07/02/2021
"Aquella noche nos acomodamos para dormir en un rincón de la iglesia, atrás del altar desmantelado. Hasta aquí llegaba el viento, aunque menos fuerte. Lo estuvimos oyendo pasar por encima de nosotros, con sus largos aullidos; lo estuvimos oyendo entrar y salir por los huecos socavones de las puertas; golpeando con sus manos de aire las cruces del viacrucis: unas cruces grandes y duras hechas con palo de mezquite que colgaban de las paredes a todo lo largo de la iglesia, amarradas con alambres que rechinaban a cada sacudida del viento como si fuera un rechinar de dientes.
"Los niños lloraban porque no los dejaba dormir el miedo. Y mi mujer, tratando de retenerlos a todos entre sus brazos. Abrazando su manojo de hijos. Y yo allí, sin saber qué hacer.
"Poco antes del amanecer se calmó el viento. Después regresó. Pero un momento en esa madrugada en que todo se quedó tranquilo, comos i el cielo se hubiera juntado con la tierra, aplastando los ruidos con su peso...se oía la respiración de los niños ya descansada. Oía el resuello de mi mujer ahí a mi lado.
-¿Qué es? -me dijo.
-¿Qué es qué? - le pregunté.
-Eso el ruido ese.
-Es el silencio. Duérmete. Descansa, aunque sea un poquito, que ya va a amanecer.
Pero al rato oí yo también. Era como un aletar de murciélagos en la oscuridad, muy cerca de nosotros. De murciélagos de grandes alas que rozaban el suelo. Me levanté y se oyó el aletear más fuerte, como si la parada de murciélagos se hubiera espantado y volara hacia los agujeros de la puertas. Entonces caminé de puntitas hacia allá, sintiendo delante de mí aquel murmullo sordo. Me detuve en la puerta y las vi. Vi a todas las mujeres de Luvina con su cántaro al hombro, con el rebozo colgado de su cabeza y sus figuras negras sobre el fondo de la noche.
-¿Qué quiere? -les pregunté- . ¿Qué buscan a estas horas?
- Una de ellas respondió:
-Vamos por agua.
Las vi parada frente a mí, mirándome. Luego, como si fueran sombras, echaron caminar calle abajo con sus negros cántaros.
No, no se me olvidará jamás esa primera noche que pasé en Luvina.
Fragmento del cuento Luvina, Juan Rulfo.