09/11/2020
La primera vez que nos presentamos íbamos bien emocionados. Habíamos preparado un show para domo que, les prometo, erizaba la piel. Ese sábado, después de hacer el soundcheck, salimos a caminar y nos detuvimos al ver la fila que daba la vuelta al recinto, por lo menos, 3 veces. No podría escribir esa sensación. Mucho menos la que vino cuando se apagaron las luces y el teclado de este señor empezó a sonar.
Las funciones eran cada hora y media, desde las 11 de la mañana hasta las 10 de la noche. Y aceptamos la chamba sin cobrar, pos' porque "evento cultural", "nos iba a dar experiencia". Jajaja, ni un vaso con agua. Y en la bolsa solo llevábamos lo de la gas. Ya en la tarde que nos estaba chillando la tripa salimos a echarnos una torta entre los dos. Medio agüitados, medio cansados, prometimos que en tiempos mejores nos acordaríamos de ese momento, para no olvidar de donde venimos y para dar gracias de donde estemos.
Terminando alguna de las funciones, una persona hermosa nos interceptó en el pasillo y nos regaló unas de esas palabras que se graban por siempre. Todo había valido la pena.
Y hasta ahora, hermano, todo ha valido la pena.
Gracias por aventarte conmigo sin dudarlo. Gracias por ser mi maestro.
¡Feliz cumpleaños Lear!