09/08/2026
PRONUNCIAMIENTO
Antes que nada, queremos realizar un pronunciamiento derivado de una inquietud que nos ha surgido durante los últimos meses.
Nos sentimos un poco desconcertadas ante el término que últimamente se utiliza para hacer referencia a lo que significa ser una embajadora cultural, particularmente cuando se emplea la palabra “chinampera”.
Queremos dejar claro que esto no pretende descalificar ni restar mérito a ninguna de las compañeras que han sido ganadoras del certamen de la Flor. Reconocemos su esfuerzo y respetamos la representación que realizan. Nuestra reflexión va más allá de una corona o de un certamen.
Consideramos que la palabra chinampera implica mucho más que una denominación. Detrás de ella existe una historia, un conocimiento, un trabajo y una forma de vida profundamente ligada a la tierra y al agua.
Estamos casi seguras de que algunas de las compañeras han tenido la grata experiencia de acercarse a la tierra, sembrar flores u hortalizas o conocer de alguna manera la labor campesina. Y precisamente por eso creemos que es importante reconocer y valorar ese vínculo.
Porque ser chinampera implica sembrar desde la raíz. Implica trabajar de sol a sol, comenzar la jornada cuando apenas despunta el día, conocer la tierra, cuidar el agua, entender los ciclos de la siembra y preservar conocimientos que han pasado de generación en generación.
Pero la misma inquietud nos surge cuando hablamos de nuestro deporte autóctono de Acallis.
Últimamente sentimos que Acallis ha quedado reducido, en ocasiones, a una simple mención o a un doble discurso que no refleja lo que verdaderamente significa para quienes lo practicamos, lo preservamos y lo promovemos.
No queremos que se nos mire como si hiciéramos simplemente “monerías” para entretener o llamar la atención. Acallis es cultura, identidad, memoria y resistencia. Es un deporte que hemos asumido con orgullo y que buscamos preservar, proteger y transmitir.
Por eso también queremos decirlo con claridad: no somos una exhibición.
No queremos que nuestras tradiciones, nuestros conocimientos, nuestro trabajo y nuestras prácticas culturales sean tratados como una artesanía sin nombre ni apellido, colocada en un escaparate únicamente para ser observada.
Detrás de cada tradición existen personas.
Detrás de cada práctica existen historias.
Detrás de cada nombre existen años de trabajo, aprendizaje y resistencia.
También tenemos muy claro que no es solamente quien porta una corona quien puede sentirse orgullosa y arraigada a su tierra.
Pensamos que tanto las mujeres xochimilcas como los hombres que formamos parte de este sostén comunitario podemos ser embajadoras y guardianes de nuestra cultura, porque representamos una identidad, una memoria y una historia que nos hacen merecedores no solamente de portar dignamente una corona de flores, sino también de salvaguardar aquello que hacemos, conocemos y defendemos día con día.
Ser embajadora de nuestra tierra no debería ser algo que se ejerce únicamente durante un certamen, mientras se porta una corona o mientras se ocupa un cargo.
Ser embajadora es un compromiso que se construye, se demuestra y se sostiene durante toda la vida.
Por eso nos atrevemos a expresar esta opinión como ciudadanas, como mujeres y como personas que observamos con cariño y preocupación lo que sucede en nuestra comunidad.
No lo decimos con la intención de descalificar a nadie. Lo hacemos porque creemos que es necesario reflexionar sobre el significado de nuestras palabras y, sobre todo, sobre aquello que decimos representar.
Cuando hablamos de una “mujer chinampera” o de una “competidora de Acallis”, creemos que no basta con conocer el término o utilizarlo como un título.
Hay todo un mundo detrás:
La tierra.
El agua.
La siembra.
Las semillas.
El trabajo.
El conocimiento heredado.
La memoria.
El cuerpo.
La comunidad.
Y la relación profunda con nuestro territorio.
Porque una cosa es saberlo y otra muy distinta es vivirlo.
Y si algo debemos cuidar es precisamente que nuestras palabras no pierdan el significado de aquello que dicen representar.
Que no se olvide quiénes somos.
Que no se olvide quiénes han trabajado durante años para mantener vivas nuestras tradiciones.
Que no se olvide que la cultura no aparece únicamente cuando hay un escenario, una corona, una fotografía o un evento.
La cultura se vive todos los días.
Muchos podrán pasar de largo, muchos nombres podrán dejar de mencionarse y quizá algunas modas o discursos desaparezcan con el tiempo.
Pero nosotras tenemos la certeza de que nuestro nombre ya fue sembrado.
Y mientras haya tierra, agua, memoria y voluntad, Mujeres sobre Acallis y Amapola del Sabor a través de su cocina tradicional, seguirá adelante.
Porque antes de que nos puedan olvidar,
seguiremos haciendo historia.