20/06/2026
El Mago Oscuro en Hogwarts y la Cámara de los Problemas
Año 2, Capítulo 3: El andén de las malas decisiones.
Después del incidente de la librería, Bem estaba convencido de que el resto del verano sería tranquilo. Por supuesto, estaba equivocado. Porque la tranquilidad y Bem mantenían una relación muy parecida a la de Snape y la felicidad: No se llevaban bien.
La mañana del primero de septiembre llegó rápidamente. Bem apareció en King's Cross acompañado de su tío abuelo.
Llevaba dos maletas.
Una lechuza.
Una cubeta de KFC.
Y una cantidad sospechosa de optimismmo.
—Este año será diferente.
Declaró.
—Eso dijiste el año pasado.
Respondió el anciano.
—Y sobreviví.
—Por muy poco.
Al atravesar la barrera del andén nueve y tres cuartos, Bem quedó maravillado nuevamente. La locomotora roja soltaba humo. Las familias se despedían. Los estudiantes corrían por todas partes.
Y los prefectos fingían tener el control.
Entonces escuchó una voz familiar.
—¡BEM!
Era Hermione.
Corrió hacia él.
Con una montaña de libros todavía más grande que la del año anterior.
—¿Leíste los nuevos libros?
Preguntó.
—No.
—¿Ni uno?
—Leí la portada de uno.
—Eso no cuenta.
—Contó para mí.
Ambos comenzaron a buscar a Harry y Ron.
Sin éxito.
—¿Dónde estarán?
Preguntó Hermione.
—Probablemente metidos en problemas.
Respondió Bem.
—Eso no ayuda.
—Pero probablemente es cierto.
Mientras caminaban, encontraron a Fred y George. Los gemelos parecían extrañamente relajados. Lo cual normalmente era una señal de peligro.
—¿Han visto a Harry y Ron?
Preguntó Hermione.
Los gemelos intercambiaron una mirada.
—No.
Dijo Fred.
—Y eso es preocupante.
Añadió George.
—¿Por qué?
—Porque normalmente los problemas encuentran a Harry.
—Y cuando Harry desaparece...
—Significa que los problemas ya lo encontraron.
Bem asintió.
Aquello tenía mucho sentido. Poco después el tren partió.
Sin Harry.
Y sin Ron.
Hermione comenzó a preocuparse.
Bem comenzó a comer.
Cada uno enfrentaba el estrés a su manera.
Durante el viaje, Hermione intentó convencer a Bem de estudiar.
—Podemos adelantar algunas lecturas.
—Podemos no hacerlo.
—Bem.
—Hermione.
—Segundo año es importante.
—Estoy de acuerdo.
—Entonces estudia.
—No estoy de acuerdo con esa parte.
Hermione cerró el libro lentamente.
Era una señal peligrosa.
Muy peligrosa.
Horas después, la puerta del compartimento se abrió.
Entró Neville Longbottom.
Parecía preocupado.
Más preocupado de lo habitual.
—¿Qué sucede?
Preguntó Hermione.
—Perdí a Trevor.
—¿Otra vez?
Preguntó Bem.
—Sí.
—Eres un pndjo.
Neville salió corriendo.
Hermione lo siguió para ayudar.
Bem también intentó ayudar.
Durante exactamente treinta segundos.
Después encontró un carrito de dulces.
Y cambió sus prioridades.
Cuando el tren se acercaba a Hogwarts, un rumor comenzó a recorrer los vagones.
Primero fue un susurro.
Luego una conversación.
Luego veinte conversaciones.
Finalmente llegó hasta ellos.
—¡Harry Potter no está en el tren!
Exclamó un alumno.
Hermione se puso pálida.
—¿Qué?
—Y tampoco Ron Weasley.
Bem levantó una ceja.
—Vaya.
—¿Qué?
Preguntó Hermione.
—Tenía razón.
—¿Sobre qué?
—Los problemas los encontraron primero.
La noche cubría el castillo cuando el tren finalmente llegó. Los alumnos descendieron. Las luces de Hogwarts brillaban a la distancia.
Bem sonrió.
—Hogar dulce hogar.
—Es una escuela.
Dijo Hermione.
—Para Snape también es una prisión.
—Bem...
—Solo digo.
Los carruajes avanzaron hacia el castillo. Y cuando las enormes puertas se abrieron...
Bem sintió la misma emoción del año anterior.
Otro curso.
Nuevos problemas.
Nuevos castigos.
Y probablemente nuevas formas de decepcionar a Snape.
Aunque no sabía que esa misma noche...
Harry Potter iba a llegar a Hogwarts de la manera más absurda imaginable.
Y que aquello sería apenas el comienzo de un año mucho más extraño que el anterior.