22/03/2026
Papel
No vengo a este papel para alcanzar fama y fortuna, ni para que la inmortalidad llame a mi puerta convencida, ni porque mis pensamientos importen más que los tuyos, ni para comprender por qué soy un genio o un desastre.
No vengo a este papel para relamerme el ego,
ni para fascinar a mujeres con mis ocurrencias, ni porque el mundo merezca comprimirse en mi pluma o mi teclado, ni para excitarme haciéndome fotos o firmando autógrafos.
No vengo a este papel para que mamá se sienta orgullosa, ni para que me inviten a bares malditos y afters,
ni para que profesores incluyan en sus lecciones mis creaciones, ni porque ahora esté de moda que un chico común publique su libro.
No vengo a este papel para que perdonen mis excentricidades, tampoco para que me envidien o me adoren,
ni para escapar de horarios, jefes o horarios de trabajo, ni porque necesite una limosna o una propina para comer.
Vengo a este papel porque es aquí —y no en ningún otro rincón— donde escondo mis miserias y mis contenciones flotantes;
porque festejo los latidos de cada año en otro colchón, y aquí vengo a bucear bajo mis lágrimas más sulfúricas.
Vengo a este papel porque mi ventana está abierta de par en par y por ella entran obedientes piedras que hacen demasiado daño;
porque si no puedo amar ni en mis sueños más dulces, solo me queda escribir mis pesadillas más astilladas.
Vengo a este papel porque mis palabras fracturadas y derretidas abarcan más vida que mis ojos enfocados y mis brazos alargados;
porque aquí pienso bien y ahí fuera obro mal;
porque aquí soy infinito y ahí fuera, medio id**ta.
Vengo a este papel porque, a pesar de los desengaños, a pesar del dolor, de la ausencia y la injusticia, a pesar del miedo, de la barbaridad y del caos, a pesar de todo eso… supongo que estoy enamorado de la vida, y esta es la mejor forma que conozco de demostrárselo.
Akira Sashida.