15/05/2026
La presidenta de la comunidad autónoma de Madrid Isabel Díaz Ayuso nos ha preguntado a los mexicanos ¿Que hay debajo de la calle Guatemala no.24 del centro histórico de la ciudad de México?
Bueno, pues me toca salir al quite:
En 2015, el Proyecto de Arqueología Urbana del INAH localizó en la calle de Guatemala, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, importantes restos de una estructura conocida en el siglo XVI como el *Huey Tzompantli" de México-Tenochtitlan, hallazgos que incluían una impresionante torre construida con cráneos humanos y mortero.
Este hallazgo confirmó muchas de las descripciones realizadas en fuentes del siglo XVI sobre el recinto sagrado mexica.
Para los mexicas no se trataba de un simple acto de violencia o intimidación, sino de un símbolo profundamente ligado a su visión del universo, la guerra, la muerte y el equilibrio cósmico.
En la filosofía mesoamericana del Posclasico tardío, la vida y la muerte no eran opuestos absolutos, sino partes de un mismo ciclo. El sacrificio humano estaba relacionado con la idea de alimentar a las deidades y mantener el orden del mundo.
Desde nuestra perspectiva contemporánea esto puede resultar impactante, pero reducirlo únicamente a “barbarie” o llamar “salvajes” a los pueblos originarios del pasado dice más sobre la ignorancia histórica de ciertos políticos y divulgadores (cof cof Zunzunegui y Alberto Hispanista) que sobre las sociedades que buscamos comprender.
Los mexicas desarrollaron complejos sistemas de gobierno que se organizaron en complejos Altepetl, conocimientos astronómicos, arquitectura monumental y una filosofía donde el sacrificio tenía un sentido religioso y cotidiano.
Comprender el tzompantli implica estudiar su contexto cultural, no juzgarlo únicamente desde parámetros modernos o desde prejuicios heredados de siglos de propaganda colonial.
Entender el pasado no significa justificarlo ni romantizarlo, significa reconocer que los pueblos mesoamericanos (como cualquier otro pueblo en el mundo) poseían formas propias de entender el mundo, la vida y la muerte. Y mientras sigamos usando términos simplistas para describirlas, seguiremos más cerca del prejuicio que del conocimiento histórico.
Créditos para Tlatoani Ahuitzotl e Ignacio Estrada
Referencias:
Carreón Blaine, Emilie, “El tzompantli y el juego de pelota”, Arqueología Mexicana núm. 148, pp. 34-39.
Matos Moctezuma, Eduardo, Raúl Barrera Rodríguez, Lorena Vázquez Vallín, “El Huei Tzompantli de Tenochtitlan”, Arqueología Mexicana núm. 148, pp. 52-57.
González Torres, Yolotl, “El tzompantli en Mesoamérica y las ‘torres de cabeza’ en Asia”, Arqueología Mexicana núm. 120, pp. 75-79.