28/10/2024
FUNCION PRIVADA
En una de tantas noches, donde la oscuridad es reemplazada por la luz de la luna llena a las afueras de un viejo pueblo hay una casa algo alejada de las demás…
Las habitaciones sin energía eléctrica eran iluminadas por la luz de la luna gracias a sus grandes ventanas. La iluminación tenue pero perfecta dejaba ver la decoración del lugar, al costado de las puertas se hallaban las estatuas de payasos con una mirada feroz, como quien tiene ganas de asesinar. La alfombra brilla por los colores de vivo resplandor irreemplazables y que decir del papel tapiz las pequeñas sombras de arlequines hacían acrobacias y reían sin parar acompañados de cuadros inmensos de criaturas siniestras vestidas como bufones de los antiguos reyes. La melodía circense hacía de fondo de ese escenario, en medio de aquel tétrico lugar estaba él, esposado en el viejo sillón de colores.
―Hola, ¿cómo está usted, Alexander? ―dijo en coro una joven pareja.
―Buenas noches― respondió este, con una sonrisa, tratando de ocultar la pena que tenía por ellos aunque hacía tiempo que no los veía.
Vamos a cenar algo o ¿quieres que te dejemos por el camino?- dijeron con una gran sonrisa.
― ¿Cómo puede alguien sonreír así luego de haber perdido hace poco a su único hijo Kevin? ― pensó Alexander algo confundido mientras los observaba.
―Vamos anímate ― insistían.
―Está bien― finalmente acepto.
Entre sonrisas fingidas y conversaciones sin sentido se llevó a cabo una cena muy amena donde todos interactúan sin problemas la joven pareja y Alexander, así terminó aquella reunión en el viejo restaurant del pueblo.
―Te llevamos.
―No se preocupen, yo tomo un taxi― respondió Alexander
―Nos queda de camino, no nos cuesta nada dejarte ― insisto la pareja.
―Bueno, gracias.
Al pasar los minutos entre risas y bromas, los mareos, náuseas invadieron a Alexander, los vómitos fueron continuos al punto que tuvieron que parar varias veces, para que pudiera respirar...
― ¿Te encuentras bien? ― preguntaron Josué y Anahí.
―sí, no se preoc... ― trato de contestar Alexander antes de perder el conocimiento.
Con la respiración entrecortada aún entrecortada por algún tipo de dolor interno, pero ya con conocimiento despertó Alexander, esposado en un viejo sillón a colores y la decoración circense acompañaba el tétrico lugar.
Las risas silenciosas de todos los payasos que lo rodeaban esa decoración (circense) y el jadeo de Alexander era el tema de fondo de escena de ese lugar, hasta que el silencio se apoderó de todo.
El silencio fue roto por las risas sarcásticas de un hombre y una mujer que caminaban como si arrastraran una gran caja al otro lado de la habitación, Alexander logró seguir el sonido hasta la puerta de aquel tétrico y horroroso cuarto.
― ¡DISCULPEN LA DEMORA! ― grito un payaso al entrar con algunas acrobacias, la lágrimas dibujada en su mejilla acompañaba su extravagante sonrisa.
― ¡ESPERO QUE DISFRUTEN DE LA FUNCIÓN PRIVADA! ― dijo otro al entrar en escena, con acrobacias aún más complicadas que la anterior.
Ambos payasos se hacían de forma mutua, bromas pesadas, juegos tontos y cada locura que se les ocurría con referencia a la muerte; aunque sus ropas eran multicolores se podía notar lo rasgada que estaban y qué decir de la tierra del cual estaban manchadas.
― ¡Ustedes están locos, al igual que su estúpido hijo! ― grito Alexander tratando de parar la función, pero esto continuó sin tomar importancia a aquellos alaridos, hasta terminar su rutina, la pareja de payasos se acercaron lo bastante a él, para que los reconozca luego de quitarse la máscara.
Josué y Anahí mostraban sonrisas retorcidas delante de Alexander; mientras reían y agradecen con reverencias hacia su invitado especial. Los gritos desesperados de Alexander los tomaban como si fuesen aplausos de un ferviente público.
― ¡Ahora, la función debe continuar! ― dijo Josué mientras le sonreía a Anahí, ignorando totalmente los gritos y blasfemias de Alexander.
Ambos cogieron la caja que resultó ser un ataúd la pararon e hicieron círculos extraños alrededor de este, cogieron viejos libros, los cuales leyeron con cómicas posturas risas ficticias lágrimas para finalmente dejar los libros y abrir el ataúd, haciendo que un cadáver putrefacto lleno de gusanos cayera al suelo.
―Te dije que esta locura no funcionaría ― susurro Anahí tratando de ocultar las lágrimas de sus ojos.
―Tranquila lo estuve estudiando por meses, este es el comienzo y los otros que participaron terminarán dándole la vida que le quitaron― dijo Josué, haciendo movimientos extraños.
El miedo de Alexander era acompañado por sus gritos, el sonido que anuncia la llegada del circo empezó a sonar de forma estridente y rápida, los restos del pequeño Kevin seguía tirado en el suelo disfrazado como un pequeño payaso. Esto hizo que Alexander recuerde la pequeña broma hizo, aunque en ese momento este no pensó que le causaría la muerte al pequeño, nadie imaginó que moriría por ese pequeño empujón, ni él, ni sus amigos pensaron que se rompería el cuello con esa pequeña caída.
El olor putrefacto era cada vez más intenso, aumentando las náuseas de Alexander y obligándolo, a vomitar sobre sí mismo, el pánico y el miedo lo invadieron a tal extremo que impidieron que emane gritos, al ver cómo el cuerpo del pequeño Kevin empezaba a moverse, el cadáver putrefacto disfrazado de payaso abrió los ojos, aunque no hablaba, emitía un gruñido aterrador. Alexander con los ojos desorbitados por el miedo y lágrimas en ellos hacían que su visión sea distorsionada la saliva impedía que gritara, a pesar de su distorsionada mirada pudo notar como ese repugnante ser se acercaba a él. La risa de los padres del pequeño payaso se mezclaba con la tonada del circo y los gritos de dolor que trataba de emitir Alexander mientras el pequeño le arrancaba la piel a mordiscos.