17/06/2026
Muy recomendable esta lectura
"Sin nosotras nada se mueve"
La filósofa feminista Silvia Federici advierte que el trabajo de reproducción sigue siendo el gran sostén del sistema y que la lucha por reconocerlo es más urgente que nunca.
Por Redacción Nota Antropológica
Cuando una mujer se levanta a las seis de la mañana, prepara el desayuno, viste a los niños, limpia la casa, hace las compras, cocina la cena y se acuesta pasada la medianoche, ¿está trabajando? La respuesta durante siglos fue un rotundo no. Pero Silvia Federici, filósofa y activista feminista, desde los años setenta se preguntó qué pasaría si todo eso fuera el trabajo más importante del mundo.
Por esa misma década, Federici, junto a otras pensadoras como Mariarosa Dalla Costa y Selma James, encabezó el movimiento por un salario para el trabajo doméstico. Se trataba de una estrategia política para visibilizar que el capitalismo se sostiene sobre el trabajo no pagado que realizan las mujeres en sus hogares. Ese trabajo, aunque sea invisibilizado, produce la mercancía más valiosa para el sistema: la fuerza de trabajo, es decir, la capacidad de las personas para presentarse cada día en fábricas, oficinas y escuelas.
En una conferencia que ofreció en Madrid en 2019, organizada por la editorial Traficantes de Sueños, Silvia explicó que el salario no es solo una paga, es un instrumento político que ha servido para organizar la sociedad, para crear jerarquías y para delegar en los hombres el control sobre el trabajo de las mujeres. "El salario ha sido usado para organizar la relación social", afirmó y añadió: "La violencia doméstica siempre ha sido tolerada como una cuestión familiar porque era parte de la disciplina del trabajo doméstico".
Lo que Federici y su grupo descubrieron fue que el capitalismo había logrado presentar el trabajo asalariado como el único trabajo real. Todo lo demás, el cuidado de los niños, la preparación de los alimentos, la limpieza del hogar, quedó fuera de la ecuación económica. Quedó en manos de las mujeres y quedó sin remuneración.
En los años setenta, una parte importante del movimiento feminista optó por la vía de la igualdad con los hombres, que significaba integrarse al trabajo asalariado. Federici considera que esa decisión fue un error estratégico. No porque las mujeres no debieran trabajar fuera de casa, sino porque se abandonó el terreno de la reproducción. Se dejó de lado la lucha por el reconocimiento de ese trabajo invisible.
Las consecuencias se ven reflejadas en los números. Por ejemplo, en Estados Unidos, el 75% de las mujeres trabajan fuera del hogar. Pero lo hacen en condiciones precarias, con salarios bajos y sin seguridad económica. Muchas necesitan dos empleos para sobrevivir y además, siguen siendo las principales responsables del trabajo doméstico. El resultado es una población agotada, que consume antidepresivos en masa y que ve reducir su esperanza de vida.
Federici describió una crisis que se manifiesta en la obesidad infantil, en la mercantilización de la vida, en la subcontratación de los cuidados a mujeres migrantes. "Hoy gran parte del trabajo doméstico lo hacen mujeres que han sido desplazadas por los planes de austeridad del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional", señaló. "Son ellas quienes cuidan a los niños y a los ancianos".
Esta nueva división internacional del trabajo reproductivo ha creado tensiones y relaciones de poder entre las propias mujeres. No hay una hermandad automática y las desigualdades se reproducen en el ámbito de los cuidados.
Frente a este panorama, Federici propone la reapropiación de la riqueza social. No se trata solo de pedir dinero, sino de disputar los recursos que han sido expropiados: la tierra, el agua, los bosques, los bienes comunes. Por otro lado, propone la colectivización de la reproducción. Es decir, organizar la vida cotidiana de forma comunitaria para romper el aislamiento que caracteriza al trabajo doméstico.
"Es muy diferente cocinar en un grupo, hablando, con tiempo, discutiendo", explicó. "El cocinar puede ser una actividad muy creativa. Pero es muy diferente cuando no tienes dinero, no tienes tiempo y lo haces todos los días aislada".
"Para luchar a largo plazo necesitamos una infraestructura productiva", dijo. "Muchos movimientos dominados por hombres en el pasado no han sido capaces de perpetuarse por esa separación entre la protesta política y la reproducción de la vida cotidiana".
Federici conecta la lucha por la reproducción con la necesidad de reconstruir la memoria de la caza de brujas. Recordar a las mujeres asesinadas, perseguidas y torturadas no es un ejercicio arqueológico, sino una forma de situar la lucha en un contexto más amplio que la vida individual. Es una fuente de coraje frente a la violencia del Estado y del capital.
El movimiento feminista, en su opinión, es hoy el movimiento social más fuerte y con mayor capacidad de transformación. Pero debe evitar las divisiones que lo fragmentan. Debe construir unidad desde las diferencias. "La unidad es un fin, no es una realidad hoy. Debemos construirla", sentenció.
Federici no cree que el capitalismo vaya a garantizar la reproducción de la mayoría de la población. Ni en Estados Unidos, ni en España, ni en América Latina. El empobrecimiento es general y por eso, la necesidad de retomar el control sobre el proceso de reproducción se vuelve cada vez más urgente.
"Cuando se dice 'sin nosotras nada se mueve' no es porque queramos continuar moviendo el capitalismo", aclaró. "Es para reclamar lo que hemos producido. Es para decir que esto también es nuestro".
Si llegaste hasta el final de la nota, cuéntame en los comentarios: ¿Crees que la persona que cuida a otros debería recibir un salario por eso? Te leo en los comentarios.
Fuente:
Federici, S. (2019). Las luchas de la reproducción. Del "salario para el trabajo doméstico" a nuestros días. Conferencia impartida en Madrid, 22 de marzo de 2019. Organizada por Traficantes de Sueños.