15/05/2026
A inicios del siglo XX, el arte marionetista y las empresas titiriteras experimentaron un crecimiento paulatino. Entre las compañías más reconocidas destacó la de los Rosete Aranda, que alcanzó su mayor esplendor en dicho periodo; su éxito abrió paso a otras familias de marionetistas, como la de los hermanos Lemus. Su historia inició con Samuel Lemus Elías, originario de Zinapécuaro, Michoacán, quien comenzó su carrera como tallista de marionetas en la empresa de Carlos Espinak, dueño de la patente de los Títeres Aranda. Samuel se dedicaba a la elaboración de extremidades y rostros de las figuras, labor que fue posible por su experiencia previa en la escultura de imágenes religiosas y el trabajo en madera.
Tras estas experiencias, en la década de 1930, Samuel decidió emprender por su propia cuenta al hacer sus marionetas y tener su espectáculo de títeres en una carpa itinerante, una actividad que le permitió subsistir. Él llevaba su carpa de feria en feria, en ocasiones, ocupaba un b***o para llevar las cosas. En estas funciones, había shows de marionetas, breves actos cómicos o representaciones teatrales de diverso contenido dedicados a los sectores populares. Esta tradición pasó a manos de su hijo Rafael Lemus Palmeño, quien continuó el oficio de marionetista al frente de la Compañía Marionetas Lemus. Más adelante, junto con sus propios hijos, mantuvo vivo el interés por la creación y manipulación de marionetas, convirtiéndose en referentes en este ámbito.
Fuente e imagen: Denisse Jazmín Colin Torres, “¡Una tradición viva!: el arte marionetista a través de la familia Lemus en el siglo XX mexicano”, tesis de licenciatura en Historia, México, FES Acatlán-UNAM, 2025.