19/05/2026
Este espacio librero y virtual que parece abandonado muestra una señal de su poderosa existencia a través de sus lectoras. Una banda de mujeres reflexivas y criticas, amigas y compañeras de camino.
La evidencia: una imperdible cita semanal para leer:
4 años del Círculo de lectura LAVANDA
“Reflexionar sobre un libro, nos propuso Tatis. ¡Ay qué difícil! Yo, inmediatamente pensé, en El infinito en un junco de Irene Vallejo, la historia del libro y del pensamiento. Este ensayo, que abrió nuestro club de lectura, a mí encanta, ya lo leí y subrayé dos veces, además de consultarlo en varias ocasiones. Cuando preguntan: qué libro cambió tu vida, a mí me parece que no he encontrado algo así, pero quizás este se acerca. Creo que no hay mejor libro para abrir un club de lectura, porque su objeto (el libro) y su tema (la lectura) son el meollo de este asunto, nuestro club. Vayan nuestros aplausos y ¡urras! para la curadora y creadora de este círculo. Sí, pensé en este bello ensayo, pero después recordé otros libros, porque también me interesa la novela histórica, esas que ponen en el centro a la personaje. Así Tecuixpo, en La otra Isabel; Silvia Beach, en La librera de París; Mary Cury, en La ridícula idea de no volver a verte; Leonora Carrinton, en Leonora o María Moliner, en Hasta que empiece a brillar; son libros entrañables. Sus autoras nos condujeron a través de sus vidas inteligentes y rebeldes, vidas extraordinarias, tan destacadas como sus autoras: Laura Martínez Belli, Kerri Maher, Rosa Montero, Elenita y no menos extraordinario, aunque sí más carismático Andrés Neuman, su libro me regustó su sentido del humor tan sutil en el personaje de María. Ay, pero no podría dejar de lado Trilogía de Jon Fosse, Las muertes de Genji de Vicente Herrasti y El hombre de Arriaga, qué historias tan diferentes, y qué manera de escribir tan “erudita” y a la vez hacer de la gramática lo que quieren para llevarnos a imaginar escenas tan complejas; aquí también cabe Murakami con La ciudad y sus muros inciertos, aunque fue extremo con sus unicornios y la biblioteca de los recuerdos en una ciudad que aún pienso dónde existió.
Mención especial merece Elena Garro con Los recuerdos del porvenir, la precursora del Realismo mágico, la mayor de las vindictas y no sé cómo pude perderme La reina de las espadas de Jazmina Barrera, aquí confieso que me ganó la “falta de tiempo” y el desinterés hacia la autora en ese momento, que mala decisión tuve. Sirva este ejemplo para destacar la virtud de nuestro círculo: leemos diversidad en los autores, en los temas y en los géneros literarios y ahí está lo importante que es atender y dejarnos sorprender por las recomendaciones de estas, todas, lectoras comprometidas que nos han llevado a lecturas memorables. Y hay otro tipo de libros con los que nos hemos indignado con todo nuestro estómago. Así leímos El invencible verano de Liliana de Cristina Rivera Garza, La cabeza de mi padre de Alma Delia Murillo, La mano que cura de Lina María Parra Ochoa, La vengüenza de Annie Ernaux y Nuestra gloria, los escombros de Lucía Calderas. Hemos reconocido y condenado la violencia hacia las mujeres, hemos hablado de experiencias propias y de esas que suceden en nuestro entorno y de las que seguiremos conversando porque las escritoras insisten sobre esto, parece una condena, pero tenemos esperanza que a fuerza de repetirlo y enunciarlo tanto escritoras como lectoras, esto vaya transformándose. Seguramente me quedaron fuera más de la mitad de los libros que hemos leído en Lavanda, pero estos son los que mi memoria tiene presentes. Estos cuatro años, son años de felices lecturas porque han sido gratamente acompañadas por mujeres sabias y generosas que además de lo leído, han compartido su amistad. Las quiero lectoras lavanda”
Ludmilla Sánchez
de lectura