Nuestro Tuxtla Antiguo

Nuestro Tuxtla Antiguo Recordar, Rescatar, Dignificar la Grandeza Histórica, Económica y Turistica del Centro de Tuxtla Gtz.

Imágenes de El Tuxtla que viví y se fue y de Nuestro Tuxtla Antiguo
27/08/2026

Imágenes de El Tuxtla que viví y se fue y de Nuestro Tuxtla Antiguo

Como dice Mi Estimado de El Tuxtla que viví y se fue:  Recordando viejas publicaciones
26/08/2026

Como dice Mi Estimado de El Tuxtla que viví y se fue: Recordando viejas publicaciones

JOAQUÍN MIGUEL GUTIÉRREZPaseo de la Reforma no solo es la avenida más emblemática de la Ciudad de México, sino también u...
21/08/2026

JOAQUÍN MIGUEL GUTIÉRREZ
Paseo de la Reforma no solo es la avenida más emblemática de la Ciudad de México, sino también un libro de historia abierto que rinde homenaje a los personajes que moldearon la identidad republicana del país. A finales del siglo XIX, la iniciativa de un célebre intelectual transformó los andadores de esta vía en un pasillo de honor para los héroes liberales de cada estado de la República, integrando el arte monumental con los valores federalistas. Dentro de esta selecta galería civil destaca la figura de un prócer chiapaneco cuya vida y legado quedaron inmortalizados en bronce para la posteridad.
Joaquín Miguel Gutiérrez en las Estatuas de la Reforma de Francisco Sosa.
21 de Agosto, aniversario del natalicio de Joaquín Miguel Gutiérrez Canales. Se consolidó como la figura política y militar más influyente de Chiapas durante la convulsa etapa de transición postindependentista en el siglo XIX. Nacido en 1796 en la villa de San Marcos Tuxtla, abandonó tempranamente una formación eclesiástica para abrazar la carrera de las armas y la defensa de las libertades civiles. Su juventud estuvo marcada por las intensas deliberaciones que definirían el destino geográfico y político de su tierra natal, la cual se debatía entre la soberanía absoluta, la permanencia dentro de las provincias centroamericanas o la integración formal al naciente Estado mexicano.
Su participación en el histórico proceso de incorporación de Chiapas a la República Mexicana en 1824 constituyó el primer gran hito de su trayectoria pública. Como diputado de la junta provisional, Gutiérrez defendió con vehemencia el voto en favor de la federación mexicana, impulsando el acta de proclamación definitiva firmada el 15 de septiembre de aquel año. Convencido de que la educación y la libre expresión eran los pilares fundamentales para erradicar el rezago colonial, introdujo en 1827 la primera imprenta al territorio chiapaneco y fundó el periódico La Campana Chiapaneca, utilizándolo como trinchera ideológica para propagar el pensamiento ilustrado y combatir el influjo del clero conservador.
Al asumir la gubernatura del estado en la década de 1830, el mandatario implementó una serie de reformas de corte radical que buscaban modernizar las estructuras sociales y administrativas de la entidad. Entre sus principales determinaciones destacó el traslado provisional de los poderes políticos de la tradicionalista San Cristóbal de las Casas a la villa de Tuxtla, una medida estratégica orientada a debilitar el control de las élites conservadoras de los Altos de Chiapas. Durante este periodo, su administración también legisló de manera precursora en favor de la abolición formal de la esclavitud, la secularización de bienes y el fortalecimiento de la educación pública laica.
La consolidación del régimen centralista a nivel nacional y la posterior derogación de la Constitución Federal de 1824 empujaron a Gutiérrez a un inevitable y prolongado conflicto armado contra el gobierno central de la Ciudad México. Rechazando someterse a la pérdida de la autonomía estatal, el líder liberal organizó guerrillas federalistas en las regiones de la costa y el centro del estado para resistir el acoso de los ejércitos centralistas. Su resistencia militar se convirtió en un símbolo de la rebeldía regionalista frente a las imposiciones de la capital del país durante aquellos años de inestabilidad institucional.
El desenlace de su lucha aconteció de forma trágica el 8 de junio de 1838, cuando las tropas centralistas asaltaron la plaza de Tuxtla y acorralaron al caudillo en los techos de la Parroquia de San Marcos, donde cayó abatido en el hoy denominado Callejón del Sacrificio. Diez años después de su muerte en combate, el gobierno estatal honró su memoria renombrando oficialmente a la capital como Tuxtla Gutiérrez. Su efigie, inmortalizada tanto en su tierra natal como en el Paseo de la Reforma, permanece hasta el día de hoy como el máximo emblema del liberalismo y del federalismo chiapaneco.
La creación artística de la pieza fue encomendada al reconocido escultor italiano Enrique Alciati, célebre en el ámbito monumental de la época por haber diseñado posteriormente la icónica Victoria Alada de la Columna de la Independencia. Alciati capturó la esencia del líder chiapaneco a través de una rigurosa composición que exalta su uniforme militar y su semblante republicano.

La Ferretería Castillejo [sic] data tal vez de los años 40's. Forma parte del Barrio de El Gólgota [El Calvario]. Aunque...
26/07/2026

La Ferretería Castillejo [sic] data tal vez de los años 40's. Forma parte del Barrio de El Gólgota [El Calvario]. Aunque le quedaba más cerca [casi enfrente] aunque en otros tiempos, el Templo de San Miguel que le daba nombre a ese Barrio Originario.

Frente a la Ferretería en la otrora calle Joaquín Miguel Gutiérrez, aunque más conocida por la población como la calle del Comercio, estuvo en los 70's la tienda de Don Amin Aramoni que vendía motores fuera de borda Evinrude que fueron los primeros que surcaron en las lanchas, el Cañón del Sumidero en ese entonces desde Cahuaré y Chiapa de Corzo. Recuerdo los anuncios por la XETG [a tiempo con el tiempo] que también era propiedad de Don Amín, así como el Supermercado SuCasa.

Tal vez el primer st****er de Nuestro Tuxtla Antiguo
23/07/2026

Tal vez el primer st****er de Nuestro Tuxtla Antiguo

𝐑𝐄𝐂𝐎𝐑𝐃𝐀𝐍𝐃𝐎 𝐀 𝐑𝐎𝐃𝐑𝐈𝐆𝐎 𝐍ÚÑ𝐄𝐙 𝐃𝐄 𝐋𝐄Ó𝐍, 𝐔𝐍 𝐈𝐍𝐆𝐄𝐍𝐈𝐎𝐒𝐎 𝐇𝐈𝐃𝐀𝐋𝐆𝐎

𝘼 𝙪𝙣𝙖 𝙙é𝙘𝙖𝙙𝙖 𝙙𝙚 𝙨𝙪 𝙥𝙖𝙧𝙩𝙞𝙙𝙖

Conocí a Rodrigo Núñez de León en 1989 en una conferencia sobre los 97 años de Tuxtla Gutiérrez como capital, realizada en el edifico Maciel. Pidió la palabra y con elocuencia habló sobre la destrucción de los edificios históricos del centro. Me sorprendió su conocimiento y supe allí que ocho años atrás, él había sido la única persona que registró gráficamente el momento de demolición del viejo Palacio de Gobierno. Fotos de las que nunca reclamó su crédito, hoy adjudicado erróneamente a varias personas.

Años después en 1998, siendo yo jefe de prensa de la Universidad Autónoma de Chiapas, Rodrigo (rayando los cincuenta años) se incorporó al equipo. El director de Comunicación Social en ese momento Hugo Villar Pinto me dijo que fungiría como fotógrafo. Aunque el recién llegado se acercó después y me explicó que sus habilidades de corrección serían de más utilidad para la Gaceta UNACH. Y así fue, tenía conocimientos y buenos criterios. Traía escuela pues, había estudiado Periodismo y Comunicación Colectiva en la UNAM.

En realidad, su incorporación a la Universidad digamos que fue como una pausa voluntaria o “año sabático” en su prolífico trabajo editorial bajo el sello Rodrigo Núñez Editores, pues ya había republicado importantes libros como “La imprenta y el periodismo en Chiapas” de Fernando Castañón Gamboa (1983), “El Combate Naval de Chiapa de Corzo” de Eduardo Alberto Vargas (1984), “B.S. Tamila” de Rafael Arles (1987), “El sentimiento chiapaneco. Ensayo sobre la independencia de Chiapas y su agregación a México” de Jan de Vos (1991), “Crónicas del volcán” de Jaime Sabines (1992), y “Memoria histórica de la provincia de Chiapa” de Mariano Robles (1992).

Recién llegado a la UNACH redactó unas calaveritas por el Día de Mu***os y dedicadas a las autoridades universitarias, pero muy picantes y subidas de tono. Nunca se publicaron, aunque circularon de manera anónima en todas las áreas administrativas y en la oficina del Rector, generando asombro y risas.

Rodrigo compartió cubículo con otros extraordinarios correctores: el lingüista Fernando Lara Piña y la abogada Laura León Carballo. Recién llegado escogió un pequeño escritorio en el que, por cierto, no cabía por su estatura (1.90). Allí medio encorvado corregía las pruebas finas acompañado de una Coca Cola y un cigarro.

Usaba una pluma fuente marca Parker pues aseguraba que le generaba mucha precisión. Y así era, su aguda percepción le hacía pulir y perfeccionar los textos dándoles claridad, fluidez, eliminando redundancias, ambigüedades y errores gramaticales. ✒️

En aquellos años había un gran equipo de Prensa en la UNACH. Angel Silva Lara y Vinicio Portela hacían una extraordinaria labor de síntesis informativa pues conocían bien el medio periodístico. También colaboraban Joselito López, Dahomey Pérez, Greysi León, Carolina Sholé Gómez y Rubén de Leo.

Forjé buena amistad con Rodrigo Núñez. Por las mañanas se acercaba a mi oficina, tomábamos café y conversábamos de diversos temas: sobre su familia refería siempre con mucho amor a su hijo Francisco, y a sus dos pequeñas niñas. Luego analizábamos la política, el cine, el medio periodístico y rematábamos con pasajes de la historia de Chiapas pues al respecto tenía vasto conocimiento y una nutrida biblioteca personal.

Un día descubrimos en una foto de 1960, que su padre Pancho Núnez “El Gitano” (fundador del periódico El Sol de Chiapas) y el mío Valente Molina Cruz, aparecían conviviendo en un bar de Tuxtla, hallazgo que constató lo que mi papá me contaba sobre la amistad que había tenido con el periodista norteño.

En ocasiones no llegaba a trabajar. Era educado y llamaba por teléfono para notificarlo. Pero no crean que lo hacía por desidia, sino porque asistía a algún evento cultural, artístico o a las marchas y actos del gremio periodístico. Él siempre iba preparado para la actividad reporteril: vestía mezclilla, chaleco verde multibolsillos, cámara al hombro y un morral de cuero donde llevaba una grabadora, libreta y su inseparable pluma fuente.

En otros momentos, estando en la oficina me decía afligido que iba a retirarse por una urgencia, para lo cual yo nunca tuve inconveniente ni lo cuestioné. Aunque a veces, me informaban que su urgencia había tenido lugar en el Café Avenida.

Eso sí, cuando se iba de la oficina lo hacía con mucho tiempo pues sus pasos cortitos construían un lento y cadencioso caminar para llegar a su destino. Era un caballero de fina estampa. Usaba un viejo sombrero de cuero de ala plana que le protegía de la sensibilidad ocular que sufría, lo que provocaba que frunciera el ceño, entrecerrara los párpados y achicara los ojos para bloquear el exceso de luz. Por este gesto y el sombrero le decíamos que era el Clint Eastwood tuxtleco.

Era un ingenioso hidalgo. Devorador de libros, explorador y buscador de historias no comunes, como la investigación que hizo para localizar la tumba del cronista de Tuxtla Fernando Castañón Gamboa en el Panteón Municipal de Tuxtla Gutiérrez. Me habló mucho de eso y aseguraba que no había registro de ubicación, pero él tenía una pista y que lo intentaría. Un lunes llegó feliz y me enseñó unas fotos de la tumba y del mausoleo que encontró con la ayuda de su amigo Roberto Selvas San Sebastián.

Sabedor de mis trabajos de investigación histórica, me obsequió un ejemplar original del libro “50 años de la Revolución en Chiapas” de José Casahonda Castillo editado en 1974 y me contó que ya estaba trabajando en la reedición, proyecto que se hizo realidad al siguiente año (1999).

Es altamente probable que por esos valiosos proyectos editoriales haya renunciado a la UNACH, pues argumentó que tenía otras actividades que realizar en su vida profesional y personal.

En los años subsecuentes su sello editorial republicó “Transformación del centro histórico de Tuxtla Gutiérrez. Imágenes, cronología y sucesos” de Fernán Pavía (2008), texto en el que incluyó las imágenes que él mismo registró en la polémica demolición del antiguo Palacio de Gobierno.

Lo volví a ver en 2010 cuando me visitó en la Universidad Politécnica de Chiapas. Me presentó un interesante proyecto editorial aunque ya no regresó, y me fue difícil localizarlo pues muy pocos conocían su domicilio y al parecer no usaba celular.

Mi último encuentro con Rodrigo Núñez fue en 2013 en el Centro Cultural Jaime Sabines durante un homenaje al poeta mayor de Chiapas. Caminaba con más dificultad apoyado en un bastón. Eran pasos endebles. Ya había sufrido dos derrames cerebrales. En el vestíbulo de ese recinto cultural conversamos junto a Eraclio Zepeda. Emitía palabras entrecortadas por sus estertores respiratorios. Nos contó que había sido amigo de Jaime Sabines y que en breve reeditaría sus primeros poemas.

Los libros llenaron sus últimos años. Concretó importantes proyectos editoriales y otros, debieron haber quedado en su mente sagaz e inquieto pensamiento de editor, que sabía el significado y trascendencia del libro y su poder. Por eso él los transformaba, los pulía, los rediseñaba, los dotaba de proemios, de nuevas tipografías y los otorgaba a la sociedad como el objeto valioso que son.

Rodrigo falleció el 25 de julio de 2016. Al recordarlo, algunos valientes escritores lo han nombrado “troglodita” o “cronopio”. Yo disiento. Rodrigo era pertinaz, docto, polifacético, culto, noble, viajero y aventurero. Un ingenioso hidalgo. Sí, como el Quijote de la Mancha, porque su existencia, “…llenósele de fantasías y de todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles”.

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