25/09/2025
El Instante que viene (texto colectivo)
Había sulfato entre sus parpadeos. Una esencia extraña que combinaba con el tic tac de sus latidos. Un boom que viene, se transforma en péndulo y desaparece entre las oscilaciones de los sustantivos. La mente considera que el sueño supera el límite de la creación propia. El asfalto se funde en un suspiro. Del instante que viene, se manifiesta la deriva. Un par de signos interrogantes después. El código se desenmaraña
La primera pista estaba en la huella de combustión en sus párpados. Luego de aquel ritual, lo habían juzgado. Le habían impuesto palabras desdeñosas. Lo habían extraviado.
Los creyó leales, dignos acompañantes en aquella, su búsqueda. Pero ahora, de espaldas al tapete negro, viscoso y asfixiante, se siente atrapado, lo agobia la verdad. ¿Acaso alguien quiere escucharla?
Se esfuerza por mantenerse racional; ganando tiempo para hallar la pronta solución a ese pequeño trozo del problema. Pero cómo evitarse el divagar entre el dolor de las punzadas que agrietas sus sienes… Camina hacia el frente se dice a sí mismo… mas su brújula interna va descalibrándose mientras sus pies avanzan uno tras de otro a la deriva sin que la visión rutinaria le brinde referencia alguna… Se talla los ojos suavemente tratando de arrancar las costras verdosas pegajostreadas que brotan a borbotones… No ha de servir de mucho, ya que, en su inocencia desconoce el grado de hinchazón que ha de evitarle enfocar… Las punzadas nuevamente… El dolor intenso le carcome por dentro de todo su ser mientras que la oscuridad susurra maliciosas carcajadas.
La miré ansiosa, acaricié su mano como cada viernes después de ver la tele, quería tocarla, desnudarla, provocar su deseo, el que meses atrás se había apagado, me miró a los ojos y ahí lo supe, pero estuve segura de que mi relación con ella había terminado cuando esbozó una sonrisa dulce; rompia conmigo en silencio, sin reclamos ni acusaciones, quizá eso era lo mejor desde un punto de vista ordinario, pero después de conocer las batientes oleadas de su apasionado carácter, recibir como premio de consolación una fingida sonrisa significaba un golpe de fracaso para mi.
Detrás de las ventanas, la ciudad grita que la guerra ha comenzado. Toda la luz de las miradas deambula entre el cielo y los próximos infiernos. El amor y el fracaso se parecen tanto cuando el tiempo restante son horas o días. La sabiduría del cuerpo se manifiesta en el estómago. Lloran. Ya no existe rutina para contenerlos, para dar segundas oportunidades. El color de la sangre que antes contenía su deseo, es ahora la puerta de entrada y salida a una verdad que pronto abrirá su intimidad para siempre. Lo finito de la locura sale al vórtice de asfalto y se convierte en sus propias carcajadas. La vida se vuelve pegajosa, muda, dispuesta a desaparecer de los ojos.
Y... los puntos suspensivos brotan en un instante... lo liberan. El divagar se pierde en el umbral de la inexistencia, pues ser objetivo ya no es una opción. Sin pensar, sus pensamientos se alinean en un crisol del habla que sólo habla. En una palabra, que refleja lo que calló sin observar las esquinas de su mente; una mente que ahora se levanta. Sí, por fin, libre. Es un fantasma que no da miedo; vomita indiferencia. Un resquicio de la basura acumulada en el armario de su alma, esa que le dijeron "es divina", se besa de forma nihilista con un "yo" paralelo a este mundo. Se reformula, y descalzo, camina; desnudo, se mira tal cual es, y toma una sonrisa prestada para emerger a diario, vagabundo y oficinista.
Vamos a volar.