26/12/2025
Este año fue un ensayo sobre la impermanencia. Empezó con la ilusión de una estructura que creía sólida, hasta que un momento de claridad me hizo ver que habitaba un sueño que no era el mío. Sentí la presión de una vida que me quedaba estrecha y, al intentar soltar para buscar paz, la realidad me dio un golpe inesperado.
De la noche a la mañana, cuatro años de esfuerzo laboral desaparecieron y mi compañero casi oficial de tres años decidió desertar del viaje. Fue un impacto profundo despertar y aceptar que el lugar donde puse tanto sacrificio ya no existía. Vinieron tragedias en cadena, pero la psicología del alma me enseñó que solo cuando nos quedamos sin nada, somos libres de serlo todo.
Entre la maleza más espesa, apareció el trigo. Agradezco a los que se fueron por dejar el espacio vacío, a las personas hermosas que conocí y que me hicieron agradecer estar viva, y de forma muy especial a mis perros y a Víctor, mi mejor amigo, por mantenerse fiel a mi evolución incluso en mis peores naufragios.
No todo se perdió; mi mentalidad se expandió y con ello llegaron oportunidades que hoy me tienen dedicada por completo a lo que realmente amo. Dejé atrás los planes de “adulta” para rescatar lo que soñaba de niña. Cambié la lógica por el arte de vivir desde mi verdad.
Cierro el año entendiendo que forzar la vida solo rompe las piezas. Si no fluye, simplemente no funciona. Hoy no tengo la estabilidad que planeé, pero tengo la claridad que siempre necesité. ✨🎨