27/04/2026
Hay noches que no se explican, se quedan.
Y lo que hizo Morganna Love fue justamente eso: dejar una huella en cada persona que estuvo ahí.
La primera parte abrió con Ave María, marcando un inicio sobrio y preciso. Vestida de blanco, con una presencia más contenida —como ella misma lo mencionó—, llevó al público por un recorrido donde su voz sostuvo todo: interpretación, técnica y emoción.
Sus composiciones Te amo y Ángeles brillaron con una fuerza especial. No solo por lo que dicen, sino por la forma en la que las habita. En algunos momentos, el violín de Erivan Orozco añadió una capa más de profundidad, acompañada siempre por el piano de Luis Hernández ( ).
En la segunda parte del programa, Morganna continuó su presentación con una presencia más abierta en el escenario.
Con un vestuario en tonos rojo y negro y guantes largos que evocaban la fuerza clásica de la Venus de Milo, amplió su movimiento y su relación con el espacio, incluso descendiendo del escenario para acercarse al público.
Hubo generosidad en el escenario: Besos robados y Alma mía llegaron como respuesta al público. Y hacia el final, La Llorona reunió en escena a Emmanuel de la Rosa , al Maestro Sergio Olloqui, a Erivan O. y a Luis Hernández en el piano, en uno de los momentos más poderosos de la noche.
El cierre con Time to Say Goodbye dejó claro lo que ya era evidente: estamos frente a una voz que no solo se escucha, se recuerda.
Gracias, Morganna, por la cercanía, por hacer sentir a cada persona como si la noche fuera solo para ella, y por recordarnos que detrás de una gran voz hay una persona profundamente humana.
Y gracias a por capturar no sólo la imagen, sino la esencia: la belleza, el carisma y la sensibilidad de una artista que domina el escenario.