04/07/2026
Promesas de La Virgen del Carmen a quienes usen el santo escapulario
1. Promesa de Salvación (Preservación del In****no)
Es la promesa central entregada por la Virgen María a San Simón Stock el 16 de julio de 1251. La tradición señala que la Virgen se le apareció portando el escapulario y le dijo:
“El que muera vestido con este escapulario no sufrirá el fuego eterno.”
Esta promesa no debe entenderse como un “amuleto mágico” o una garantía automática de salvación sin importar cómo se viva. La Iglesia enseña que es una gracia de perseverancia final; es decir, que quien lo use con devoción recibirá las gracias necesarias para morir en estado de gracia (arrepentido de sus pecados).
2. El Privilegio Sabatino (Liberación del Purgatorio)
Esta promesa se basa en la bula papal atribuida al Papa Juan XXII (y ratificada por papas posteriores). Según la tradición, la Virgen prometió que liberará del Purgatorio el primer sábado después de su muerte a quienes hayan cumplido fielmente con las condiciones del escapulario.
Para g***r de este privilegio, la Iglesia estipula tres requisitos:
Llevar el escapulario con fidelidad (haber sido debidamente impuesto por un sacerdote).
Observar la castidad según el propio estado de vida (soltero, casado, consagrado).
Rezar diariamente el Oficio Parvo de la Virgen María o, en su defecto, guardar los ayunos de la Iglesia y abstenerse de carne los miércoles y sábados (un sacerdote tiene la facultad de conmutar esta obligación por otra obra piadosa, como el rezo diario del Santo Rosario).
3. Protección en Vida y en la Muerte
Además de las promesas de eternidad, la Virgen del Carmen prometió que el escapulario sería:
Una defensa en los peligros cotidianos (tanto físicos como espirituales).
Una insignia de paz y alianza eterna con Ella.
Una salvaguardia en la hora de la muerte, otorgando paz y auxilio especial en los últimos momentos.
Nota litúrgica: El escapulario es un sacramental. Esto significa que es un signo sagrado instituido por la Iglesia para prepararnos a recibir la gracia y santificar las diferentes circunstancias de la vida, recordando siempre el compromiso de imitar las virtudes de la Virgen María.