15/09/2020
Heeey... Vayan a seguir a Rammstitanic para contenido obscuro interesante y black art
- EL MANICOMIO DE MÉRIDA-
José era un joven reportero que vivía en la Ciudad de México y estaba harto de hacer siempre el mismo tipo de notas para el periódico. De alguna manera logró convencer a su jefe de viajar a Mérida para investigar sobre un viejo manicomio, y preparar un reportaje espectacular. Se marchó muy entusiasmado y no sin antes despedirse de su esposa, quien le pidió que la llamara apenas llegara a su destino.
Al llegar a Mérida, estaba a muy pocos kilómetros del hotel en el que se hospedaría cuando el motor de su coche se averió. El joven se sintió frustrado. Estaba a mitad de la nada pero lo único que veía, era el deteriorado manicomio que parecía invitarlo a entrar, de manera siniestra.
El periodista prefería explorarlo de día, no quiso admitir que sentía miedo; como si algo estuviera mal en el ambiente.
Cansado, notó que un autobús se acercaba y fue hasta la carretera para hacerle señas de que se detuviera. Pero el transporte pasó de largo.
—¡Maldita sea! —masculló molesto, justo antes de que dos luces blancas cegaran su visión, haciendo que perdiera la conciencia.
Cuando despertó, José se encontró tirado a medio camino, mientras una mujer vestida de blanco lo examinaba.
—¡Menos mal que recuperó la conciencia! Por favor, venga conmigo al manicomio. Allí podré revisarlo mejor y podrá pasar la noche, todo va a estar bien. Soy médica.
Sin otra alternativa y aliviado de encontrarse acompañado, José aceptó y entró en el lugar. La mujer le prometió que por la mañana, le contaría como se manejaban las cosas en el lugar, algo que le sería de mucha utilidad en su reportaje. Una vez adentro, la doctora le señaló una cama sobre la que se quedó profundamente dormido.
Despertó a medianoche, sobresaltado por unos gritos macabros y desgarradores. Temblando de miedo y contradiciendo lo que le decía su deber como periodista, José se quedó donde estaba, ya que de todas maneras y como acababa de comprobar, las puertas estaban fuertemente cerradas.
A la mañana siguiente, durante el desayuno, le preguntó a la doctora quien había gritado y por que.
—Oh, eso. No es nada, no se preocupe. Por favor, quédese una noche más para que pueda recuperarse. Creo que todavía sigue afectado por el incidente.
No muy convencido, José volvió a aceptar la oferta, con la sospecha de que algo muy malo estaba pasando allí. Esa noche volvió a despertarse por aquellos gritos infernales, que le pusieron los pelos de punta.
Esta vez trató de escapar.
Dos miembros del personal lo descubrieron y lo arrastraron hasta una habitación en la que fue sujetado a una camilla, y sometido a una sesión de shocks eléctricos, que confundieron su cerebro. El periodista perdió la razón, comportándose como un mu**to en vida a lo largo de dos semanas.
Finalmente logró recordar quien era, donde estaba y a su esposa. Aprovechando un descuido de la doctora, tomó el teléfono de su oficina y la llamó para pedirle ayuda.
—Amor, ¡eres tú? ¡Por favor, sácame de aquí! ¡Me tienen encerrado en el manicomio! ¡Ayúdame,! ¡Ayúdame!
—¿Qué clase de broma es esta? ¡Deje de molestar, señor! Mi marido murió hace dos semanas.
José escuchó como su esposa colgaba y a continuación, vio entrar a la doctora con una macabra sonrisa.
—Bienvenido al purgatorio, José. Este es tu nuevo hogar. Un hogar en el que habitarás eternamente.