
Un acontecimiento que trascendió las fronteras, la tragedia de Paso Grande no pasó inadvertida fuera de México. La revista estadounidense Time y el diario The New York Time publicaron posteriormente una descripción del atentado y señalon que la explosión ocurrió cuando el tren atravesaba el puente. Su relato confirmó la existencia del sistema de cables conectado al detonador y el incendio de los coches que cayeron a la barranca.
Asimismo, la prensa internacional informó que se trataba de un atentado político y destacó la presencia de candidatos y personajes políticos entre los pasajeros.
Memoria de una noche trágica, la explosión del puente de Paso Grande constituye uno de esos acontecimientos en los que la historia nacional y la historia de un pueblo se encuentran.
Para México, fue un episodio ocurrido en los días decisivos que precedieron al rompimiento definitivo entre Lázaro Cárdenas y Plutarco Elías Calles.
Para Veracruz, representó uno de los atentados ferroviarios más graves de aquella época.
Y para Paso del Macho, quedó como una tragedia profundamente arraigada en la memoria colectiva: una noche en la que el ruido de una explosión quebró la tranquilidad de las llanuras Pasomachenses y dejó mu***os, heridos y una historia que todavía se recuerda muchas décadas después.
La tragedia de Paso Grande permanece así, como un testimonio de una época de profundas divisiones políticas, cuando las luchas por el poder llegaron incluso a convertir las vías del ferrocarril —símbolo del progreso y de la comunicación entre pueblos— en escenario de uno de los episodios más dramáticos de la historia regional.
Nota histórica: algunas referencias locales señalan el lunes 6 de abril de 1936; sin embargo, fuentes históricas institucionales y documentación contemporánea consultada (El Colegio de México y El Instituto Nacional de Estudios de las Revoluciones de México) registran la voladura el 5 de abril de 1936, por lo que conviene señalar ambas referencias al momento de realizar esta publicación, evitando presentar como absolutamente resuelta una discrepancia de fecha.
La reseña puede enriquecerse todavía más con los nombres de las víctimas, si ustedes conocen el nombre de algunas de las víctimas que fallecieron o resultaron heridas esa noche, pueden compartir la información para convertirla en un artículo histórico más completo sobre Paso del Macho.
Agradezco a los señores GENARO VALLEJO SOSOL y MIGUEL SEBASTIAN VARGAS BELTRAN por compartir conmigo algunos relatos, datos y documentos que hicieron posible esta investigación.
Humberto Salgado Velázquez [email protected] [email protected]