25/09/2026
Trabajo como sanadora en el Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas. Cada jornada aquí es diferente, y aunque algunas terminan siendo agotadoras, no cambiaría mi trabajo por nada.
Esta mañana llegué temprano, cuando los pasillos apenas comenzaban a llenarse de sanadores, pacientes y visitantes. Me puse mi uniforme, recogí mi cabello y revisé las primeras fichas antes de comenzar mi turno.
—Buenos días, Hae Won —me saludó una compañera mientras pasaba apresurada con una bandeja de pociones.
—Buenos días. ¿Mucho trabajo?
—Demasiado —respondió entre risas.
No tardé en comprobarlo. Durante la mañana atendí a varios pacientes: desde pequeños accidentes con hechizos hasta algunas heridas provocadas por criaturas mágicas. Revisé heridas, preparé pociones y acompañé a cada paciente mientras se recuperaba.
Uno de los momentos que más me gustó fue cuando una pequeña bruja llegó preocupada porque se había lastimado el brazo durante su primera clase de vuelo. Después de curarla, le expliqué que no debía tener miedo de volver a intentarlo.
—¿De verdad voy a estar bien?
Sonreí y asentí.
—Por supuesto. Solo recuerda tener más cuidado la próxima vez.
Su sonrisa cuando salió de la habitación hizo que todo el cansancio desapareciera.
La tarde continuó con nuevos pacientes y algunas emergencias inesperadas. Apenas tuve tiempo de tomar una taza de té, pero finalmente, cuando las luces del hospital comenzaron a iluminar los pasillos, mi turno llegó a su fin.
Antes de marcharme, pasé una última vez por las habitaciones para asegurarme de que todos estuvieran bien.
Salí de San Mungo cansada, pero satisfecha. Cada día aquí me recuerda por qué elegí convertirme en sanadora: porque detrás de cada herida hay una persona que necesita ayuda, tranquilidad y un poco de esperanza.
Y mañana, cuando vuelva a ponerme mi uniforme, estaré lista para comenzar de nuevo.