02/02/2026
“Después del golpe”
A los 22 años mi vida se partió en dos.
Un segundo. Un error. Un accidente.
Y desperté en un cuerpo que ya no era el mío de antes.
Silla de ruedas.
Cirugías.
Miradas raras.
Silencios incómodos.
Y lo peor: opiniones.
Gente que no estuvo ahí, diciendo que fue mi culpa.
Que “yo me lo busqué”.
Que si hubiera hecho tal o cual cosa, hoy estaría caminando.
Como si la vida fuera un castigo perfecto.
Como si el dolor necesitara un culpable para que a ellos les dé tranquilidad.
Pero nadie sintió lo que es tener 22 años y te digan que tu vida cambió para siempre.
Nadie sintió lo que es mirar a tus amigos correr, jugar, vivir sin pensar en su cuerpo… mientras el tuyo se siente ajeno.
Nadie entiende lo que pasa por la cabeza de una persona que de golpe deja de reconocerse.
Yo no quería ser “pobrecito”.
No quería ser “el de la silla”.
Quería ser uno más. Equivocarme, salir, hacer boludeces, reírme fuerte, gustarle a alguien, sentirme normal.
Y cuando la cabeza no puede con tanto… uno se anestesia.
Alcohol.
Dr**as.
No para hacerme el vivo.
No por rebeldía.
Sino para no sentir. Para apagar el ruido de adentro. Para no pensar en lo que había perdido. Para engañarme un rato y creer que la silla no definía mi persona.
Pero la realidad siempre vuelve.
Y vuelve más pesada cuando la vienés esquivando.
La pasé mal. Muy mal.
Hubo bronca, vergüenza, tristeza, comparación constante.
Hubo momentos donde me sentí menos, roto, fuera del mundo.
Hubo noches largas donde mi cabeza era un lugar oscuro.
Y mientras yo peleaba batallas que nadie veía, desde afuera algunos seguían opinando sin tener idea.
Pero acá está lo que muchos no ven:
Sigo acá.
Con un cuerpo que funciona distinto, sí.
Con limitaciones, sí.
Pero también con una resistencia mental que no se aprende en un libro.
Soy persona.
Amo.
Siento.
Me equivoco.
Me levanto.
Vuelvo a intentar.
Y hoy estoy en otro momento de mi vida.
Uno incómodo, pero real.
Estoy dejando cosas atrás. Hábitos que usé durante años para tapar lo que dolía. Estoy aprendiendo a estar conmigo sin anestesia, sin escape, sin humo que me nuble la cabeza.
Y no es fácil.
Hay noches donde la ansiedad aprieta.
Donde cuesta dormir.
Donde la cabeza se llena de cosas.
Pero por primera vez en mucho tiempo, no estoy huyendo de eso. Lo estoy atravesando.
Eso también es fuerza.
Eso también es valentía.
Aunque nadie lo aplauda.
Mi historia no es para que me tengan lástima.
Es para que entiendan que antes de juzgar a alguien por lo que ven hoy, hay una guerra que quizás no vieron.
Yo no soy mi accidente.
No soy mis adicciones.
No soy mis peores momentos.
Soy el que sobrevivió a todo eso.
El que cayó, se perdió, se anestesió… y aún así está volviendo a elegirse.
Y eso, guste o no, también es coraje.🫀🦅