23/09/2026
Este es el Relato 😳 LA MUCHACHA DEL VESTIDO BLANCO QUE NUNCA LLEGA
¿Ven esta foto? Esta fila de gente subiendo con sombrillas, con el solazo. Parece normal, ¿verdad? Gente que va a la Guelaguetza, al Auditorio.
Pues fíjense bien en la muchacha de vestido blanco. La de la espalda descubierta. ¿La ven? La que va al lado del señor de camisa blanca.
Mi abuelo que era taxista aquí en el centro, me decía: "Mijo, si ves a una muchacha de blanco subiendo sola al Fortín, no la mires mucho. Esa muchacha lleva años subiendo".
Les cuento.
Hace como unos 15 años, aquí en esta misma curva, donde está esa división amarilla con negro, hubo un accidente bien feo. Un taxi amarillo, como ese que se ve al fondo de la foto, venía bajando del Fortín bien recio. Y venía una muchacha caminando, iba a vender sus bordados al Auditorio. Venía con su vestido blanco, nuevo, que había estrenado para la fiesta.
El taxi la atropelló aquí merito. Justo en esta orilla donde va caminando toda la gente.
Dicen que la muchacha no murió luego luego. Quedó tirada en el asfalto, con su vestido blanco manchado, viendo hacia arriba, hacia el Auditorio. Hacia donde nunca llegó. Y lo último que dijo fue: "Ya casi llego..."
Desde entonces, la gente que sube caminando por aquí, siempre la ve.
Siempre es la misma. Vestido blanco largo, cabello negro, y nunca trae sombrilla aunque el sol esté a todo lo que da. Y siempre va al lado de un señor de camisa blanca, como pidiéndole ayuda.
Los que la han visto dicen que va caminando normal, pero no avanza. Tú la rebasas, caminas y caminas, y cuando volteas, ella sigue ahí, a la misma altura que tú. Como si caminara pero no avanzara. Como si estuviera atorada en el mismo pedazo de carretera para siempre.
Un amigo que trabaja de viene ahí en el Auditorio me contó que una vez se le acercó y le dijo: "¿Te ayudo? ¿Vas para arriba?"
Y que la muchacha lo volteó a ver. Y tenía los ojos llenos de lágrimas, pero no lloraba. Y le dijo bien bajito: "Es que no puedo llegar. Ya llevo años caminando y no puedo llegar. ¿Me llevas?"
Mi amigo se asustó y le dijo: "Sí, vente". Y le quiso agarrar la mano para ayudarla a subir a la banqueta.
Y cuando le agarró la mano... la mano estaba bien fría. Pero fría como hielo. Y el vestido, que de lejos se veía blanco y limpio, de cerca estaba todo lleno de tierra y de sangre seca.
Mi amigo la soltó y salió corriendo. Cuando volteó, ya no había nadie. Pero en el piso, donde ella estaba parada, había quedado la marca de unos pies descalzos, mojados, aunque no había llovido y el asfalto estaba hirviendo del sol.
Por eso, si algún día les toca subir por aquí a pie, con su sombrilla, y ven a una muchacha de vestido blanco que no suda, que no habla con nadie...
No le ofrezcan ayuda.
No la toquen.
Solo sigan caminando y recen algo.
Porque si la ayudas a llegar hasta arriba, hasta el Auditorio...
Ella sí llega. Pero tú te quedas en su lugar. Caminando. Con el vestido blanco. Esperando que alguien más te ayude a llegar.
Y nunca llegas.
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