22/09/2024
Hace algunos años tomé mi primera clase de ballet, un reto que me daba mucho miedo porque sabía que mi cuerpo no se parecía al de un bailarín tradicional. Estaba con sobrepeso y la idea de ponerme mallas me hacía sentir inseguro. Pero también sabía que si quería ser un mejor actor y bailar en teatro musical, necesitaba aprender. Durante esos meses, tomé clases tres veces por semana, con una profesora increíble que no solo nos enseñó ballet, sino también lecciones para la vida. Ella solía contarnos que cuando quería dejar la facultad de química, su profesor le dijo: 'Vaya y aprenda ballet, y si es su destino, regrese a la facultad de química. La facultad de química está llena de batas blancas pero corazones grises'. Fue ese consejo lo que la llevó a seguir su verdadera pasión.
Con esa misma filosofía de seguir lo que me apasionaba, seguí bailando. A pesar de mis inseguridades, me di cuenta de que lo importante no es el cuerpo que tienes, sino la pasión y dedicación que pones en lo que haces. Recuerdo también las palabras de un profesor cuando estudié la carrera técnica en danza contemporánea: 'Aunque no tienes el cuerpo adecuado para ballet, tu magia es tu disciplina, eso es lo que te hace especial'.
'La misa de gorriones', como tituló nuestra coreógrafa la pieza final, no solo me enseñó a bailar, sino que me mostró el valor de la perseverancia y el apoyo de un grupo de personas increíbles. Hoy, miro atrás con cariño y orgullo por haber dado ese primer paso, aunque me daba pena mi apariencia en ese entonces.
Si alguna vez has sentido que tu cuerpo no encaja en el mundo de las artes, recuerda que lo único que importa es que te atrevas a empezar. A todos los que sueñan con bailar, actuar o cantar: ¡nunca dejen que sus inseguridades los detengan!
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