21/01/2026
Guinness era un gato negro que vivía en un apartamento en el piso 30 de un rascacielos de Londres. Era un gato de interior, pero cada martes tenía una cita sagrada: su amigo Stephen, el limpiador de ventanas.
Cuando la plataforma bajaba hasta su ventana, Guinness ya lo esperaba. Jugaban a través del vidrio: perseguía la escobilla, daba zarpazos, saltaba, y Stephen le hacía caras y dibujaba caritas con la espuma. Solo 10 minutos… pero era el mejor momento de la semana.
Un día Stephen dejó de aparecer. Pasaron seis meses. Guinness lo esperó cada martes, pero bajó otro trabajador y lo ignoró. Guinness se fue con la cola baja, como si hubiera entendido que algo faltaba.
Stephen había estado gravemente enfermo en el hospital. Cuando se recuperó, volvió débil al trabajo, solo para ver a su amigo. Llegó al piso 30, tocó el vidrio… Guinness despertó, lo vio y se lanzó contra la ventana maullando como loco. Stephen lloró ahí mismo, colgado a 30 pisos. Mano contra patita. Vidrio en medio. Amistad intacta.