13/01/2026
El nombre nos sitúa, delimita quiénes somos, establece un margen/límite de la zona que ocupamos. Ese límite tiene movimiento, permeabilidad, podemos moldearlo, modificarlo, transformarlo.
El nombre que nos ha sido dado lleva impreso con tinta transparente la historia a futuro que se espera de nosotros. A veces ligera, a veces tan pesada que es imposible sostenerla. Algo escapa a eso, siempre, de las mejores o de las peores formas, se escabulle, hace ruido, hace silencio, se manifiesta para vivir.
Es el "no todo, no siempre" que abre espacio a que pueda confundir "Susana" con "su-zona" y comenzar a divagar ideas sobre lo que significa ser nombrados y la posibilidad de elegir un nombre propio desde esa fuga y tropiezo que realiza la palabra al hablar.
Equivocarse al decir es encontrarse con lo que importa verdaderamente para cada uno/una. "Errar" al hablar, me parece, es un encuentro íntimo con ese nombre más propio en procesos constantes de metamorfosis. 🦋
Aby.