03/08/2026
El aroma del café recién preparado llenaba la pequeña cafetería de tonos pastel mientras el atardecer teñía las ventanas de un cálido color dorado. Sonreí al ver a Lee Gon esperándome con su taza entre las manos. Apenas me senté frente a él, no pude contener la emoción.
—Tengo tantas cosas que contarte.
Él sonrió con esa calma que siempre consigue tranquilizarme y me pidió que empezara desde el principio. Respiré hondo antes de hablar.
—Mi primera semana como ayudante de sanadora en San Mugno ha sido mucho más intensa de lo que imaginaba. Cada día llego antes del amanecer, cuando los pasillos todavía están en silencio. Me pongo la túnica, preparo mi varita y reviso la lista de pacientes. Aún soy la más nueva, pero las sanadoras han sido muy pacientes conmigo y me enseñan algo nuevo en cada turno.
Di un pequeño sorbo a mi café mientras recordaba todo lo vivido.
—Paso gran parte del día preparando pociones, ordenando ingredientes y registrando tratamientos. Aprendí que un simple descuido puede cambiar por completo un remedio, así que reviso cada frasco dos veces. También acompaño a las sanadoras más experimentadas cuando realizan hechizos curativos. Verlas trabajar es increíble.
Lee Gon escuchaba con atención, sin apartar la mirada de mí.
—El viernes atendimos a un mago que sufrió quemaduras por la explosión de un caldero. Yo limpié cuidadosamente sus heridas mientras la sanadora principal realizaba los encantamientos. Estaba muy nerviosa, pero seguí todas las indicaciones. Cuando el paciente sonrió porque el dolor desapareció, comprendí que incluso las tareas más pequeñas pueden cambiar la vida de alguien.
Miré por la ventana, donde el sol comenzaba a ocultarse.
—También han llegado personas con maldiciones menores, mordeduras de criaturas mágicas y accidentes por hechizos mal ejecutados. Cada paciente tiene una historia distinta, y eso me recuerda por qué elegí este camino.
Lee Gon tomó mi mano por encima de la mesa y sonrió con orgullo.
—Sabía que ese era tu lugar, Hae Won. Vas a convertirte en una gran sanadora.
Sentí cómo el cansancio de toda la semana desaparecía con esas palabras. Apreté suavemente su mano y sonreí.
—Apenas estoy dando mis primeros pasos, pero cada día estoy más segura de que encontré el camino correcto. Y tenerte aquí para celebrar este comienzo hace que todo valga aún más la pena.