03/11/2025
Tss 🎶🙏🏽
COMO HEMOS DESTRUIDO LA MÚSICA EN 25 AÑOS
La música no ha bajado de calidad porque falten ideas, talento o herramientas. Ha bajado porque cambió la intención. Antes el objetivo era crear algo que te removiera por dentro, dejara huella… Hoy el objetivo es que funcione rápido, que enganche, que suene bien en el móvil, que el algoritmo la mueva.
La decadencia empezó cuando apareció Napster, y después LimeWire. Hasta entonces la música tenía valor real: esperabas el disco, lo comprabas, lo escuchabas de principio a fin. Había un vínculo, un respeto. Pero cuando se pudo descargar todo gratis y sin esfuerzo, la música se volvió desechable. Pasó de ser un ritual a ser algo sin valor.
Luego llegó YouTube, y la imagen desplazó al sonido. Ya no importaba lo que decías, sino cómo te veías diciéndolo. La música empezó a competir con el entretenimiento. Después Spotify cambió la forma de escuchar: ya no eliges un álbum, eliges una lista que decide por ti. Y entonces los productores empezaron a escribir para el algoritmo: intros de diez segundos, estribillos inmediatos, canciones de dos minutos. No para emocionar, sino para retener.
Y cuando apareció TikTok, la música se partió en trozos. Lo importante ya no era la canción, sino los diez segundos que alguien podía usar para un vídeo viral. Ahí se rompió la narrativa, el viaje, el alma.
Los artistas lo entendieron rápido. Muchos se adaptaron, otros se rindieron. Ya no compiten por hacer mejor música, sino por no desaparecer del mapa digital. La prioridad dejó de ser el sonido o la emoción: ahora es la visibilidad. Y cuando la visibilidad se convierte en el fin, la música se convierte en ruido.
Lo más triste es que hoy tenemos las mejores herramientas de la historia. Cualquiera puede sonar perfecto, pero muy pocos suenan de verdad. Porque lo que se perdió no fue la técnica, fue la intención.
Antes se componía desde el corazón, ahora se calcula desde la estadística.
Y por eso muchos sentimos que la música ha dejado de importarle incluso a quienes la hacen.
Porque cuando todo gira en torno a ser visto, nadie se preocupa ya por ser escuchado.