Logia Simbólica Guerreros de Luz No. 7

Logia Simbólica Guerreros de Luz No. 7 Pagina de la Respetable Logia Simbólica Guerreros de Luz no 7, que trabaja grados azules del Rito Nacional Mexicano.

🔥✨ FESTIVIDAD DE SAN JUAN Y LA MASONERÍA ✨🔥Cada 24 de junio, la Masonería conmemora la festividad de San Juan Bautista, ...
24/06/2026

🔥✨ FESTIVIDAD DE SAN JUAN Y LA MASONERÍA ✨🔥

Cada 24 de junio, la Masonería conmemora la festividad de San Juan Bautista, patrono tradicional de las Logias de San Juan y símbolo de la rectitud, la renovación y la búsqueda de la luz.

La noche de San Juan, asociada al fuego purificador y al solsticio de verano, nos recuerda la importancia de abandonar las imperfecciones, fortalecer nuestras virtudes y continuar la construcción de nuestro Templo Interior.

San Juan Bautista representa la preparación del espíritu, la humildad y la transformación; mientras que San Juan Evangelista, celebrado el 27 de diciembre, simboliza la sabiduría, el conocimiento y la contemplación. Entre ambos San Juanes se encuentra simbólicamente la Logia, espacio donde el ser humano trabaja por su perfeccionamiento moral y espiritual.

Que esta festividad renueve en cada hermano y hermana el compromiso con la verdad, la fraternidad y la búsqueda constante de la Luz.

«Es necesario que Él crezca y que yo disminuya.»

Feliz festividad de San Juan.

🔺⚒️📐

24/06/2026

¡Un saludo a mis nuevos seguidores! ¡Estoy feliz de que me sigan! Rómulo Peña, Lupita Medina, Edwin Morales Belli, Raúl Carreón Contreras, Ramon Simoza, Ruben Osuna, Lianet Lorenzo Perez, Erik Santos, Mario Balbin, Maury Rodriguez, Marlon Jr Meighan, Ernesto Camacho, Enrique Krauer, Pedro Rodrigu, Gustavo Velazquez, Ramon Daniel Jimenez, José Ángel Valdivia, Ramon Luis Martinez, Aida Perez Gonzalez, Dario Ismael Montes Llerena, Joaquín Celis, Pablo Silva, Guadalupe GM, Rica Soria

21/06/2026



El día de ayer se realizó la ceremonia de solsticio de verano en esta Respetable Logía Símbolica, la cual estuvo llena d...
20/06/2026

El día de ayer se realizó la ceremonia de solsticio de verano en esta Respetable Logía Símbolica, la cual estuvo llena de simbolismo, sabiduría y fraternidad.

14/06/2026

¡Un saludo especial a mis nuevos fans destacados! Veronica Flores Lozada, Lorena Bautista, Jorge J Hernandez Hernandez

Así los trabajos de hoy de esta Respetable Logía Símbolica! Trabajos constantes para llegar a la virtud.
13/06/2026

Así los trabajos de hoy de esta Respetable Logía Símbolica! Trabajos constantes para llegar a la virtud.

12/06/2026

Hay una secuencia matemática que empieza con dos números tan simples que parece imposible que lleven a algo importante: 0 y 1. Cada número que sigue es la suma de los dos anteriores. 0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34... Así nació lo que hoy llamamos la sucesión de Fibonacci, nombrada así por el matemático italiano Leonardo de Pisa, quien la introdujo en Europa en el siglo XIII aunque ya era conocida en la India siglos antes.

Lo que hace especial a esta secuencia no es la suma en sí, sino lo que aparece cuando divides un número entre el anterior. 3 entre 2 es 1.5. 5 entre 3 es 1.666. 8 entre 5 es 1.6. A medida que los números crecen, esa división se acerca cada vez más a un valor fijo: 1.618... Ese número tiene nombre propio: phi, también conocido como la proporción áurea.

Y aquí empieza la parte fascinante.

En 2015, un estudio publicado en Scientific Reports confirmó algo que los botánicos llevan tiempo observando: las hojas de muchas plantas crecen siguiendo un ángulo de aproximadamente 137.5 grados entre una y la siguiente. Ese ángulo, llamado ángulo áureo, está directamente relacionado con phi, y tiene una ventaja concreta: hace que cada hoja reciba la mayor cantidad posible de luz solar sin tapar a las demás. La naturaleza encontró esa solución mucho antes que los matemáticos.

Las semillas del girasol son otro ejemplo bien documentado. Se organizan en dos conjuntos de espirales que giran en sentidos opuestos, y el número de espirales en cada sentido suele corresponder a dos números consecutivos de la sucesión de Fibonacci, como 34 y 55. Esa distribución empaca las semillas de forma eficiente, sin desperdiciar espacio.

Algo similar ocurre en caracoles, piñas de pino y flores. La espiral logarítmica que genera la sucesión de Fibonacci aparece repetida en estructuras biológicas que, de forma independiente, llegaron a soluciones parecidas.

Hay que ser precisos, sin embargo. No todo lo que parece una espiral áurea lo es exactamente. La naturaleza no sigue ecuaciones con calculadora: sigue presiones evolutivas, y a veces esas presiones llevan a formas que se aproximan a phi sin ser phi exacto. La proporción áurea en el arte, como la que suele atribuirse a La Mona Lisa o a la arquitectura griega, es en muchos casos una interpretación retroactiva sin evidencia histórica sólida que la respalde.

Ora et Labora!!!
06/06/2026

Ora et Labora!!!

📜La Ciudad que los Masones Construyeron para la Eternidad

El secreto geométrico de Washington D.C.

Hay ciudades que crecen sin orden, como árboles silvestres. Y hay ciudades que fueron diseñadas como mensajes. Washington D.C. es de las segundas.

Cuando en 1791 el presidente George Washington encargó el diseño de la nueva capital de los Estados Unidos, eligió a un hombre muy específico para la tarea: Pierre Charles L'Enfant, arquitecto, ingeniero y como el propio Washington masón.

Lo que L'Enfant trazó sobre ese terreno pantanoso a orillas del río Potomac no fue simplemente una ciudad funcional. Fue un mapa simbólico grabado en piedra, cal y asfalto para durar milenios.

El momento en que todo comenzó

El 18 de septiembre de 1793, George Washington llegó al terreno donde se construiría el Capitolio vestido con su delantal masónico completo el mismo que le había regalado la Marquesa de Lafayette.

Frente a cámaras inexistentes, frente a periodistas que aún no entendían lo que presenciaban, colocó la piedra fundacional del edificio más importante de la nación más poderosa que estaba naciendo.

Lo hizo siguiendo un ritual masónico de consagración paso a paso: vino, aceite, trigo y maíz fueron vertidos sobre la piedra como ofrendas simbólicas. Los presentes formaron un semicírculo. Hubo palabras en voz baja que nadie fuera del círculo escuchó. Ese momento no fue un acto político. Fue una consagración.

La geometría que no debería estar ahí

Saca un mapa de Washington D.C. Observa sus grandes avenidas diagonales cortando la cuadrícula urbana. A simple vista parece caos elegante.

Pero si unes ciertos puntos clave la Casa Blanca, el Capitolio, el Monumento a Jefferson, el Monumento a Washington algo aparece que no debería estar ahí por accidente:

Una escuadra y un compás perfectos, los símbolos más reconocibles de la masonería, trazados a escala monumental sobre el suelo de la capital. Y hay más.

Si prolongas las líneas de Rhode Island Avenue y Massachusetts Avenue hacia el norte desde la Casa Blanca, junto con otras tres avenidas, forman un pentagrama invertido cuya punta inferior señala directamente al edificio donde vive el presidente de los Estados Unidos.

Los escépticos dicen que es coincidencia geométrica que cuando divides una ciudad con avenidas diagonales, inevitablemente aparecen figuras. Los investigadores masónicos dicen algo diferente: en arquitectura sagrada, nada es accidental.

Los hombres detrás del diseño

George Washington no fue el único masón involucrado. La lista es casi increíble:

Benjamin Franklin, masón del Grado 33, ayudó a redactar los documentos fundacionales de la nación y diseñó el Gran Sello de los Estados Unidos ese ojo sobre la pirámide que hoy aparece en cada billete de un dólar.

Andrew Ellicott, el topógrafo que terminó el diseño de la ciudad cuando L'Enfant fue despedido, era masón.

James Hoban, el arquitecto que diseñó la Casa Blanca, era masón.De los 39 firmantes de la Constitución estadounidense, 13 eran masones activos y documentados.

No estaban escondidos. No operaban en la sombra. Eran, literalmente, los hombres que construyeron el país y lo construyeron con sus propias manos, sus propias ideas y su propio lenguaje simbólico.

El ojo que todo lo ve

En 1782, el Gran Sello de los Estados Unidos fue aprobado oficialmente. En su reverso aparece una pirámide inacabada de 13 escalones uno por cada colonia original coronada por un triángulo luminoso con un ojo en su interior.

Annuit Cœptis, dice la leyenda en latín: "Él aprueba nuestros comienzos."

Novus Ordo Seclorum: "Un nuevo orden de los siglos."

Este símbolo, que hoy millones de personas ven a diario sin pensarlo dos veces, es directamente tomado de la iconografía masónica del siglo XVIII. El ojo que todo lo ve el ojo de la Providencia aparecía en las logias masónicas de Europa décadas antes de que alguien pensara en fundar Estados Unidos.

En 1935, bajo la presidencia de Franklin D. Roosevelt masón de Grado 32 este símbolo fue estampado en el billete de un dólar, donde permanece hasta hoy. Cada vez que pagas un café, llevas en el bolsillo el símbolo más antiguo de la masonería.

¿Conspiración o arquitectura sagrada?

Aquí es donde la historia se pone filosóficamente interesante. Los masones del siglo XVIII no se veían a sí mismos como conspiradores. Se veían como constructores de civilización herederos intelectuales de los grandes arquitectos de las catedrales medievales, guardianes de un conocimiento geométrico y filosófico que venía, según ellos, desde el templo del rey Salomón. Diseñar una ciudad con geometría sagrada no era para ellos un acto de poder oculto. Era un acto de devoción.

Creían genuinamente que una ciudad construida según proporciones divinas las mismas que gobiernan las estrellas, los cristales, los cuerpos vivos estaría bajo una protección especial. Que sus leyes serían más justas. Que sus ciudadanos serían más libres.

¿Tenían razón? Eso ya es otra conversación.

Pero lo que sí es cierto, lo que ningún historiador serio niega, es que la capital más poderosa del mundo fue diseñada, construida y consagrada por masones, siguiendo principios que ellos consideraban sagrados. Y que ese diseño sigue ahí, grabado en el suelo, visible desde el cielo, esperando que alguien mire con suficiente atención.

Lo que nadie puede negar

No hace falta creer en conspiraciones para encontrar esto fascinante. Basta con mirar el mapa. Basta con leer los diarios de George Washington, donde describía con orgullo sus rituales masónicos. Basta con visitar el Museo Masónico Nacional George Washington en Alexandria, Virginia abierto al público, sin secretos donde se conserva su delantal, su mazo, su mandil de ceremonia.

La masonería no construyó Estados Unidos en las sombras. Lo construyó a plena luz del día. Y dejó su firma en cada piedra.

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