02/12/2025
Martín Lutero se enojó con la Iglesia católica y fundó la Iglesia luterana.
A Juan Calvino no le gustó la Iglesia luterana y fundó la Iglesia reformada o calvinista.
A Enrique VIII no le gustó que la Iglesia católica le negara la anulación matrimonial y fundó la Iglesia anglicana.
A John Smyth no le gustó la Iglesia anglicana y fundó la Iglesia bautista.
A William Miller no le convenció la Iglesia bautista y fundó el movimiento adventista.
A Ellen G. White no le gustó todo lo que enseñaba William Miller y fundó la Iglesia Adventista del Séptimo Día.
A Charles Taze Russell no le gustó la doctrina adventista y fundó a los Testigos de Jehová.
A John Wesley no le gustó la Iglesia anglicana y fundó la Iglesia metodista.
A algunos pastores metodistas no les gustó la Iglesia metodista y fundaron el pentecostalismo.
Y a muchos no les gustó el pentecostalismo, así que fundaron miles de iglesias más:
Pare de Sufrir, Asambleas de Dios, La Luz del Mundo… y una lista interminable.
Cuando una creencia supuestamente “perfecta” depende de los caprichos, gustos personales y peleas internas de cada fundador…
cuando la “verdad eterna” cambia cada vez que alguien se molesta o no consigue lo que quiere…
Queda bastante claro que el DIOS perfecto, único y absoluto no es más que una idea moldeable creada por humanos. Una idea débil, dividida y absurdamente fácil de reescribir.
Si la verdad dependiera de un DIOS real, no habría miles de versiones distintas:
habría solo una.