11/06/2026
10 AÑOS DEL CENTRO CULTURAL MANUEL GONZÁLEZ SERRANO
Por: Rocío Salas Arreola
Fotos: Lagos Post
Lo que nació como una apuesta por resarcir el tejido social y saldar una deuda histórica con el arte local, hoy cumple una década debatiéndose entre la apropiación ciudadana y la apatía de sus administradores. El Centro Cultural Manuel González Serrano cumple 10 años de existencia, un trayecto que refleja fielmente las complejidades de la gestión pública y la continuidad de la vida cultural en el municipio.
El rescate de la memoria y el espacio público.
La historia del inmueble es, en sí misma, una capa de la memoria urbana de Lagos. El edificio que albergó a la emblemática Casa Agraria en la segunda década del siglo XX y que posteriormente funcionó como el Colegio Insurgentes hasta finales de los noventa, pasó años en el abandono antes de su intervención. Fue durante la administración de Juan Alberto Márquez (2015-2018) cuando se consolidó su restauración para transformarlo en un núcleo dedicado a las artes.
Más allá de los cuestionamientos políticos legítimos que rodearon a su trienio, la gestión del llamado "Güero" Márquez mantuvo un énfasis claro en la descentralización de la cultura. Bajo esa visión, se abrieron espacios en Cristeros, Comanja de Corona y se impulsaron talleres en diversas comunidades rurales y escuelas, buscando ofrecer a infancias y juventudes alternativas frente al panorama de vulnerabilidad y violencia. El Centro Cultural quedó establecido como un punto neurálgico para la creación y el aprendizaje.
La elección del nombre no fue menor. Manuel González Serrano, uno de los pintores mexicanos más complejos e importantes del siglo XX, permaneció por mucho tiempo marginado de la narrativa oficial de la "historia culta" laguense. Su propia casa natal, colindante con el centro (en la zona conocida como Montecristo), fue edificada por su abuelo, Primitivo Serrano.
Este último, arquitecto y político fundamental, es otro personaje cuya relevancia sigue sin ser visibilizada con la justicia que merece. Primitivo Serrano fue el responsable de la construcción del Teatro José Rosas Moreno, así como de numerosas casonas y haciendas que definen el paisaje local. Sin el legado arquitectónico de Serrano, no se podría dimensionar la fisonomía del primer cuadro de la ciudad ni el sustento para la declaratoria de Zona de Monumentos Históricos.
“Lagos atiende una deuda, la de incorporar a Manuel González Serrano en el sitio que ganó, al lado de los ilustres que dan razón de ser al espíritu laguense”, pronunció el entonces alcalde durante el acto inaugural, subrayando que el eje del proyecto era contrarrestar las manifestaciones de violencia mediante el acceso comunitario al arte, un rubro históricamente desatendido.
Para junio de 2016, el espacio vivió su consolidación protocolaria con una reinauguración que congregó a la entonces Secretaria de Cultura de Jalisco, Myriam Vachez; a María Helena González, sobrina del pintor; a la diputada federal Soraya Flores, así como a la comunidad artística y la ciudadanía.
La resistencia frente a la apatía burocrática.
A una década de distancia, el Centro Cultural ha transitado por distintas etapas que evidencian cómo los cambios de gobierno y las cuotas políticas impactan directamente en los bienes públicos.
En sus inicios, la dirección de Ángel Pérez comenzó a dotar de estructura al recinto, creando los primeros talleres. Posteriormente, la gestión del maestro Alberto Cotta logró concretar una oferta sólida y diversa que incluyó talleres de música, pintura, canto, exposiciones constantes y un cineclub que dinamizó la vida vespertina del barrio.
Sin embargo, desde hace siete años, el espacio padece las consecuencias de una dirección aletargada y carente de visión bajo el mando de Yahi Terrés. En el ámbito cultural local, es un secreto a voces que la permanencia de Terrés obedece al peso del apellido y a los vínculos de amistad con el poder en turno, más que a un perfil idóneo o a la presentación de resultados. Durante su gestión, las iniciativas propias han escaseado y la difusión institucional se ha apagado considerablemente.
Si el Centro Cultural Manuel González Serrano sigue vivo a sus 10 años, no es por su dirección actual. Su supervivencia radica estrictamente en la base: en los maestros que defienden sus horas de clase, en los creadores locales que se niegan a perder el espacio y en el público (niños, jóvenes y adultos) que ha encontrado en estas paredes un refugio indispensable para el esparcimiento, la salud mental y el aprendizaje de una disciplina artística en un contexto social que sigue urgido de espacios de paz.
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