25/04/2022
Colaboración con Sabina Villagomez para la serie LATITUDES.
Dar irrealidad a una imagen adherida a una fuerte realidad nos sitúa en el aliento mismo de la poesía.
Gastón Bachelard.
En esta serie fotográfica la idea original es mostrar el cuerpo como herramienta de transformación urbana, del mismo modo que el grafitti, la escultura y la arquitectura. Mostrar el cuerpo apropiándose de los espacios públicos mediante el movimiento, la pausa, la emoción de cada una de las bailarinas que integran el proyecto. Al mismo tiempo que el espacio se apropie del cuerpo, convirtiéndolo en un elemento más para fusionarlo o enaltecerlo. Aquí veremos una conversación de la materia con la existencia, de la memoria con la imaginación, de las formas con los significados. Es un ejercicio que muestra la capacidad de las artes para transformar y transformarse.
A través de la intervención urbana y la fotografía, las bailarinas se sitúan en distintos lugares del mundo y se exponen a espacios inhabituales para entregar su danza, su movimiento, su quietud, para apropiarse de las calles, las plazas, los edificios e intercambiar con ellos su memoria, para abandonarla después y así reconocerse, resignificarse a la vez que resignifican el espacio.
La intención de estas fotografías es capturar esa esencia, apostando por el arte como elemento de transformación estética y social en el espacio urbano, en donde la mirada del fotógrafo, el cuerpo de las bailarinas, su vestimenta, la urbe, la arquitectura, la luz y la sombra se fusionen para regalarnos otra realidad, que nos invite a reinventar el propio mundo, la propia existencia. Salir de lo cotidiano, lo establecido, utilizar nuestra creatividad para romper los límites e instalarnos ahí, donde la esperanza es posible. Caminar sin conocer propiamente el camino, permitir que sujetos y objetos aparentemente distanciados se acerquen, se acaricien y cedan hasta crear un aliento distinto, único, como el de la poesía.
Saber que, como dice Bachelard, “el arte es entonces un redoblamiento de vida, una especie de emulación en las sorpresas que excitan nuestra conciencia y la impiden adormecerse”.
No será inaudito ver aquí cómo el cuerpo se desprende, las calles se desprenden, los edificios, los árboles, una escalera. Entonces nos permitiremos ver al cuerpo como hoja caída, como parvada o como hierba entre las fisuras de los edificios. El cuerpo será escultura, homenaje al espacio libre, una flor, una roca, un poema visual; una línea con vida que se adhiere a la sombra de algún machuelo, a los arcos que invitan a posarse en la escritura de la metrópoli, como ventanas a lo indecible, a la armonía de la danza desde otro contexto. Entonces podremos recrear el contexto, arrebatárselo a la historia.
Texto de Eliana Villanueva.