17/06/2026
Cuando era solo una niña escuché decir a mi abuela que los gatos gustan de dormir sobre el pecho de las personas muy cerca de la boca porque les gusta robarte el aliento y no solo el aliento dijo, sino que algunos también roban el alma.
Muchos años después, alguien me contó la historia que a continuación les cuento, conozco muy bien a esta persona, por lo tanto sé que no miente, o ¿Quizá lo soñó?
La siguiente historia es un hecho real, los nombres de los protagonistas han sido cambiados a petición esa persona.
Historia de un gato.
Todo comenzó cuando a Pedro lo ascendieron en su trabajo, le habían ofrecido un magnífico sueldo, muy buenas prestaciones, seguro de gastos médicos mayores tanto para él como para su familia y muchas cosas más, pero, Pedro tendría que trasladarse con su familia a la ciudad de México, obviamente, los gastos de mudanza y la renta de la casa donde ahora vivirian Pedro y su familia correrían por cuenta de la empresa; la oferta era sumamente tentadora y, después de platicarlo con su esposa, Pedro aceptó.
Después de hacer todos los arreglos y preparativos para trasladarse a la ciudad de México, Pedro y su familia viajaron a la ciudad de México.
Pedro y Lidia tenían dos hijos, Pedrito y Paco, Pedrito era el mayor y tenía solo doce años cuánto todo ésto ocurrió, su hermanito Paco tenía diez años, hoy en día ya son unos jóvenes.
La casa que la empresa les había rentado en una colonia de clase media alta era muy bonita y espaciosa, Lidia se encargo de decorarla y como le gustaban mucho las plantas, comenzó a poner algunas en el jardín y otras de sombra en la cochera, los niños se adaptaron rápidamente al cambio, les gustaba su nueva casa y también su nueva escuela, hicieron nuevos amiguitos y todo parecía marchar bien, Pedro estaba feliz por todo eso y él acudía a su trabajo cada día, ahora tenía gente a su cargo y comenzaba a irle muy bien, Se hizo muy amigo de Felipe, otro de los supervisores de la fábrica.
Todo marchaba de maravilla, los niños en la escuela, Lidia en casa y Pedro en su trabajo, hasta que un día Lidia descubrió que en la casa había ratones 🐀🐁🐁 ¿Por qué? Se preguntó ella.
Lidia era muy limpia y escrupulosa y ya había visto a pequeños ratoncillos dentro de la casa, los veía correr rapidísimo y esconderse detrás de la estufa, de los sillones de la sala o de cualquier otro mueble.
Entonces, se lo comunicó a Pedro.
—Seguramente los ratones estaban aquí desde antes de que llegáramos. — dijo Pedro tratando de calmarla.
—¿Qué vamos a hacer?
—No te preocupes, compraré unas trampas y caerán.
—Eso espero.
Pedro compró las trampas y las puso, pero los ratones no caían, luego, puso platos de pegamento y nada, colocó veneno para ratas detrás de los muebles y no caían los ratones.
Días después,al estar tendiendo ropa, Lidia se llevó tremendo susto al observar a una rata de las grandes correr por el patito, tiró un grito y corrió dentro de la casa y se encerró, estaba sola pues a esa hora los niños estaban en la escuela y Pedro en el trabajo.
Cuando Pedro llegó le informó de lo sucedido, estaba desesperado y le dijo:
—Tienes que hacer algo, esas ratas grandes son muy peligrosas ¿Te imaginas si se mete una a la casa?
—Preguntaré por un veneno más efectivo.
Al día siguiente en la hora de comida Pedro le contó a Felipe el asunto y este le aconsejo:
—Batallas porque quieres Pedro, no hay nada mejor para acabar con las ratas que un gato, consigue uno y asunto arreglado.
Perdón contestó:
—¿Un gato? Jajaja se ve claramente que no conoces a mi mujer, Lidia es muy limpia y escrupulosa, no le gustan los animales y menos los gatos, los niños no se cansan de pedirle que les deje tener un perrito como mascota y ella siempre se niega rotundamente.
—¿Ah y prefiere tener ratas? Lleva el gato a la casa sin avisarle y ya.
—No, ¿Cómo crees?
—Piénsalo Pedro, las ratas son animales muy peligrosos, transmiten muchas enfermedades, piensa en tus hijos.
—Si, lo sé, llegando hoy a casa se lo voy a proponer a Lidia.
—Seguro que va a aceptar, las mujeres son así Pedro, solo diles que algo o alguien les hará daño a sus hijos y acceden.
—Si, gracias Felipe.
—Nada que agradecer, para eso estamos Pedro.
Esa tarde, cuando Pedro llegó a la casa encontró a Lidia paranoica, estaba muy asustada, le comentó que había visto dos ratas subir por la barda del patio y ya no dejaba salir a los niños a jugar, los mantenía encerrados en su recámara.
Pedro le propuso conseguir un gato, ella puso el grito en el cielo.
—¿Un gato? ¡Ay no, sabes que no me gustan los gatos, no, definitivamente no!
—Mujer, ya hemos probado de todo y las ratas siguen proliferado, son transmisores de muchas infecciones y enfermedades, hasta la rabia transmiten y tifoidea, piensa en los niños.
—¡Es que no me gustan los animales, mucho menos los gatos, debe haber otra solución!
—¿Y prefieres tener ratas?
Lidia se quedó callada por unos momentos, luego dijo:
—Bueno, pero el gato solo estará en el patio o la cochera, no lo quiero dentro.
—Claro mujer, los animales se adaptan a como uno los acostumbra.
Al día siguiente en la hora de la comida Felipe le dijo a Pedro.
—Acompáñame a la bodega.
—¿Para qué?
—Tú sígueme.
Pedro lo siguió hasta la bodega, cuando entraron Felipe le mostró una caja a la cual le había hecho unos orificios.
Felipe abrió la caja📦 dentro de la cual había un gato mediano de color gris con rallas grises en tonos más oscuros.
—¡Mira!
—jajajaja ya hasta me tienes el gato ¿Dónde lo conseguiste tan pronto?
—Una gata que tiene mi hermana parió gatitos hace unas semanas, ya está mediano, pero se adaptará con ustedes y verás como las ratas se van. ¿Si hablaste con tu mujer, verdad?
—Si, al principio se negó, pero cuando le dije lo que transmiten los roedores, aceptó.
—Te lo dije, a una mujer solo dile que tal o cual le hará daño a sus hijos y acceden.
—¡Muchas gracias Felipe!
—Nada que agradecer, para eso están los amigos, Pedro.
Esa tarde, Pedro llegó con el gato a la casa, los niños estaban felices con su nueva mascota, pero Lidia les dijo las reglas; el gato no podría entrar a la casa y solo se mantendría en el patio o la cochera.
Los días transcurrian con rapidez y las ratas se habían esfumado, Lidia estaba muy feliz, pero eso no cambiaba las reglas acerca del gato, pero el gato era muy astuto y en cada oportunidad que tenía, en un descuido, que alguien dejará la puerta abierta, el gato se escabuia y entraba corriendo a la casa, y luego Lidia lo encontraba acostado siempre muy pegado a Paco, su hijo menor, también lo había encontrado por la noche, acostado en el pecho de Paco y con su ocico muy pegado a la boca de su hijo, esto la enfurecía y siempre sacaba al gato a patadas o escobazos.
Siempre pasaba así, el gato a meterse y Lidia a sacarlo, el gato a meterse y Lidia a sacarlo.
Lidia no quería al gato ya, pero sabía que si Pedro se lo llevaba volverían las ratas, así que se tenía que aguantar.
Así como Lidia no quería al gato, el gato tampoco la quería a ella, Lidia estaba muy bien correspondida por el gato.
El gato siempre la miraba, retandola y le maullaba de una manera muy rara cuando Lidia lo sacaba a punta pues y escobazos, le maullaba como si quisiera hablar.
Una noche, ya muy tarde, eran casi las doce de la noche, Lidia limpiaba la cocina a conciencia, era demasiado limpia, ya había lavado la estufa y el refrigerador, entonces, se dió cuenta de que el gato estaba adentro y lo sacó a escobazos gritando:
—¡M@ldit0 gato ¿Por qué eres tan terco? ¡Fuera, fuera de aquí!
El gato la miró desafiàndola y maulló de una forma extraña que a Lidia se le erizó la piel.
Rápidamente, Lidia cerró la puerta del patio quedando el gato afuera y Lidia volvió a lo suyo.
Pedro andaba de noche y los niños ya estaban dormidos desde hace ya mucho rato, Lidia metía unas cosas al refrigerador, cuando de repente, escuchó que tocaban la puerta 🚪 del patio.
Lidia se asustó ¿Quién podría tocar a esa hora por la puerta del patio? Pensando que quizá alguien había entrado al patio de la casa, se armó de valor y tomando un afilado cuchillo del trastero se arrimó a la puerta y preguntó:
—¿Quién, quién es?
Entonces, escuchó la voz de Paco que le dijo:
—¡Ábreme ma, me dejaste afuera!
Sin pensarlo, Lidia abrió la puerta y el primero en entrar corriendo fue el gato.
—¡Ay Paco! ¿Que haces afuera tan noche, que no estabas ya en el cuarto dormido con tu hermano? ¡Mira, por tu culpa ya se metió tu mugroso gato! — gritó Lidia.
La luz del patio estaba encendida, siempre la dejaban así, pero Paco no entraba y Lidia salió a ver qué pasaba.
—¿Paco, Paco, dónde estás muchacho? ¡Paco, deja ya de jugar!
Paco no estaba en el patio, entonces, Lidia subió por la escalera de caracol que daba a la azotea, allí era donde tendría la ropa, al llegar arriba se dió cuenta que su hijo no estaba y pensando que se había escondido comenzó a buscarlo.
—¡Paco, deja ya de esconderte!
Pensó que se había escondido detrás del tinaco, pero se fijo y no, Paco no estaba por ningún lado.
—¡Paco, me estás asustando!
Lidia se dió cuenta de que no estaba Paco y un escalofrío recorrió su espalda, bajo la escalera casi volando, entró a la casa y cerró la puerta de la cocina con llave, luego fue a la recámara de los niños, cada uno estaba dormido en su cama y el gato dormido en el pecho de Paco con su ocico junto a su boca.
¿Cómo ven? El gato le habló a Lidia con la voz de Paco!!!😨😱😱😱
Gema Martínez.📖💎🌹
Historia de la vida real.
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Monterrey Nuevo León, México 🇲🇽
Agosto de 2015.
Protegido por Indautor.
ACD28331.