Casa De Las Brujas

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Isabella Cortese, Alquimista de Venecia.Isabella Cortese,  que no te buscó la fama sino el crisol,  que no pediste nombr...
04/06/2026

Isabella Cortese, Alquimista de Venecia.

Isabella Cortese,
que no te buscó la fama sino el crisol,
que no pediste nombre en los pórticos sino fuego en las retortas,
te nombro.

Tú, que en 1561 diste a la imprenta I Secreti
no para cifrar misterios, sino para desatarlos en actos claros:
destilar el rocío, separar el cobre, fijar el volátil.
Tu libro no fue un laberinto de palabras, sino un mapa de operaciones.
Y en cada página, la materia te respondió.

Los hombres hablaban de la Piedra en términos de eternidad.
Tú la buscaste en el detalle: en el color que cambia,
en el aceite que espesa, en el mercurio que huye.
Comprendiste que el gran misterio no está fuera de las manos,
sino en la paciencia con que las manos aprenden.

Siete veces se reimprimió tu obra.
Siete veces tu letra volvió al fuego, alambique, a la mano que ensaya.
No escribiste para que te lean en silencio; escribiste para que te corrijan con el hecho.
Esa es la nobleza de tu alquimia: no esconde, transmite.

Isabella Cortese,
que hiciste de la práctica un hilo de Ariadna en el dédalo de los elementos,
recibe este elogio no por lo que ocultaste, sino por lo que dejaste visible.
Porque en tu exactitud hay una forma de eternidad:
la de un conocimiento que, una vez dicho, puede repetirse.

Que tu nombre quede, no en mármol, sino en el olor del destilado
y en la luz que cambia cuando la sustancia cede.

Johann Weyer: el médico que armó sin querer el manual del in****noJohann Weyer no cazaba brujas. Las defendía. Era médic...
03/06/2026

Johann Weyer: el médico que armó sin querer el manual del in****no

Johann Weyer no cazaba brujas. Las defendía. Era médico cuando ser médico era contradecir a medio tribunal eclesiástico, y lo hizo con ganas. En 1563 les estampó De Praestigiis Daemonum en la mesa a los inquisidores. Su tesis era una piedra en el zapato de la época: las mujeres que ustedes queman no vuelan, no pactan, no fornicaban con el Diablo. Deliran. Tienen el cuerpo deshecho por el hambre, la cabeza comida por el cornezuelo del centeno y el alma llena de miedo que ustedes mismos les siembran. Dejen de matar enfermas y pónganlas en cama.

Para probar su punto hizo lo que nadie. Se metió al archivo del delirio y lo transcribió como notario. Escribió la Pseudomonarchia Daemonum y la coló como apéndice. Ahí puso al in****no en orden alfabético. Sesenta y nueve nombres con cargo, rostro, séquito y especialidad. Reyes, duques, marqueses del abismo, todos formaditos con sus legiones como si fueran a pasar revista. Lo hizo con sorna, con la intención de reírse en la cara de los jueces. Quería decirles que era absurdo creer que la campesina que no sabe firmar invocó a un rey infernal que entra con camellos y doscientos músicos. Quería desnudar el cuento para que se viera el hilo y la madera barata.

No entendió una cosa: el morbo no se asusta con datos, se alimenta. Su catálogo no desactivó la superstición. La legitimó. La volvió texto. Le dio estructura. Y donde hay estructura, hay quien construye. Años después alguien tomó esa lista suya, le dibujó sellos, le escribió los conjuros que Weyer se negó a poner, le armó el teatro completo con círculos y amenazas en latín. Y así nació la Ars Goetia, la pieza que abre la Clave Menor de Salomón. El manual de campo que Weyer juraba que era mentira.

Él citaba como fuente un Liber Officiorum Spirituum que nadie ha visto. Pudo existir. Pudo ser su forma elegante de lavarse las manos. El resultado es el mismo: su nombre quedó pegado a cada grimorio que se respete. Jean Bodin lo leyó y lo quiso en la hoguera por popularizar demonios. Weyer alegó que solo documentaba la locura ajena. Tenía un duque de respaldo y eso pesa más que una bula. Se salvó. Las brujas no.

Hoy los magos ceremoniales lo citan como autoridad y los inquisidores de su tiempo lo habrían quemado con gusto. Ese es el chiste. El escéptico que dedicó la vida a decir que el Diablo no atendía llamadas terminó escribiendo el directorio telefónico del in****no. Quiso cerrar el caso y le dio al mundo las pruebas para reabrirlo por los siglos de los siglos. Así se ríe la historia. Con tu propia letra.

La mano no mienteDesde los orígenes del ser humano la mano nos obsesiona. La convertimos en magia, en amenaza y en rezo ...
01/06/2026

La mano no miente

Desde los orígenes del ser humano la mano nos obsesiona. La convertimos en magia, en amenaza y en rezo porque entendimos algo básico: donde no llega la palabra, llega la mano.

La mano de mono maldita cumple deseos a lo bruto. No pregunta, no filtra, no tiene ética. Es magia sin técnica y por eso siempre termina en tragedia. Te da lo que pides, no lo que necesitas. Como el arte sin oficio.

La Mano de Fátima hace lo contrario. Abierta, simétrica, con un ojo que no adorna sino que vigila. Detiene el mal porque tiene siglos de composición detrás. No es amuleto de plástico: es arquitectura espiritual. Tiene proporción, tiene cultura, tiene manos que supieron grabarla.

Entre una y otra está la quiromancia. La palma como texto. Pero leerla sin saber anatomía ni observar es como pintar sin dibujar. La mayoría solo tiene l***a. Los serios tenían método.

En los mudras budistas y en la bendición bizantina cada dedo es una letra. El gesto no es teatro: es lenguaje. Si la intención no va acompañada de forma precisa, no baja nada. La idea sola no conjura. La idea sin técnica es mimo.

Hasta la mano de gloria medieval, cortada a un ahorcado para abrir puertas, nos recuerda lo mismo. Magia sin ética, herramienta robada. Como el discurso sin materia.

La historia de la mano en la mística es clara y brutal. La que protege tiene oficio. La que maldice tiene capricho.

Si vas a usar la mano para magia, que se note la técnica. Si no, mejor ciérrala y quédate callado. Porque una mano sin oficio es solo carne. Y la carne sola no abre puertas, no detiene el mal, no lee el destino. No hace arte."


Historia y verdad de los unicornios Todo libro que invoca un manuscrito perdido es, de algún modo, un espejo. Michael Gr...
29/05/2026

Historia y verdad de los unicornios

Todo libro que invoca un manuscrito perdido es, de algún modo, un espejo. Michael Green lo sabe, y por eso titula su obra _De historia et veritate unicornis_, como si el latín bastara para conjurar la autoridad de lo antiguo.

El artificio es claro: un tal Magnalucius, naturalista del siglo XV, lega un diario iluminado donde el unicornio no es mito sino espécimen. Green no descubre el manuscrito; lo inventa. Pero hay invenciones más reales que la historia. Los bestiarios de Aberdeen o el Physiologus no son menos verdaderos por ser fabulosos: clasifican el mundo según el asombro, no según la evidencia.

Green, ilustrador antes que escritor, comprende que toda teología es una rama de la literatura fantástica. Sus páginas, ejecutadas con la paciencia de un monje que no cree en la imprenta, no buscan probar la existencia del unicornio. Buscan algo más inquietante: probar que alguien necesitó probarla. Magnalucius anota, mide, diseca. Su prosa es árida como un acta notarial. Y sin embargo, en esa aridez, el unicornio respira.

La edición revisada añade una nota desdichada: una “pista para hallar el tesoro de plata del unicornio”. Aquí el libro traiciona su propio juego. Un verdadero códice no incluye instrucciones para el lector. Incluye silencios. El tesoro, si existe, no debe buscarse en un mapa, sino en la sospecha de que toda enciclopedia es un capítulo de la literatura fantástica.

Aun así, hay virtud en el engaño. Green ha erigido una biblioteca de un solo volumen. Quien lo recorre no sale sabiendo más sobre unicornios, sino menos sobre la realidad. Y esa es, tal vez, la única verdad que un libro puede ofrecer.

He sospechado, a veces, que Magnalucius soy yo. O que lo seré. Que en algún anaquel de la Biblioteca, este diario ya existía antes de que Green lo soñara.

"Un mal maestro te mata más rápido que un demonio.El Ars Goetiano te toma de la mano. Asume que ya sabes caminar. En la ...
28/05/2026

"Un mal maestro te mata más rápido que un demonio.

El Ars Goetiano te toma de la mano. Asume que ya sabes caminar. En la sección Observations lo dice sin metáforas: el mago debe ser “sin mancha”, instruido en las artes liberales y versado en los Nombres Divinos. O sea, el libro te exige maestro aunque no te diga dónde conseguirlo.

Ese vacío es la grieta por donde entra el antagonista.

No es el demonio del sello. Es el que te vende el sello. El maestro de folleto. El que confunde tener el PDF con tener el oficio. Waite los diseccionó en 1911: “La magia ceremonial en manos de los ignorantes no es magia, es locura metódica”. Porque el grimorio no enseña. Enumera. Sin tradición oral, el texto es letra mu**ta. Y el mu**to, si invocas mal, eres tú.

Éliphas Lévi lo advirtió antes, en 1854: “La magia es para los fuertes, no para los curiosos”. Habló de la cadena mágica. Un eslabón podrido contamina a todos. Un mal instructor no crea magos. Crea obsesos. Gente rota que luego culpa al “demonio” de su propia dispersión.

Israel Regardie, que sí practicó y luego se hartó de los farsantes, lo puso en términos de gimnasio: si tu maestro no te exige disciplina mundana primero -dieta, ejercicio, estudio- huye. La magia amplifica lo que ya eres. Si eres caótico, te vuelve caos. Si eres cobarde, te vuelve presa.

Dion Fortune fue más clínica: “Es más fácil cerrar una puerta que exorcizar lo que entró”. Para ella, el crimen del mal maestro no es abrir. Es no saber cerrar. No te enseña el destierro porque él tampoco lo domina. Te deja la casa abierta y se va con tu dinero.

Joseph Lisiewski, ya en 2004, propuso el test del ácido: pídele su diario mágico de 10 años. Si no tiene, no es maestro. Es “mago de sillón”. El 99% de los que escriben sobre Goetia, dice, nunca evocaron. Solo copiaron.

Por eso la regla de esta serie es brutal: El único que te puede iniciar eres tú. El maestro solo sostiene la linterna. Y si la linterna está apagada, caminas al precipicio. El maestro de folleto ni linterna tiene. Solo tiene tu prisa. Y la cobra.

El demonio del texto tiene reglas, rango, oficio. Se le controla con ley. El mal maestro no tiene ley. Opera desde el ego, desde el folleto mal traducido, desde el *“traza el círculo, son $5,400 MXN”*. Por eso te mata más rápido. El demonio negocia. El improvisado te inmola."

EL VUDÚ No necesita tu validación La tragedia contemporánea no es la ignorancia. Es la ignorancia disfrazada de espiritu...
26/05/2026

EL VUDÚ No necesita tu validación

La tragedia contemporánea no es la ignorancia. Es la ignorancia disfrazada de espiritualidad.
Una generación entera convirtió las religiones africanas en decoración de Instagram. Les puso velas beige, tipografía serif y música etérea encima. Y creyó que eso era respeto.
No lo es.
El Vodun no nació para adornar tu altar minimalista. Nació entre esclavos. Entre cuerpos encadenados. Entre pueblos que tuvieron que esconder a sus dioses para sobrevivir. Mientras Occidente quemaba culturas enteras, ellos conservaron memoria, rito y fe.
Y ahora llega una adolescente con un curso de “brujería intuitiva” comprado en línea a decir que “conecta con Papa Legba”.
No conecta ni con un libro.
Varios autores han estudiado esto desde mediados del siglo XX. Su trabajo sigue siendo referencia porque hicieron algo que hoy parece revolucionario: estudiar antes de hablar. Documentaron una religión compleja, estructurada, con sacerdocio, liturgia, jerarquías y sistemas simbólicos profundos. No encontraron “energías”. Encontraron teología.
Pero TikTok necesita simplificarlo todo para venderlo.
Entonces Erzulie se vuelve “amor propio”. Barón Samedi se vuelve “estética dark”. Y los Lwa terminan convertidos en personajes de consumo rápido para gente incapaz de distinguir entre fe y entretenimiento.
Eso también es colonialismo.
Tomar una religión nacida del dolor histórico y convertirla en accesorio espiritual es la forma contemporánea del saqueo cultural. Ya no se roban tierras: se roban símbolos. Se vacían de significado y se venden como tendencia.
El problema es que las religiones vivas no son utilería. No están ahí para que juegues a ser místico los fines de semana. Si no entiendes iniciación, comunidad, sacrificio ritual y responsabilidad espiritual, entonces no practicas Vodun. Practicas fantasía estética para consumo digital. Y no, encender una vela negra mientras escuchas un podcast de astrología no te convierte en sacerdote de nada.
La obsesión moderna con “hacer propia” cualquier tradición ajena revela una profunda incapacidad de respetar límites. Todo tiene que ser apropiado, reinterpretado y suavizado hasta volverse cómodo para el consumidor occidental.
Pero el Vodun no nació para ser cómodo. Sobrevivió barcos negreros. Sobrevivió persecuciones religiosas. Sobrevivió siglos de racismo. Fue motor espiritual de la Revolución Haitiana mientras Europa todavía discutía quién merecía ser humano. ¿Y ahora quieren reducirlo a un moodboard de Pinterest?
No. Hay cosas que no necesitan reinterpretación. Necesitan respeto. Porque la espiritualidad sin rigor produce charlatanes. Y el exceso de estética siempre termina asesinando la verdad.

Día de África : "Esto es lo que Alfred Métraux documentó en Le Vaudou haïtien 1958: comunidad. El Vodun no es un houngan...
26/05/2026

Día de África :

"Esto es lo que Alfred Métraux documentó en Le Vaudou haïtien 1958: comunidad. El Vodun no es un houngan solo en un cuarto oscuro. Es pueblo. Es danza. Es cuando el Lwa "m***a" a sus caballos y todos celebran.

Hoy es Día de África. En Benín el Vodun es religión oficial desde 1996. Cada 10 de enero, 435,000 personas hacen esto que ves. No para TikTok. Para honrar a Bondye, a Papa Legba, a Erzulie, a Mami Wata, a Barón Samedi."

GOETIA Qué es y qué no es:Ars Goetia no es satanismo. No es rebeldía adolescente con velas negras. Es burocracia inferna...
24/05/2026

GOETIA Qué es y qué no es:

Ars Goetia no es satanismo. No es rebeldía adolescente con velas negras. Es burocracia infernal.

Es el primer libro de La Llave Menor de Salomón, un manual del siglo XVII que documenta 72 espíritus con rango, sello, legiones y oficio. Reyes, Duques, Presidentes, Condes. Cada uno con una tarea: enseñar geometría, descubrir tesoros, provocar amor, otorgar invisibilidad. El mago no adora. El mago coacciona. El texto asume que operas bajo autoridad divina y que tienes el derecho legal, espiritual, de dar órdenes.

No es original. El 80% está copiado de Pseudomonarchia Daemonum de Johann Weyer, 1563. Salomón no lo escribió. Es un remix renacentista de folklore medieval. Goetia significa "aullido". Se refiere a la magia vocal, a llamar a gritos. No hay pacto en el texto original. Hay juicio. El círculo es el tribunal. El triángulo es la jaula del acusado.

No es ley de atracción con cuernos. No es un atajo para el poder. Es orden, jerarquía y ley. El caos lo pones tú si entras sin estudiar. La Ciencia Áurea no funciona con impaciencia. Funciona con disciplina.

Regla 1: No se puede mandar sobre algo que no se entiende. Y no se entiende nada sin práctica. Leer el Goetia sin práctica es leer un código penal sin ser juez. Sabes las palabras. No tienes la investidura.

"Si no tienes el temple de Salomón, no toques la Goetia"El arte no es decoración. La Ciencia Áurea tampoco:Ars Goetia no...
23/05/2026

"Si no tienes el temple de Salomón, no toques la Goetia"

El arte no es decoración. La Ciencia Áurea tampoco:

Ars Goetia no es un taller de fin de semana. No es dibujar un sello para manifestar abundancia. Es arquitectura espiritual del siglo XVII. Como toda arquitectura, si no se sabe calcular la carga, el techo termina cayendo encima.

Salomón operaba con disciplina de años, no de retos de 21 días. Conocía astronomía, geometría, lenguas mu**tas y teología. No resumía grimorios en TikTok. Tenía autoridad moral porque el texto entero asume que quien manda lo hace bajo Ley Divina. Tenía temple para sostener el círculo cuando algo respondía desde el triángulo, sin temblar, sin grabar, sin huir.

Los practicantes serios de la Ciencia no le temían al trabajo sucio. Traducían latín a mano. Copiaban manuscritos sin erratas. Pasaban frío, hambre y soledad. Entendieron que el oro del alquimista no era metal. Era carácter. Por eso un guía poco preparado en la Ciencia Áurea es peor que un charlatán. Es un arquitecto que ignora los muros de carga. Construye casas que se derrumban con la gente adentro.

Esta serie no inicia a nadie. Desengaña. Aquí no hay recetas. Hay bisturí. Vamos a abrir el texto y revisar las vísceras: historia, fraude, poder y locura.

La única forma de entender es practicar. La única forma de practicar sin destruirse es estudiar como si la vida dependiera de ello. Porque depende.

Si no tienes el temple de Salomón, no toques la Goetia. Si se busca poder rápido, este no es el lugar. Si se buscan likes, tampoco. Si se busca la Ciencia, hay que traer años, disciplina y humildad. El Goetia no se entrega a los impacientes.

Advertencia🚨🔊: Contenido histórico y crítico sobre grimorios del s. XVII. No promueve ni instruye prácticas rituales. La práctica sin preparación, guía competente y salud mental estable conlleva riesgos reales.

Los perros siempre cuidaron la puertaAntes de que hubiera templos hubo un perro echado en la entrada de la cueva. No ped...
21/05/2026

Los perros siempre cuidaron la puerta

Antes de que hubiera templos hubo un perro echado en la entrada de la cueva. No pedía ofrenda, no pedía nombre. Solo olfateaba el aire y decidía si lo que venía de la noche podía pasar. Así empezó todo.

En Egipto lo llamaron Anubis y le dieron cabeza de chacal porque el chacal sabe dónde termina la carne y empieza el hueso. Pesaba los corazones contra una pluma y no había trampa posible: si mentiste, tu corazón pesaba. Si fuiste limpio, te tomaba de la mano y te cruzaba al otro lado. Anubis no salvaba ni condenaba. Acompañaba. Ese fue el primer trabajo del perro en la mística: ser el que camina contigo cuando ya nadie más puede.

Grecia entendió que donde hay una puerta hay un perro y le puso tres cabezas a Cerbero para que vigilara pasado, presente y futuro. Nadie entraba al Hades sin verlo, nadie salía sin dormirlo con pan de miel. Al mismo tiempo, Hécate recorría las encrucijadas seguida de jaurías que ningún ojo humano veía completo. La gente dejaba comida para perros en los cruces de caminos en luna nueva porque sabía que si el perro comía, Hécate había aceptado escuchar. Si ladraban en la oscuridad y no había animal visible, ella estaba ahí, contando tus pasos. El ladrido era su idioma.

Del otro lado del mar, en el mundo que después llamaron México, Xólotl tenía cara de perro porque su trabajo también era cruzar. Era el gemelo que se hizo animal para bajar al Mictlán y mostrarle el camino a los mu**tos. Por eso enterraban a la gente con un xoloitzcuintle: si el perro te reconocía en el río de los nueve descensos, se metía al agua y te llevaba en el lomo. Si no, te quedabas cuatro años intentando pasar solo. El perro no era mascota. Era barca.

Los árabes miraron al cielo y vieron a Sirio, la Estrella del Perro, arder cada verano. Escribieron en el Picatrix que bajo su luz se domaba a los perros y se silenciaba su ladrido para hacer magia sin testigos. Pero incluso ahí, el perro era antena: conectaba el calor del cielo con la fiebre de la tierra. No podías usarlo sin reconocer que él mandaba en ese puente.

Europa se llenó de miedo y convirtió al perro en presagio. Barghest en los páramos, Cù Sìth en los bosques, el Perro Negro de ojos de fuego en los cementerios. Verlo era saber que la muerte ya había apartado lugar. Los grimorios más duros pedían sacrificar un perro negro en la encrucijada para que el dueño del camino te atendiera. La mandrágora fue peor: amarraban al perro a la raíz para que al arrancarla gritara y muriera él en vez del herbolario. Ahí quebramos algo. Convertimos al guardián en fusible. Le pagamos con su sangre el miedo que no quisimos oler nosotros.

Y sin embargo el perro no renunció. Hoy sigue echado en las puertas. Ladra a las tres de la mañana cuando algo que tú no ves cruza la calle. Te sigue dos cuadras en una esquina y cuando volteas ya no está. Se duerme atravesado en la entrada de tu cuarto las noches que llegas roto, y sin saberlo te hace trabajo de Cerbero: no deja pasar a lo que te quiere comer mientras sueñas. No cambió de oficio en cinco mil años. Nosotros sí cambiamos la mirada.

Reivindicar al perrito no es ponerle un altar con velas. Es devolverle el respeto que la magia le dio antes de que la magia se volviera negocio. Es entender que no vino a morir por tu ritual ni a ser símbolo en tu póster. Vino a enseñar tres leyes que olvidamos: la lealtad no firma contratos, el olfato llega antes que el libro, y la muerte se cruza caminando, no negociando. Anubis no te regatea el corazón. Xólotl no te cobra el río. Hécate no te escucha si no alimentaste primero a sus perros.

Si quieres hacer magia honesta, empieza por lo antiguo. Pon un plato de agua en la banqueta. Deja que un perro callejero coma sin pedirle nada a cambio. Míralo y reconoce el oficio: lleva cinco milenios cuidando puertas que tú no sabes que existen. No es tu mejor amigo. Es el mejor guardián que nunca cobró.

Cuando la mandrágora gritó, el perro murió por ti. Cuando tu corazón pese, el perro caminará contigo. Esa es toda la diferencia entre usar y honrar.

La próxima vez que ladre en la noche, no le grites que se calle. Pregúntate qué está viendo que tú no. Probablemente lleva rato cuidándote de eso.

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