17/08/2026
Mi obra plástica nació conmigo y ha ido evolucionando al mismo paso que yo. Brotó dentro de mí de manera inconsciente,inocente y natural, como un juego frecuente en el que, como niño, me exploraba en mi soledad y me hacía conocer mi felicidad. Con el tiempo y con la frecuencia recurrente con la que la traigo al mundo, se ha ido fortaleciendo y madurando.Se ha convertido en el paisaje natural de mis días, de los días de mis seres queridos. Los muros de mis hogares y de mis talleres siempre han estado tapizados de los colores y las formas de mi trabajo. Y el primer sorprendido soy yo. Porque ese lío de líneas y garabatos son cosas que brotan desde dentro de mí, como una planta insaciable que crece desmesuradamente hacia afuera. Sin planearla, sin pensarla demasiado. Para conocerla, yo mismo necesito traerla de mi interior hacia afuera.Yo mismo tengo mucha curiosidad por lo que va naciendo de mis manos frente a mis ojos en esos millares de lienzos.Me gusta pensar en el arte de los viejos pueblos. De las antiguas civilizaciones. Los egipcios, los mesopotámicos, los aztecas, los mayas, etc. Todos tenían sus estéticas propias, su cosmovisión reflejada en imágenes y en arte.Me gusta imaginar mi trabajo como el paisaje ecléctico de mi país, de mi nación personal. De mi mundo interior que cobra vida y me rodea a mí y a los míos durante mi vida cotidiana en este planeta. En el plano de los vivos. El planeta Enrique. Mi universo personal. El registro de mi paso por esta tierra.Y soy el que más curiosidad tiene de saber qué es lo próximo que estará en mis paredes, qué nuevo testimonio saldrá de mi imaginario y cómo se verá o se leerá todo ese amasijo de signos que un día salieron de mí, cuando yo ya no esté por aquí