29/03/2026
Han surgido muchas leyendas en torno a la figura de José de Arimatea. La más conocida dice que en el año 61 d.C., Felipe envió a José, desde la Galia, a predicar el Evangelio en Inglaterra. José fue, llevando consigo el cáliz que se usó en la Última Cena, y que entonces contenía la sangre que Jesús derramó en la Cruz. Ese cáliz llegaría a ser conocido como el Santo Graal, famoso en las historias de los caballeros del rey Arturo. Cuando José y su grupo de misioneros escalaron la colina Weary-all y llegaron al otro lado, se encontraron en Glastonbury; allí José pinchó su bordón en la tierra, y de él creció el famoso espino de Glastonbury, siendo por mucho tiempo el lugar más sagrado de Inglaterra, y todavía hoy es un centro de peregrinación. La leyenda dice que el espinó original lo taló un puritano, pero que el espino que crece allí brotó de la misma raíz antigua. Así que la leyenda conecta a José de Arimatea con Inglaterra.
Pero hay una leyenda menos conocida, recordada en uno de los himnos y poemas más famosos de la literatura inglesa. Es una leyenda todavía muy viva en Somerset. José, dice la leyenda, era mercader de estaño, y vino mucho antes de que le enviara Felipe en visitas frecuentes a las minas de estaño de Cornwall. El pueblo de Marazion, en Cornwall, tiene otro nombre: algunas veces se le llama Market Jew, y se dice que fue el centro de una colonia de judíos que eran mercaderes de estaño. La leyenda llega más lejos: José de Arimatea, nos dice, era tío de María, la Madre de Jesús, hermano menor de san Joaquín y tutor de Jesús luego de la muerte de su padre terrenal, el patriarca san José. Y se dice que trajo al niño Jesús consigo en uno de sus viajes a Cornwall. Es una preciosa leyenda, pues sería emocionante pensar que los pies del niño Jesús tocaron en aquellos sagrados tiempos la tierra inglesa.
La Iglesia celebra a José de Arimatea cada 17 de marzo, siendo el santo patrono de los embalsamadores y sepultureros.