29/12/2023
Ayer salí de casa con tu nombre en la boca, con mucho querer que dejar en tus manos antes de que el año empezase y regresé con el pecho vacío, con las manos desconocidas, no eran mías. Me palpé el pecho, el pelo, las piernas; sintiendo presión en los huesos, como de una caída. No entiendo que pasó. Una niña iba dispuesta a darte su mejor sonrisa, con sus mejores ropas después de horas pensando. Ella regresó con los huesos calados de frío y también de ese sentimiento de incertidumbre, que más que no saber, era vacío
No pensaba que los abrazos callarían lo que mis manos te querían contar, al final, eso haría a mi pecho estallar. Quise decirte tantas cosas y no sabía por dónde comenzar. Era extraño, porque yo que venía saboreando tu nombre en los labios, de repente no lo sabía ni pronunciar, y es que ni siquiera fueron ganas de llorar, fueron ganas de poder explicarte porqué yo sí pensaba que esto fuese a funcionar.
Tengo en el fondo de mi pensar, tu mirada a fuego grabada. Esos ojos llenos de tristeza, no sé si serían similares a como yo te pudiese mirar. ¿Qué reflejaban tus ojos? ¿Culpabilidad? ¿Tristeza porque no fuese a funcionar? ¿Miedo de qué hubiera pasado sí? De un momento a otro, hizo más frío, ¿tu mirada era capaz de cambiar el clima o es que el tic tac de mi reloj de pecho se había ralentizado?
Me hubiera gustado jugar con tus manos un poco más de tiempo, o poder abrazarte un par de veces más para ver el desequilibrio que pudiesen hacer tus piernas cuando te agachases a mirarme.
Siento que te asusté siendo yo misma, y eso me da miedo. Te dibujé porque quería guardarte de algún modo en mi mente, y recuerdo las cosas mejor si las dibujo. Escribí las cosas de antes por el mismo principio que ahora, quería desenredar y ordenar un montón de pensamientos que tenían tu nombre y no sabía entenderlos, leerlos. A fin de cuentas, las obras son más para el autor que la propia inspiración, porque esta última siempre tiene prisa y por eso, siempre se va
Supongo que te hice inmortal por accidente. Pienso que si encierro tu nombre en un rincón, las dos únicas personas que sabían de ti algún día se olvidarán, pero al mismo tiempo es algo muy inútil porque de nada servirá