18/08/2026
La cultura subordinada al turismo.
Desde hace meses, algunas personas y sectores dedicados al arte y la cultura en el estado de Veracruz se han opuesto a la fusión de las actividades culturales con las del turismo bajo la administración de una misma Secretaría de Gobierno.
El tema da para una profunda discusión, si hubiera voluntad política del gobierno estatal; por supuesto que no la hay.
Solo haremos una pequeña reflexión sobre su línea editorial.
Si uno va a las ferias de libros y librerías de la Universidad Veracruzana es posible encontrarse con ediciones de $5, $10 y $20, nuevas y de excelente calidad.
Por el contrario, los libros más importantes impresos por el gobierno de Veracruz tienen un precio entre $300 y $500. Éste en particular cuesta $700.
Las concepciones son distintas, el gobierno veracruzano busca posicionar al turismo a través de la cultura; los viajeros que buscan playas van a Guerrero, a los Cabos o a Cancún.
Los festivales de Tajín, el de Coatzacoalcos, los voladores de Papantla o la asistencia a la feria del libro de Antropología son unos claros ejemplos.
El hermoso y carísimo libro Manos de Color y Sol, Indumentaria Tradicional de Veracruz, que tiene detrás un gran trabajo de búsqueda e investigación, que se ha obsequiado a funcionarios y empresarios refleja el desdén hacia los sectores que no pueden darse el lujo de comprar este ejemplar.
En nombre der los pueblos originarios se da a conocer su vestimenta, algunas de ellas inventadas por un diseñador, y se llama a su rescate y preservación, cuando en la práctica se hace lo contrario subordinándola a los intereses comerciales.
Resulta paradójico que los verdaderos creadores no puedan ver esta preciosa edición de elegante papel y brillantes colores. Obviamente no existe una edición popular del mismo para su difusión y generación de identidad y orgullo.
El libro está escrito en español e inglés… no en popoluca o náhuatl… porque no está hecho para ellos.
Tiene 223 páginas, la fotografía es estupenda y pesa, por el gramaje del papel, “un demonial”.
Como el propósito era lucir los vestidos, fue importante que las y los modelos retrataran bien, aunque no fueran del pueblo originario que creara la vestimenta ni se mostrara el uso cotidiano de las prendas.
Más aún, las mujeres que lucen los trajes de Cosoleacaque están envueltas “como un taco”. El refajo está mal puesto, alguien que no sabe las vistió; aquellas que tradicionalmente usan ese traje se visten solas y lo hacen bien. En este caso, el pliegue está, probablemente por atrás, cuando debe estar al frente para que las mujeres puedan caminar o agacharse. Con la faja ocurre otro tanto, el amarre está atrás, cosa imposible de ubicar cuando se visten solas.
Esta misma visión de los trajes la expusieron en la feria del libro en el museo de antropología, donde la apariencia y el glamur estuvo, una vez más, por encima de la cultura, tal como es.
Por supuesto que el turismo es importante, pero sin dejar de lado, lo fundamental, la cultura popular, a las personas y a las comunidades…
En fin…
entremares