20/04/2025
Pasión por el Arte
Pasión, es el gran resultado del encuentro único, profundo y perfecto entre la sensibilidad y el espíritu, de manera tan pura, sublime y total que la vida se llena de sentido. La pasión, es motivo de existencia, sin motivo, no hay dirección, sin dirección no hay ejecución, sin ejecución no hay movimiento, sin movimiento, no hay vida. Nuestra pasión por la vida, nuestras pasiones más poderosas, emergen del alma, se disparan y toman movimiento desde el corazón.
Hay pasiones constructivas y destructivas digo yo. Hay pasiones “buenas” y “malas” dicen otros. Las pasiones constructivas dependen de la sintonía personal, enaltecen, promueven y desarrollan lo mejor del ser humano. Las pasiones constructivas, las “buenas” pasiones generan armonía, se materializan en bienestar personal y social; en amor, en riqueza en formas variadas, son bellas, sublimes, poderosas y trascendentes.
Las pasiones destructivas, las “malas” pasiones, son resultado de poca sintonía interna, de un pobre trabajo personal, son egoístas, torpes, absurdas, tontas y pasajeras (a veces, tristemente, no tan pasajeras). Cuando no hay trabajo personal, cuando no hay introspección, cuando no hay madurez, cuando hay soberbia, cuando no hay dirección, cuando no hay sintonía, cuando no hay paz interna, las pasiones se convierten en el verdugo más terrible de la vida cotidiana, lamentablemente, haciendo a las personas actuar como caballos desbocados, atropellando, dañando, limitando y destruyendo estúpidamente.
Mucho se habla del arte y poco se sabe de él, de lo que implica, de lo que conlleva. La palabra “arte” tiene su raíz en el vocablo griego “techne” que significa técnica. Curiosamente, “técnica”, incluye y se refiere a los conocimientos, métodos, habilidades precisas y enfocadas para dar resultados en algo. Cuando hablamos de arte, el poderío del concepto se puede y se debe aplicar a cualquier disciplina humana.
Sin duda, lo que enaltece al arte, lo que le da sentido, es la pasión constructiva, la “buena” pasión, la cual emerge de un espíritu maduro, de un corazón armónico, de un individuo trabajado en sintonía consigo mismo, con los demás y con la naturaleza.
A lo largo de mi vida, he tenido la fortuna de convivir, aprender, sufrir, amar y sentir a muchos artistas: cantantes, pintoras, escultoras, músicos, actores y actrices, todos vinculados con las artes plásticas y escénicas.
Sin embargo, a lo largo de todos estos años, la evidencia profesional y la vida misma, me han enseñado que la pasión por el arte no es y nunca debe ser exclusiva de los artistas. Un hombre, una mujer de negocios, una administradora, un contador, un político, un maestro vinculado con el arte, viviendo con buena pasión, sobresale y transmite con mayor intensidad, con mayor fluidez sus conocimientos y habilidades profesionales, aunque no sea un profesional del arte plástico o escénico.
Vivir, es un arte, bien lo dijo Erich Fromm. Amarse a uno mismo, amar a una mujer, amar a un hombre, a un hijo, a una organización, a un país, es un arte. Dirigir una empresa, motivar a los demás a hacer, a concretar, a entregarse con pasión a esto o aquello, es menester y habilidad de un artista, es resultado del conocimiento y de la aplicación de determinados métodos que al conjugarse con pasión constructiva, dan sentido a lo que somos y hacemos.
Hoy más que nunca, el mundo, nuestro país, nuestras familias nos exigen a todos y a cada uno de nosotros vivir con buenas pasiones, con buenas técnicas, nos piden ser buenos artistas. Tenemos que vincularnos con el arte, tenemos que aprender de los artistas, de su sensibilidad, para ser excelentes artistas de lo nuestro. Nuestras relaciones deben de estar pintadas con mucho color, con buena pasión, con profunda intención y armonía.
Nuestra forma de ganar dinero, nuestra forma de ser en lo cotidiano, deben de ser las formas de un artista, con propios métodos, con propias técnicas, con propia creatividad, matices y tonalidades.
Ser artista verdadero se logra y depende de estar bien con uno mismo. Depende del empeño personal por crecer. El arte es un acto de voluntad, de consciencia, de trabajo individual que se facilita vinculándonos con personas que vibran en esa sintonía.
Sentir, vivir y entender el arte, convertirse en “artista”, toma tiempo, hay que acercarse a los que saben, hay que vivir y convivir con personas libres, maduras, que dejen fluir, sin control, sin celos, personas que sean y nos dejen ser, que disfruten la vida. Para lograrlo, ayuda mucho invertir algo de tiempo; visitar una buena galería, ir a un concierto, aprender a comer y a beber bien, leer un buen libro, valorar la naturaleza, entre otras cosas, buscando siempre empatar y entender lo que se nos quiere transmitir.
Busquemos el arte y la pasión en la vida, busquemos y encontremos a otros artistas, alejémonos de los que no valoran el arte, acerquémonos a los que lo entienden respetan, valoran y promueven, solo así podremos convertirnos en verdaderos artistas, sensibles de lo que hacemos y queremos hacer hoy y siempre.
Para reflexionar
Alfonso del Valle Azcué
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