18/08/2026
Visto x ahí…
HISTORIAS DE LA WEB
Maximiliano y el mole mexicano
“Todos nos imaginamos a Maximiliano y Carlota comiendo faisán con cubiertos de oro. Y sí, algo de eso había.
Pero aquí va el chisme que nadie cuenta: cuando a Maximiliano le sirvieron el orgullo nacional, el mole, le cayó pesado. Lo escribió Salvador Novo. El emperador que vino a gobernarnos no le agarró el gusto al platillo que los mexicanos morían por presumirle.
Porque esa fue la historia de la mesa imperial: un choque cultural servido en charola. Mientras los mexicanos insistían en que sus majestades probaran el mole y el pulque, a Carlota se le antojaban codornices, cortes finos y su adorada champaña rosa, la bebida de moda. Y Maximiliano, más que comelón, era buen catador: lo suyo eran los vinos del Rin, de Jerez, de Burdeos y de Borgoña. La cava del Castillo de Chapultepec estaba repleta de vinos de Hungría y Francia. (Dato curioso para brindar: los ricos mexicanos de entonces casi no tomaban vino... pero el pulque nunca faltaba.)
La cocina del Alcázar era un imperio en sí misma. La dirigía un húngaro de apellido Tudor, con seis cocineros, cuatro confiteros, un panadero y más de una docena de ayudantes. La vajilla imperial tenía casi cinco mil piezas de orfebrería. Y de ahí, de esa fusión medio forzada entre Europa y México, salieron cosas que hoy comemos sin saber su origen: las crepas de huitlacoche nacieron en esa época, dicen que las rajas poblanas también, y la milanesa se popularizó gracias al gusto de la corte por la carne "alla milanese".
¿El platillo favorito del emperador? Nada de faisanes: los sencillos chiles rellenos de queso. Y con el tiempo, tras recorrer el país, Maximiliano terminó rindiéndose ante el adobo de chiles secos, los moles, los pipianes, las tortillas de maíz y, sí, hasta el pulque.
Mi anécdota favorita: Carlota invitaba a las señoras de buena familia a tomar chocolate con pan dulce, y casi le da el soponcio cuando las vio sopear las conchas en el chocolate. La emperatriz no entendía. Nosotros, hasta la fecha, no entendemos cómo se puede vivir de otra manera.
Al final, un imperio que duró apenas tres años nos dejó, en la mesa, más de lo que nos dejó en la historia”
En X .