01/09/2025
Tienes que seguir encontrando alegría al hacer música, aunque no sepas dónde ponerla, como materializarla, si gustará o no, si cobras mucho o poco, cuál será su alcance, si valdrá la pena.
Tienes que seguir encontrando alegria al hacer música, aunque te paguen un cheque por hacerla, aunque la vendas al mejor postor, aunque la rutina amenace con institucionalizarte, aunque lleves años buscándola, aunque no hayas estudiado lo suficiente o tal vez demasiado.
Tienes que seguir encontrando alegría al hacer música, aunque se desgasten tus dedos por tratar de extraer belleza de la madera, de la cuerda y del metal,
aunque las ideas que no lleguen o se tarden mucho y aunque en tus notas solo logres proyectar demasiada complejidad o peor aún, vacío.
Tienes que seguir encontrando alegría al hacer música aunque la sociedad te deje a la deriva y al no saber dónde ubicarte, termines contra la pared. Aunque tus amigos te destierren, aunque tus padres quieran que te titules para que signifique algo, aunque pretendas ser el profesional más seguro o el más diestro amateur; aunque tu talento sea tan grande que raye en la banalidad, o aunque tu inseguridad sea tan grande que te petrifique; aunque te creas el mejor o el peor.
Tienes que seguir encontrando alegría al hacer música, aunque te escuche una sola persona o millones.
O aunque te escuche solo ella: la música.
Tomado del muro del maestro