09/06/2026
En El abismo secreto (2025), Scott Derrickson propone una mezcla de géneros poco habitual —ciencia ficción, romance, acción y terror— para construir una historia que oscila entre lo íntimo y lo apocalíptico. La película, estrenada en Apple TV+ y protagonizada por Anya Taylor‑Joy y Miles Teller, parte de una premisa sencilla pero sugerente: dos agentes de élite vigilan un desfiladero clasificado cuya existencia protege al mundo de una amenaza desconocida.
La trama no gira tanto en torno a lo que hay en el abismo como a lo que ocurre entre quienes lo observan. Levi y Drasa, separados físicamente por el cañón pero unidos por su misión, desarrollan una conexión que transforma la película en una historia de amor a distancia en un entorno hostil. Este vínculo se vuelve el eje emocional del relato, incluso más que el propio peligro que acecha desde las profundidades.
Simbólicamente, el abismo funciona como una entidad doble: es tanto el “monstruo” externo como el vacío interno de los personajes. En varias críticas se señala precisamente esa tensión entre lo conocido y lo desconocido, donde el misterio inicial sostiene la narrativa antes de dar paso a la acción y al conflicto físico. El desfiladero no es solo un lugar: es una frontera entre el control humano y aquello que escapa a toda comprensión, una metáfora clásica del miedo contemporáneo a lo invisible.
Culturalmente, la película refleja una tendencia clara del cine actual: la hibridación de géneros y emociones. No se conforma con ser un thriller ni una historia romántica, sino que intenta integrar ambos lenguajes. Algunas críticas destacan su atractivo como “romance improbable” en medio de ataques y criaturas, aunque también apuntan cierta irregularidad en su desarrollo. Esta dualidad explica tanto su acogida positiva como sus límites narrativos.
En última instancia, El abismo secreto plantea una idea potente: el verdadero peligro no es lo que habita en la oscuridad, sino la soledad desde la que intentamos enfrentarlo. Y en ese sentido, la película convierte el amor —improbable, distante, imperfecto— en la única herramienta capaz de cruzar el vacío.
Porque algunos abismos no se exploran… se sobreviven.