26/01/2026
Reflexión de Roberto Nangularí
Quien no respeta la esencia de la tradición no puede decir que forma parte de ella.
La Fiesta Grande de Chiapa de Corzo no es un espacio para caprichos personales ni para la búsqueda de protagonismos; es un legado sagrado que se sostiene en el respeto a nuestros usos y costumbres, en la humildad y en el amor verdadero a nuestro pueblo.
El cargo de Patrón de los Parachicos no se pide, no se impone y no se disputa. Por historia y por tradición, es el Patrón en funciones quien elige a su sucesor, y ese acto representa continuidad, confianza y responsabilidad.
Quien pretende ocupar ese lugar sin entender este principio demuestra que no busca cuidar la tradición, sino satisfacer un interés personal.
Quien no es capaz de comprender el enorme esfuerzo que implica ser Patrón, no tiene autoridad moral para juzgar. Guiar a los Parachicos durante largas jornadas, caminar kilómetros, sostener el orden, la fe y el respeto, y aun así tener la fuerza para ir bailando junto a ellos, no es cosa menor. Más aún cuando la edad ya pesa, cuando el cuerpo se cansa, pero el espíritu sigue firme. Quien no entiende que al Patrón le dobla la edad y aun así cumple su misión con dignidad, entrega y amor, simplemente no comprende lo que es el sacrificio verdadero ni lo que significa servir al pueblo.
Nuestra música tradicional del tambor y el pito no es espectáculo ni moda. No es batucada, no es show, no es invento. Es oración, identidad y herencia de nuestros antepasados. Cada golpe de tambor y cada aliento del pito son memoria viva de nuestro pueblo. Distorsionarla, modificarla o convertirla en algo ajeno a su esencia es faltar al respeto a la historia y a la espiritualidad de la Fiesta Grande. Cualquier alteración está fuera de lugar, porque la tradición no se acomoda a caprichos: se conserva con honor.
Por eso, quien altera la música, quien desconoce los procesos, quien divide en lugar de unir, no tiene calidad moral para señalar a otros. La autoridad moral nace del ejemplo, de la congruencia entre lo que se dice y lo que se hace, y del amor genuino a la tradición, no de la ambición ni del deseo de figurar.
Desearle mal al Patrón en funciones no es ético, no es cristiano y no es parte de nuestra cultura. Al contrario, a quien porta ese cargo se le desea larga vida, salud, fortaleza y sabiduría, porque su responsabilidad es grande ante Dios y ante el pueblo. Nuestra tradición no se construye con rencor, se edifica con respeto, fe y unidad.
Hoy tenemos Patrón, y lo tenemos para muchos años más. Y ese Patrón es mi amigo y mi maestro, a quien con cariño llamo Cuachi, nuestro patróncito de nosotros muchachos. Un hombre que camina con el ejemplo, que guía con el corazón, que respeta la música, la danza y la fe, y que entiende que este cargo no es para lucirse, sino para servir con humildad.
Y a aquella persona cuyo pensamiento no coincide con su discurso, cuyo deseo de figurar está por encima del respeto a la tradición, no se le responde con odio ni con desprecio. Se le responde con oración. Que Dios le conceda paz en su corazón, que calme su ambición, que ordene sus pensamientos y que le regale humildad para entender que la grandeza no está en querer mandar, sino en aprender a servir. Que Dios ilumine su camino para que su palabra se alinee con sus actos y su corazón vuelva a la verdadera esencia de nuestra tradición.
Porque quien verdaderamente ama a Chiapa de Corzo y a su Fiesta Grande no busca reflectores, no quiere ser “chile de todos los moles”, no divide ni compite. Respeta, protege, obedece los usos y costumbres, honra el sacrificio de quienes caminan antes que él, y hereda con dignidad lo que otros, con fe y entrega, le confiaron. Esa es la verdadera grandeza espiritual de nuestra tradición.