14/07/2020
Visitas al Psicólogo
PRIMERA PARTE
Sábado
Jamás me imagine tener que poner una cita psicológica. Pero desde que leí esa carta me siento extraño; hay ocasiones en las que veo una sombra pero no distingo su forma. En las noche me despierto aterrado escuchando susurros muy perturbadores, ¿Eso qué significa? Cada mañana tengo una herida nueva en el cuerpo, necesito que esto pare. Ya llegué a pensar que soy yo el que se flagela; ¿Necesitaré medicamento? Espero que no; espero solo necesitar ayuda profesional.
Añoraba que se dieran las 3:00 pm para poder salir directamente a mi cita. Necesito respuestas y quizá un especialista podría dármelas; y me recomendaron a una psicóloga muy buena, se llama Irina Alvarez.
Mi jornada laboral termino. Estaba tan desesperado por ir a la terapia que ni cuenta me di cuando salí prácticamente corriendo de la oficina, ¿Marqué mi sale? No importa, que cuenten como horas extras; trabajo en una editorial en centro de la Ciudad de México y el consultorio queda muy cerca de mi edificio, a solo un par de cuadras. No sé ni en que momento llegue al consultorio; tan así que no recuerdo haberme detenido en algún cruce peatonal.
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El consultorio era acogedor; el piso era de un laminado oscuro que hace buen contraste con el revestimiento blanco de las paredes. Unos sillones amarillo mostaza con un par de cojines blancos con detalles negros en sus costuras, justo en medio de ambos una planta para interiores muy verde que hace buen juego la mesa de centro con base de cristal. El recepcionista estaba muy concentrado en sus labores, después de haberme recibido y observado el lugar, tomé asiento y me dispuse a esperar.
Estaba tan sumergido en mis pensamientos que no me di cuenta cuando apareció la psicóloga. Ni siquiera había pensado en que iba a decir, en como comenzar a contarle esto, pero de alguna forma le planteare lo que me aqueja.
- Joven, ¿Matias Cázarez? - se escuchó una voz algo joven pero con gran firmeza.
- Si, si... Soy yo. - dije con nerviosismo y con la mirada perdida en la pared de la sala de espera. - Lo siento, estaba pensando...
- No se preocupe, ahorita podemos hablar sobre ello. - dijo mientras extendía su mano para saludarme.
El consultorio no era la gran cosa; solo era un escritorio y un stand con varios libros de psicología, se veía un archivero; me imagino era donde tenía todos los expedientes de cada persona que había pasado por esta sala y una planta más para interiores en la esquina izquierda del fondo.
Dirán qué es por los nervios pero la verdad, sentí la necesidad de romper el hielo con la típica pregunta de algo id**ta pero ingenioso. Por suerte no necesite hacer esa pregunta, ya qué ella se encargo de iniciar.
- Joven Cázarez, antes de comenzar déjeme decirle como nos manejaremos. La sesión tiene una duración de 50 min, de los cuales al finalizar le haré una retroalimentación. - lo dijo con semblante muy serio. - Primeramente, debe de saber que yo abordo todo de manera psicológica, enfocada en las habilidades personales y sociales. Trabajáremos en base a tres áreas...
- Entonces, ¿No me va a dar medicamentos, o sí? - la interrumpí antes de que prosiguiera.
- No, cómo le comentaba yo nada más trabajo de manera psicológica; en caso de que yo consideré que es necesario tenerlo medicado, lo canalizaría con algún siquiatra experto para que continúe con el proceso que usted necesite. - dijo la Señorita Alvarez - Como le decía, trabajaremos enfocados con base a tres áreas: los pensamientos, las emociones y las conductas; para así ver si podemos mejorar alguna de estas áreas o todas. Lo que aquí se comente será solo entre usted y yo. Nada de lo que diga será divulgado. Como sabe yo soy Irina Alvarez y para mí es un gusto ser su psicóloga. Le haré una entrevista inicial para poder entender un poco más sobre usted y poder identificar algún problema a tratar... ¿Le parece bien sí comenzamos?
- Perfecto, entonces comencemos. - dije mientras procesaba toda la información.
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No hablamos sobre la carta, pero se quedó de referencia principal y puse cita para la próxima semana así que tendré que esperar. Pondré toda mí fe en esto.
Lo curioso es que todo comenzó a suceder cuando me mude a ese departamento pero aun así, todo se intensificó cuando leí esa carta. El contenido no tenía lógica y tampoco que haya llegado hasta mis manos. Pero si bien, de pasar a solo tener pesadillas a que hora despierte con golpes en el cuerpo o que vea siluetas extrañas rondar por mi departamento, eso ya es muy diferente y extraño. Puedo decir que incluso ahora presiento cuando algo malo va a ocurrirme.
Jueves
Acabo de despertar, son las 3:37 am, un ruido en el cuarto de al lado me despertó. Solo escuché que algo se cayó y un susurro irreconocible después del estruendo le acompañaba. No sé que hacer, no quiero ir a revisar, pero quizá alguien entró a robar. Vivo en el cuarto piso de seis que hay, no tiene lógica, el balcón no conecta con ninguno de arriba, tendrían que haber saltado desde el techo...
No me quedó más remedio que llamar al guardia del edificio para que viniera a revisar. Cuando llegó revisamos todo el departamento y no encontramos nada, ni siquiera algo roto. El cuarto de al lado estaba intacto y no tengo vecinos. No quedó de otra que volver a dormir.
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No logré consolidar el sueño y me quedé despierto. Eran las 4:49 am cuando decidí volver a revisar cada ventana y puerta del departamento, aunque era totalmente innecesario por que, ¿Quién carajos puede entrar por la ventana del balcón si me encuentro en el cuarto piso? Nadie.
No supe en que momento me quedé dormido de vuelta, pero me despertó el sonido de la alarma a las 6:45 am, y después de haber dormido no muy bien aun veía borroso cuando me senté en la cama y alcancé a ver algo en la puerta de mi habitación, como una sombra. Pero al mirar bien no había nada.
Juro qué desde que leí esa carta que parecía sacada de un ma***to sitio de creepy pastas cualquiera, empecé a volverme loco. Pero de seguro esto tiene alguna explicación, me estoy sugestionando, es lo más probable.
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La mañana transcurrió normal, logré hasta olvidar lo ocurrido. Saliendo de trabajar fui a casa y solo sentía el ambiente un poco pesado; me quedé mirando el departamento cuando entré, algo se veía diferente pero no pude distinguir que era. La sala estaba acomodada justo en una esquina al fondo del lado derecho a un costado de la ventana, los cuadros que compre estaban en su sitio; a mi lado izquierdo la cocina y el comedor, una mesa redonda color crema con 5 sillas al rededor color chocolate, la cocina con su encimera de granito color crema y sus gabinetes color chocolate a juego con el comedor. Los pisos de cerámica grisácea por todo el departamento estaban en excelente estado y al fondo se veía la estancia que dividía los dos cuartos del departamento y el baño.
Decidí descansar un momento y más tarde salí a cenar con unos compañeros del trabajo, uno de ellos cumplía años y nos habían invitado a un convivio. Pero no hablé mucho, sentía que no encajaba con el lugar y por ende, decidí partir temprano, cosa que normalmente no ocurre.
Me encontraba a unas cuantas manzanas cuando una sensación de miedo me invadió por completo. Empecé a sentir que algo no estaba bien, que no debía de llegar a casa y que mi hogar no sería mi aleado esta noche. Cuando por fin atravesé la puerta del edificio y me dirigía al ascensor; mi cuerpo empezó a colapsar. Comencé a marearme y las náuseas se apoderaron de mi cuerpo, en eso, el elevador se abrió en el tercer piso.
Al fondo se distinguía una persona alta; como de dos metros, muy delgada, con dedos largos y uñas largas, ropa negra (supongo, porque parecía una sombra), por lo que se alcanzaba apreciar tenía el cabello por encima de los hombros pero por debajo de sus orejas; era como una sombra. Estaba de espaldas a mí. De repente el ascensor siguió su curso, nadie subió; esa “persona o cosa” comenzó lentamente a voltear mientras que este se cerraba.
Se abrió en el cuarto piso y corrí hasta mi puerta; solo sentía una presión en mi pecho y el vomito por salir. Terminé vomitando en el lava-trastes porque no alcancé a llegar al baño. Ese sentimiento de horror no partía, así qué mi decisión fue dejar las luces encendidas de todo el departamento, cerré puertas y ventanas, y me dispuse a ver una película animada porque no me quería sentir tan solo.
Viernes
Cómo días anteriores, no recuerdo cuando me quedé dormido pero desperté a las 3:37 am, exactamente igual que la vez anterior. Me senté en la cama y caí en cuenta que las luces de mi cuarto estaban encendidas pero, como tenía la puerta abierta de mi habitación, podía observar la puerta de la otra desde allí y lo raro no era que podía ver la puerta, siempre ha sido así, sino que las luces del resto del departamento estaban apagadas menos la mía y la puerta de esa habitación estaba abierta. Por un instante me pareció raro pero no le tome importancia porque quizá yo las apagué antes de dormir y no lo recordaba.
Mi garganta la sentía tan seca que no generaba nada de saliva, esta vez me había acabado la botella de agua que traía conmigo cada noche al cuarto; lo peor es que estaba a punto de lamentarme haberme quedado sin agua.
De nuevo esa sensación en el pecho y esas nauseas me invadían; aun así empecé a caminar hacia la cocina muy lentamente para rellenar mi botella pero comencé a creer que estaban mirándome y muy en el fondo de mí pensaba , lamente no haberme hecho caso.
No aplaste el interruptor; la luz que entraba por los costados de las cortinas de la sala era mas que suficientes para poder verlo. Estaba ahí. Sentado en el sillón de la sala con la pierna derecha cruzada sobre la izquierda, tenia algo en la mano y jugaba con eso, parecía una cola, tenia un movimiento lento, muy lento, cuando... sonrió. Fue una sonrisa burlesca, una sonrisa totalmente aterradora y burlesca. No recuerdo nada de esa noche, ni siquiera que fue lo que hice después de ver aquella cosa. Pero desperté en cama completamente empapado en sudor, tenía arañado el brazo derecho y moretones en el izquierdo, como si me hubieras apretado muy fuerte, y a un lado de mi cama estaba la botella aun con un cuarto de agua. La bebí.
Por Armando Islas