07/08/2026
Con Motivo de los 100 años de la guerra cristera en México, existe una historia en Jitotol.
Las banderas de San Juan que libraron al pueblo.
Se cuenta que durante la Guerra Cristera, que se extendió por todo el territorio nacional, venían tropas de pueblo en pueblo quemando santos y clausurando templos. Jitotol era paso obligado en el camino real hacia Villahermosa.
Una mañana de neblina espesa y llovizna menuda, sonaron con fuerza las campanas de nuestra parroquia. Era la señal. El pequeño pueblo creyente se reunió. Había que esconder a los santos.
El Santo Entierro, la Virgen de Dolores y el Cristo fueron llevados con sigilo hasta la colina del Calvario, al bosque que todos conocemos como La Campana. Se resguardaron en cuevas, bajo la tierra húmeda y entre los ocotes.
Entonces ocurrió lo extraordinario.
Llegaron al altar mayor para tomar al Santo Patrón, a San Juan Bautista, y no pudieron moverlo. El patrón se hizo pesado. Pesado como una roca. Ningún hombre pudo levantarlo del altar.
El susto y el murmullo del pueblo zoque retumbó entre los muros. Entre lágrimas y miedo, el pueblo quedó en un silencio profundo. Las demás imágenes fueron resguardadas en casas de los cofrades más ancianos, en petates y en baúles.
Pasaron los días.
Y de pronto, por el camino real, se anunció que venían las tropas federales. Venían con la orden de supervisar que los templos estuvieran cerrados y de hacer la quema de santos en las plazas públicas.
Fue entonces cuando sucedió el segundo milagro.
A lo lejos, los soldados vieron ondear un par de banderas rojas con filo azul. Y detrás de ellas, a un hombre con una bandera en la mano y, tras él, a una gran multitud armada, dispuesta a defender su fe.
Al ver aquello, el pequeño batallón comprendió que no podría entrar. Era un pueblo entero levantado. Decidieron entonces desviar su camino y no entrar a Jitotol.
Pero la gran sorpresa fue que en el pueblo solo había miedo y silencio. Solo la niebla a ras de suelo y aquella soledad de los días de persecución. No había multitud. No había ejército. Solo fe.
Ahí nace la historia de la aparición de las Banderas de San Juan para proteger al pueblo de Jitotol.
Hay dos o tres versiones que cuentan los abuelos, pero en todas coincide lo mismo: San Juan Bautista libró al pueblo de la entrada de los federales. Él mismo, con sus banderas, se puso a la entrada para que no profanaran su casa.
Este 2026 se cumplen 100 años del movimiento cristero que marcó a todo un país. En muchos lugares de México hubo manifestaciones divinas que hasta hoy se siguen recordando. En Jitotol, la nuestra sigue viva.
Que esta historia no se pierda. Que la sigan contando los abuelos a los nietos, como nos la contaron a nosotros.
Durante varias pláticas recopilé datos y las versiones, mis oídos escucharon a Doña Antonia Gómez tenía 85 años de edad, al Señor Evodio Balcazar Díaz, Matilde Gutiérrez Balcazar, Selerino Gutiérrez, Bonifacio Gutiérrez, Don Modesto de ejido Calido. Y en familias de Jitotol se cuenta aún el acontecimiento.
Respetuosamente