06/08/2026
"Isha Rishonah reina del tinto"
Ahora me quedaré con todas y cada una de las preguntas que tenía por hacerle; dudo mucho que alguna ocasión esté aquí para responder; me quedé con tanto por decirle
¿Y cómo me niego? Que sea tan grande la coincidencia de habernos encontrado en este mar de gente, entre distintos pueblos, en esta rara ciudad, en el país más surrealista, en este continente tan icónico, este planeta agonizante, de esta inmensa galaxia y este infinito universo.
Pensaba, más de lo que me gustaría admitir, que estábamos destinados a querernos después de tantos encuentros en la vida.
Que la tercera era la vencida; ahora los días están repletos de tristeza y se presenta este terrible malestar entre mi piel, mis lágrimas y mi estómago, pues el estar sin ti no sé si posee un propósito al final de todo.
Incluso creía que ella ya no estaba sola desde que me tenía y yo no había sentido tan solo en mi vida, hasta que probé su indiferencia. La adoro con el corazón en la mano y permanecía con ella por lo que soy.
De miércoles a sábado era el amor de su vida; para el domingo se comportó extraña, el lunes parecía calmarse, el martes empezó a tomar su equipaje en silencio y para el siguiente miércoles ya se había ido de aquí con una nota mal hecha para no afrontar las consecuencias de no permitirse sentir.
Y afirmaba con enjundia que yo no soy un mal muchacho, que no hay nada malo en mí, en lo absoluto; un hombre fuerte, ingenioso, intelectual, hábil con la palabra, guapo y cariñoso.
¿Pero de qué sirve el encanto? ¿De qué sirve proliferar halagos? Sí, no se le permitió quedarse y probar lo que en bandeja de plata le había preparado con antelación hace ya unos años. ¿Cómo pretendía yo que se quedara? ¿Con qué cara le rogaba que permaneciera a mi lado?
Sí, fuimos más que amigos y menos que novios, confidentes escondidos, podridos amantes y bodrios enemigos consecuentes de nuestros propios pecados.
Y no, no busco ni pretendo desmeritar todo el amor que me entregó en un par de meses; al final de cuentas, me volvía loco al verla recorrer con fiel ternura el sendero de sus labios y presenciar el roce de sus caderas con mis ásperas palmas. Me ponía en una posición comprometedora a mi intelecto: torpe, sin propósito y buscando impresionar con trucos baratos de un escritor fracasado.
Aunque fue una maravillosa aventura el volver a conocer el amor, después de todo yo no quería tenerlo de nuevo en mi vida, al menos no con una pareja que alterara de manera involuntaria los procesos de mi sistema nervioso.
Y sí, tal vez no podía sostenerte con las dos manos porque tenía una ocupada tratando de no caer al barranco de la imprudencia, de la vida escandalosa, y ella, ella no podía escalar sobre mis hombros porque no estaba segura de si mi fuerza bastara para que ella llegara a la cima o quizá le asustó que, estando arriba, no regresara por mí. Así que prefirió saltar al vacío; quizá y ojalá alguien la atrape allá abajo. Después de todo, mi único interés es verla feliz.
Ahora me encuentro aquí, a la orilla de un barranco de un horizonte desconocido, tratando de decidir si escalar por las rocas filosas del borde o soltarme para irme tras de ella. Estoy enojado con la vida, ¿por qué no nos dio un paracaídas antes de juntarnos?
Y no es difícil amarla, no era necesaria su huida de mi vida; a veces pienso que ya está en el suelo escondida detrás de un árbol observando qué hago, tal vez queriendo volver, pero no sabe cómo o con el temor aún haciéndole temblar sus manos y acelerando su corazón.
Así que, ¿con qué me quedo? Sus fotografías almacenadas de forma segura para abrir mis heridas y tratar de coserlas con cuidado, por si un día vuelve, no me duela más, porque por instantes creo poder con todo, creo ser lo que ella necesita, pero no quiere ver, o solo soy yo entrando en abstinencia por la adicción que me generaron sus abrazos, calmando toda la tormenta mental que me acojona la vida.
Sigo aquí, esperando, con miedo a avanzar, con una venda en los ojos y con la brújula del corazón averiada por el momento, buscando una estrella que contiene su nombre a ver si me guía en esta irreversible oscuridad que acompleja mi alma. Mientras bebo tinto en espera de recordar el sabor de sus labios…
-K. Ivan.