Relatos Nocturnos del Valle De Morelia

Relatos Nocturnos del Valle De Morelia Este es un espacio dedicado a compartir historias reales, leyendas y anécdotas que habitan en lo explicable.

Buscamos fomentar la lectura,rescatar tradiciones y descubrir lugares ocultos.

“La sombra de la calle Amado Nervo”Por:  Rafael GuzmánGracias por tu aporte. En el Centro Histórico de Morelia existen c...
11/09/2026

“La sombra de la calle Amado Nervo”
Por: Rafael Guzmán

Gracias por tu aporte.

En el Centro Histórico de Morelia existen casas que han visto pasar generaciones enteras. Muros antiguos, calles estrechas y rincones que, cuando cae la noche, parecen guardar historias que pocas veces se cuentan.

Una de esas historias ocurrió sobre la calle Amado Nervo, poco antes de llegar a la calle 5 de Febrero.

Mi papá era apenas un niño. Tendría alrededor de seis años. En aquella época las noches del centro eran muy distintas: había menos iluminación, poco tránsito y algunos faroles apenas alcanzaban a romper la oscuridad de las calles.

Esa noche, mis abuelos tenían una reunión familiar en casa. Mientras los adultos platicaban en el interior, mi papá y uno de sus primos jugaban afuera, despreocupados, como cualquier par de niños de su edad.

De pronto, algo llamó su atención.

A lo lejos comenzó a escucharse el golpeteo de unos cascos.

Parecía un caballo avanzando por la calle.

El sonido se hizo cada vez más fuerte.

Tac… tac… tac…

Los niños dejaron de jugar y voltearon esperando ver aparecer al animal.

Pero no había ningún caballo.

Entre la poca luz de la calle, lo único que alcanzaron a distinguir fue una enorme sombra que se acercaba hacia ellos.

Mi papá recuerda que aquella figura era demasiado grande. No podía verle el rostro, ni distinguir con claridad su cuerpo. Sin embargo, cuando la sombra se proyectó contra una pared, alcanzó a notar algo que jamás olvidó.

Parecía tener unos grandes cuernos, retorcidos hacia atrás.

Antes de que pudieran correr, la figura ya estaba prácticamente sobre ellos.

Entonces mi papá sintió un fuerte jalón en el cabello.

Su primo también.

Aquello los había sujetado.

Sin poder ver manos, rostro o cuerpo alguno, los dos niños comenzaron a ser arrastrados por la calle.

Mi papá cuenta que trataban de defenderse como podían. Golpeaban al aire, pataleaban, forcejeaban, pero no lograban ver qué era aquello que los llevaba sujetos del cabello.

Solo sentían la fuerza.

Y el dolor.

Fueron arrastrados varios metros, aproximadamente media cuadra, en dirección hacia la calle 5 de Febrero.

Hasta que, de alguna manera, lograron soltarse.

No pensaron en otra cosa.

Corrieron.

Regresaron desesperados a la casa y, apenas pudieron hablar, contaron que algo los había agarrado y arrastrado por la calle.

Mi abuelo y los demás adultos salieron inmediatamente.

Revisaron afuera.

Buscaron por la calle.

Pero no había nadie.

Ni caballo.

Ni jinete.

Ni persona alguna.

Lo más extraño fue que ninguno de los adultos había escuchado aquel galope.

Solamente los dos niños.

Mi papá recuerda que durante los siguientes dos días le dolió intensamente el cuero cabelludo, justo en el lugar donde había sentido que aquella presencia lo sujetó.

Después de aquella noche, nada volvió a suceder.

Pero el recuerdo permaneció.

Hoy la calle Amado Nervo es muy distinta. Hay luces, vehículos, semáforos y movimiento constante. Sin embargo, las viejas casas siguen ahí, observando el paso del tiempo.

Y entre esas paredes antiguas quedó la memoria de una noche en la que dos niños escucharon acercarse un caballo que nadie más pudo oír…

y vieron una sombra que nunca pudieron explicar…

Experiencias en la Presa de Cointzio Enviado por: Rafael Guzmán. Gracias por tu aportación. La primera de estas experien...
11/09/2026

Experiencias en la Presa de Cointzio
Enviado por: Rafael Guzmán.

Gracias por tu aportación.

La primera de estas experiencias no me ocurrió directamente a mí, sino a mis padres cuando eran jóvenes.

En aquellos años acostumbraban ir con varios amigos a convivir a la presa. Se reunían para pasar el rato, tomar algo, hacer carne asada y disfrutar del lugar.

En una ocasión, cuando ya eran aproximadamente las ocho de la noche, se encontraban reunidos cerca de una fogata, en la zona del Ecológico. Algunos estaban sentados sobre un tronco que había en el lugar.

De repente, una de las muchachas comenzó a comportarse de una manera extraña. Sus ojos empezaron a irse hacia atrás, hasta quedar prácticamente en blanco, y posteriormente cayó del lugar donde estaba sentada.

En ese momento comenzó a decir muchas groserías y majaderías, mientras se comportaba de una forma completamente fuera de lo normal.

Lo más extraño fue que, estando acostada en el suelo, comenzó a girar y a rodar en dirección hacia la presa, acercándose cada vez más al agua.

Sus amigos intentaron detenerla. Según contaban mis padres, eran aproximadamente cinco hombres tratando de sujetarla, pero aun así les resultaba muy difícil contenerla por la fuerza que tenía en ese momento.

Mientras la sujetaban, la joven continuaba hablando de una manera extraña, con una voz que quienes estuvieron presentes describían como algo parecido a una voz demoníaca.

La muchacha continuó avanzando hasta llegar prácticamente al agua e incluso alcanzó a meterse un poco.

Finalmente, entre todos consiguieron sacarla y decidieron retirarse inmediatamente del lugar.

La llevaron a casa de una amiga, donde se quedó a dormir aquella noche.

Sin embargo, lo ocurrido no terminó ahí.

La amiga que la recibió en su casa contó que la muchacha se quedó dormida en la sala, mientras ella se fue a su habitación. Durante la noche se levantó para ir al baño y, al pasar cerca de donde se encontraba su amiga, observó algo que le pareció muy extraño.

Según relató, alrededor de la cabeza de la joven parecían girar unas pequeñas esferas.

Después de aquella experiencia nunca supieron exactamente qué había ocurrido ni qué fue lo que provocó aquella reacción.

No podían asegurar si se había tratado de algún problema físico, de una crisis o de algo relacionado con algún ente o una posible posesión.

Lo único que quedó fue el recuerdo de aquella noche y la experiencia de quienes estuvieron presentes….

-Una segunda experiencia

Muchos años después vivimos otra situación extraña en ese mismo entorno, pero esta vez yo sí estaba presente.

Yo tendría aproximadamente trece años y mi hermana alrededor de ocho.

Como vivíamos en Morelia y la presa nos quedaba relativamente cerca, en una ocasión fuimos mis papás, mi hermana y yo a pasar el día.

No entramos directamente a la zona donde cobraban en el ecológico. Nos quedamos en otra parte cercana al camino que conduce hacia la compuerta, por el lado donde se encuentra el sendero entre los árboles y la ciclovía.

Los cuatro estábamos sentados juntos, comiendo tranquilamente.

De repente comenzamos a escuchar, detrás de nosotros, el sonido de un perro.

No era exactamente un ladrido.

Se escuchaba como un perro jadeando o gimiendo, parecido al sonido que hacen cuando están muy cansados después de correr.

Por la intensidad del sonido parecía tratarse de un perro bastante grande.

Mi papá, mi hermana y yo lo escuchamos claramente.

Los tres volteamos hacia atrás casi al mismo tiempo.

Pero no había absolutamente nada.

No había ningún perro, ni grande ni pequeño. Tampoco había personas cerca de nosotros.

Nos miramos entre los tres y prácticamente al mismo tiempo preguntamos:

—¿Lo escuchaste?

Los tres habíamos escuchado lo mismo.

Lo extraño fue que mi mamá estaba sentada junto a nosotros y ella no escuchó absolutamente nada.

Aquello nos inquietó y decidimos que lo mejor era retirarnos del lugar.

Hasta la fecha nunca hemos sabido qué produjo aquel sonido ni por qué solamente tres de nosotros pudimos escucharlo…

-Otras cosas observadas en el lugar

Entre los años 2021, 2022 y 2023 frecuenté mucho la presa debido a que me aficioné bastante a la pesca.

Hubo temporadas en las que prácticamente iba cada semana e incluso algunas veces entre semana.

Durante esas visitas también llegué a observar algunas cosas de las que otras personas habían hablado.

En varias ocasiones llegué a ver ropa colocada o abandonada entre los árboles.

También observé cruces en diferentes puntos.

Incluso llegué a tomar fotografías de algunas de ellas, aunque desgraciadamente esas imágenes se perdieron cuando se dañó el teléfono celular donde las tenía guardadas.

En otra ocasión encontré lo que parecía ser un animal pequeño, aproximadamente del tamaño de un perro chihuahua.

Lo extraño era que aparentemente no tenía piel, como si hubiera sido completamente pelado.

Nunca pude saber exactamente qué había ocurrido con aquel animal.

Estas son las experiencias más fuertes relacionadas con ese lugar que existen dentro de mi familia.

Algunas fueron vividas por mis padres cuando eran jóvenes y otras las vivimos nosotros años después.

No puedo afirmar qué explicación tengan cada una de ellas.

Simplemente son experiencias que ocurrieron, que fueron presenciadas por varias personas y que, con el paso de los años, continúan siendo parte de los recuerdos y relatos de nuestra familia.

11/09/2026

Muchos relatos e historias rodean un lugar conocido como la Poza de las Calaveras, ubicado en la colonia Pablo Galeana, detrás de Las Galeras, en la Tenencia Morelos.

Agradezco profundamente a los amigos que se tomaron la molestia de adentrarse por una parte del camino para llegar hasta este sitio. Debido a la temporada de lluvias, la abundante maleza convierte el trayecto en una verdadera jungla, lo que dificultó continuar la exploración.

Desafortunadamente, no fue posible localizar la cueva de la que tanto se habla ni los supuestos vestigios de bruj3r14 que, según diversos testimonios, se encuentran en su interior. Sin embargo, este video queda como evidencia y memoria de un lugar lleno de misterio.

EL ANTIGUO CAMPOSANTO DE TOMATÁNAunque hasta el momento no se conoce con exactitud la fecha en que fue fundado, este ant...
11/09/2026

EL ANTIGUO CAMPOSANTO DE TOMATÁN

Aunque hasta el momento no se conoce con exactitud la fecha en que fue fundado, este antiguo camposanto tiene sus orígenes en la época en que el pueblo todavía se llamaba Tomatán. Por esa razón, considero que no debemos referirnos a él como el panteón viejo de Buenavista, pues Buenavista todavía no existía con ese nombre ni en el lugar donde se encuentra actualmente.

Cuando los habitantes abandonaron el antiguo asentamiento de Tomatàn y trasladaron el pueblo hacia la parte norte (donde hoy se localiza el centro histórico, conocido por muchos como el Buenavista viejo) el panteón continuó prestando servicio durante varios años.

En este lugar estuvieron sepultados los restos de numerosos habitantes de aquella época. Se afirma que ahí descansó doña Crispina González, cuyo nombre lleva actualmente el colegio católico de la cabecera municipal. También existió una de las tumbas más llamativas, perteneciente a un general. Algunas personas aseguran que incluso estuvo sepultado un conde; sin embargo, yo nunca vi esa tumba y, por lo tanto, no puedo afirmarlo.

De lo que sí puedo dar testimonio es de que varias personas que conozco todavía recuerdan que algunos de sus familiares fueron sepultados ahí. Esto demuestra que el camposanto siguió funcionando aun después de que la población ya se había establecido en el lugar que hoy conocemos como Buenavista.

Para trasladar a un difunto desde el Buenavista viejo hasta la parte baja, donde antiguamente se encontraba Tomatán, el féretro era llevado sobre los hombros de familiares y acompañantes. En aquel tiempo no existían servicios funerarios ni carrozas. Sobre el camino había grandes piedras colocadas especialmente para que quienes cargaban el ataúd pudieran apoyarlo y descansar durante algunos momentos antes de continuar su recorrido.

Desgraciadamente, con el paso de los años, este histórico lugar fue víctima del abandono, el vandalismo y la ambición de algunas personas. Muchas tumbas fueron destruidas o saqueadas e, incluso, se extrajo tierra del mismo terreno.

Quienes lo conocimos durante nuestra infancia sabemos que sus dimensiones eran mucho mayores. Había tumbas por numerosos lugares y el terreno estaba prácticamente lleno, pues durante mucho tiempo fue el único camposanto de la población. El panteón que actualmente se encuentra a la salida hacia Tepalcatepec fue construido mucho tiempo después.

Misteriosamente, la extensión del antiguo panteón comenzó a reducirse poco a poco. Muchos habitantes conocen la historia y saben quiénes fueron responsables de que una parte importante de este espacio desapareciera.

Las fotografías que hoy comparto dejan constancia de lo poco que permanece en pie. Para muchos de nosotros, este lugar también forma parte de nuestros recuerdos de infancia: lo explorábamos caminando o en bicicleta, escuchábamos historias y observábamos sus antiguas tumbas. En aquellos años no era considerado un sitio peligroso ni frecuentado por maleantes; cualquier persona podía visitarlo, conocerlo y descubrir una parte de nuestra historia.

Aquel lugar no fue solamente un panteón. Formó parte del antiguo pueblo de Tomatán donde también existieron viviendas, fincas y otras construcciones que desaparecieron con el paso del tiempo.

Comparto estas fotografías para que permanezcan como testimonio y antecedente de lo que alguna vez existió. Son imágenes de los últimos vestigios de aquel antiguo camposanto y de un pueblo que poco a poco se ha ido perdiendo.

No se trata únicamente del Buenavista viejo. Se trata del antiguo Tomatán: el pueblo de nuestros antepasados, del cual hoy solamente quedan algunas ruinas, fotografías, historias y recuerdos.

Mucho se cuenta sobre el misterio que rodea a la presa de Cointzio… y vaya que lo tiene…Desde hace años circulan histori...
11/09/2026

Mucho se cuenta sobre el misterio que rodea a la presa de Cointzio… y vaya que lo tiene…

Desde hace años circulan historias acerca de unas voces infantiles que, supuestamente, se escuchan cerca de la cortina y las compuertas cuando el nivel del agua representa algún peligro. También existen relatos sobre personas que recorren sus orillas, veredas y montes, y terminan encontrándose con objetos extraños o presenciando situaciones difíciles de explicar.

Actualmente, visitar algunos puntos de la presa puede causar cierta inquietud, no solamente por estas historias, sino también porque son lugares apartados y poco transitados.

A mí me gusta caminar por las brechas y conocer rincones alejados. Es uno de mis pasatiempos. Casi siempre voy acompañado de mi perro, un pastor alemán entrado en años, pero todavía fiel y servicial. Su compañía me da tranquilidad, pues sé que puede advertirme cuando algo no anda bien.

Mucho se dice que algunos animales perciben cosas que nosotros no alcanzamos a notar. No sé si sea verdad, pero una experiencia que viví me dejó pensando.

En una ocasión fuimos a un sitio conocido como El Corral de los Toros para tomar fotografías. De pronto, mi perro se quedó inmóvil frente a un árbol, como si observara algo oculto entre sus ramas. Se acercaba, arañaba el tronco y ladraba insistentemente mientras miraba hacia arriba. Yo revisé con atención, pero no conseguí distinguir nada.

Le hablé varias veces, pero se negaba a apartarse. Después corrió hacia otro árbol, luego hacia uno más y continuó así hasta que llegamos a un sitio donde había varias prendas de mujer colocadas entre las ramas: una blusa, un pantalón y algunas piezas de uso personal.

Lo verdaderamente extraño era la altura a la que se encontraban. No parecía sencillo que alguien hubiera podido subir hasta ahí para colocarlas.

Me acerqué, sujeté a mi perro con la correa y, justo cuando intentaba alejarlo, escuché una risa.

Era la voz de una mujer, pero no parecía una risa común. Sonaba lejana, profunda y antigua, como si proviniera de una persona de edad avanzada. Aquel sonido me erizó la piel y, sin detenerme a investigar de dónde venía, me alejé rápidamente junto con mi perro.

Hasta el día de hoy no sé qué ocurrió, qué percibió mi compañero entre aquellos árboles ni de dónde salió aquella inquietante risa.

Todavía recuerdo perfectamente dónde se encuentra ese árbol. Cuando regreso a caminar por la zona, procuro rodearlo o pasar lo más lejos posible.

Eso sí: nunca vuelvo sin la compañía de mi viejo guardián.

LOS HÚNGAROS(Sucedió en Morelia) Hubo una época de mi niñez en la que era muy común escuchar hablar de los llamados “hún...
11/09/2026

LOS HÚNGAROS
(Sucedió en Morelia)

Hubo una época de mi niñez en la que era muy común escuchar hablar de los llamados “húngaros”. Se decía que viajaban de un lugar a otro instalando sus carpas, leyendo la mano y revelando la suerte. También corría el rumor de que robaban niños, aunque nunca supe si aquello era verdad o solamente una historia utilizada para asustarnos.

Lo que sí puedo asegurar es que llegué a conocerlos.

Cerca de mi casa, a escasos 200 metros, encontraron un terreno donde instalaron su campamento. Llevaban una pequeña carpa que parecía una mezcla entre circo y teatro de comedia, como los que todavía existían en aquellos años.

Las mujeres vestían largas faldas adornadas con piedras y piezas metálicas que sonaban al caminar. Se cubrían la cabeza con pañuelos llenos de colgantes. Los hombres tenían barbas abundantes y llevaban el cabello largo, amarrado en una coleta. Algo que llamaba mucho la atención era que entre ellos no había niños ni adolescentes; solamente personas adultas.

Al principio solicitaron permiso a los vecinos para quedarse una noche. Sin embargo, aquella noche terminó convirtiéndose en casi un mes.

Durante su estancia comenzaron a registrarse robos en la colonia. Además, algunos integrantes del campamento se bañaban al aire libre, situación que terminó por incomodar a los habitantes. Cansados de lo que estaba ocurriendo, los vecinos pidieron la intervención de la fuerza pública y del entonces encargado del orden para desalojarlos.

Antes de marcharse, una de aquellas mujeres confrontó a los colonos. Mi madre todavía recuerda perfectamente lo sucedido: la mujer sacó de una bolsa un extraño polvo, lo arrojó hacia ellos y lanzó una maldición contra todos los que habían participado en su expulsión.

A partir de esa noche comenzó el in****no.

Por las calles se escuchaban cadenas arrastrándose, el galopar de un caballo durante la madrugada, gritos y llantos que parecían surgir de la oscuridad. Los vecinos comenzaron a vivir aterrorizados. Algunos llegaron a sentirse desesperados, alterados y al borde de la locura.

Las manifestaciones más intensas ocurrieron precisamente en las casas de quienes se habían atrevido a confrontar al grupo.

La situación llegó a tal extremo que solicitaron la ayuda del sacerdote de la colonia. Después de recorrer el lugar, el religioso afirmó que algo maligno había quedado impregnado tanto en el terreno como en algunos de sus habitantes. Se celebró una misa, se realizó una purificación y, según cuentan, también fue necesario practicar un exorcismo.

En el sitio donde estuvo aquel campamento se levantó una cruz de piedra, la cual permanece hasta nuestros días.

Cada año, durante la celebración de la Santa Cruz, los vecinos llevan flores, ofrecen una misa y comparten alimentos en memoria de aquel extraño acontecimiento ocurrido en Morelia entre 1990 y el año 2000.

No revelaré el nombre de la colonia. Saquen sus propias conclusiones, investiguen y pregunten entre los habitantes más antiguos. Quizá alguien pueda decirles dónde se encuentra aquella cruz.

Pero, como dicen quienes vivieron aquellos días:

De que pasó, pasó… y de que aquel suceso ocurrió, ocurrió.

LA MUJER DE LA AVENIDA AMALIA SOLÓRZANOLa avenida Amalia Solórzano conecta la Tenencia Morelos con Amalia Solórzano II y...
11/09/2026

LA MUJER DE LA AVENIDA AMALIA SOLÓRZANO

La avenida Amalia Solórzano conecta la Tenencia Morelos con Amalia Solórzano II y, a su vez, con Altozano. Es una vialidad relativamente nueva, pues hasta hace algunos años aquella zona no era más que cerro, monte y caminos de terracería.

Desde su apertura han ocurrido varios accidentes, principalmente porque algunos conductores la utilizan como pista de carreras.

Yo transito con frecuencia por ahí en bicicleta. Suelo hacer alrededor de 45 minutos desde Altozano hasta la Tenencia Morelos, ya que pedaleo con calma y algunas veces me detengo a descansar.

Una tarde, mientras regresaba de Altozano, pasé la desviación hacia Atecuaro y entré en el tramo nuevo de la avenida. De pronto comencé a sentir algo extraño más adelante, el ambiente se volvió pesado y tuve la inquietante sensación de que algo no estaba bien.

Entonces la vi.

Cerca del letrero que señala una de las brechas, del lado derecho del camino, se encontraba una mujer. Su vestimenta no parecía de nuestra época; llevaba prendas viejas y desgastadas, semejantes a trapos.

Al pasar frente a ella, nuestras miradas se encontraron. Tenía una expresión fría y perturbadora, de esas que te hielan la sangre, te erizan la piel y te hacen sentir un miedo imposible de explicar.

Continué pedaleando, pero algo me obligó a mirar hacia atrás. La mujer permanecía completamente inmóvil. No había dado un solo paso; únicamente había girado la cabeza y continuaba observándome fijamente.

Sentí que algo no estaba bien y aceleré.

Unos metros más adelante volví a mirar… pero ya no estaba. Había desaparecido. En aquel lugar no había casas ni algún sitio cercano donde pudiera haberse ocultado con tanta rapidez.

Con el miedo encima, seguí pedaleando hasta llegar al ENEF. Aunque ahí tampoco hay mucha iluminación, decidí detenerme un momento, bajarme de la bicicleta y beber un poco de agua.

Fue entonces cuando aquella sensación regresó.

El ambiente volvió a sentirse pesado y, por alguna razón, pensé que la mujer aparecería nuevamente. Sin detenerme a comprobarlo, subí a la bicicleta y pedaleé lo más rápido que pude hasta llegar a mi casa, en la colonia Emiliano Zapata.

Hasta hoy no sé quién —o qué— era aquella mujer. Lo único que puedo asegurar es que la vi, nuestras miradas se cruzaron y después desapareció.

Quizá esa nueva avenida atraviesa antiguos caminos que todavía guardan secretos. Tal vez aquella mujer perteneció a otro tiempo… o, sencillamente, ya no pertenecía a este mundo.

LA MUJER QUE VIAJABA EN EL ASIENTO TRASERO(Sucedió en Morelia)Esto me ocurrió el año pasado, precisamente en vísperas de...
11/09/2026

LA MUJER QUE VIAJABA EN EL ASIENTO TRASERO
(Sucedió en Morelia)

Esto me ocurrió el año pasado, precisamente en vísperas del Día de Mu***os.

Esa noche fui con uno de mis sobrinos a la Casa Natal de Morelos, donde se presentó una exhibición del Xantolo, con altares, música y danzas tradicionales. Cuando terminó el evento, pedí un DiDi para regresar a mi casa, en la Tenencia Morelos.

La aplicación indicaba que el conductor llegaría por la calle Corregidora, pero el tráfico estaba prácticamente detenido. Por eso decidimos caminar hasta la calle García Obeso, para que el automóvil pudiera salir con mayor facilidad hacia la avenida.

Mientras esperábamos, vimos acercarse el vehículo: un Mirage azul. Faltaban unos cuatro automóviles para que diera vuelta cuando noté algo extraño. En el asiento trasero viajaba una mujer.

Me molesté, pues pensé que podía ser una familiar del conductor o alguna pasajera de un viaje anterior. Incluso consideré reportarlo, ya que desconocía si aquello estaba permitido por las políticas de la plataforma.

Sin embargo, cuando el automóvil dio vuelta y se detuvo frente a nosotros, la mujer ya no estaba.

Yo subí en el asiento delantero y mi sobrino se sentó atrás. Ambos permanecimos callados porque los dos habíamos visto claramente a aquella mujer dentro del vehículo.

Cuando circulábamos por la Calzada Juárez, no pude contener la curiosidad y le pregunté al conductor:

—Oye, amigo, cuando venías llegando vimos a una mujer sentada en la parte trasera, pero ahora no hay nadie. Incluso pensé en reportarte porque creí que llevabas a otra pasajera.

El conductor se quedó serio y después respondió:

—¿Sabes qué, amigo? No eres el primero que me lo dice. No entiendo qué está pasando.

Sus palabras me dejaron pensativo. Minutos después le pregunté si el automóvil era suyo o rentado.

—Es mío —respondió—. Se lo compré a una aseguradora y me salió muy barato: setenta mil pesos.

Entonces le comenté que, probablemente, el vehículo había estado involucrado en un accidente y le recomendé investigar sus antecedentes. Antes de despedirnos, le dejé mi número telefónico por si llegaba a descubrir algo.

Poco tiempo después recibí un mensaje suyo.

Había localizado a la persona que le vendió el automóvil y esta le confirmó que, efectivamente, había sufrido un fuerte accidente. En el asiento trasero murió una mujer. Al momento del impacto, su cuerpo salió violentamente hacia adelante y se fracturó el cuello.

Pero lo más escalofriante ocurrió después.

El conductor me contó que, dos días más tarde, él y su esposa vieron la figura de una mujer cerca de la cochera de su casa. Después de aquello decidieron poner el automóvil en venta para evitar más problemas.

A veces, los conductores de plataformas como DiDi o Uber desconocen por completo la historia de las unidades que manejan. En ellas suben y bajan muchas personas, algunas con buenas energías y otras con malas intenciones. Sin embargo, quizá también existen vehículos que conservan algo de quienes viajaron en ellos por última vez.

Les comparto este relato esperando que sea de su agrado.

Buenas noches.

Relato anónimo.

Próximamente…
10/09/2026

Próximamente…

¿Sabías que en el Panteón Municipal de Morelia se encuentra una tumba relacionada con Pedro Infante?De acuerdo con testi...
10/09/2026

¿Sabías que en el Panteón Municipal de Morelia se encuentra una tumba relacionada con Pedro Infante?

De acuerdo con testimonios familiares e investigaciones locales, ahí descansan los restos de don Domingo Cruz Acosta, padre de María del Refugio Cruz Aranda y, por lo tanto, abuelo materno del “Ídolo de Guamúchil”.

La antigua sepultura permanece casi olvidada y sin una inscripción claramente visible. este hallazgo representa un vínculo poco conocido entre Morelia y uno de los artistas más queridos de México.

Una historia que merece investigarse, documentarse y conservarse.

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