Ius atque vita romana

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El mejor portal dedicado al estudio detallado de las instituciones jurídicas romanas y la difusión de la grandiosa cultura grecolatina que influyó en los sistemas legales de Occidente. Mil gracias por visitar esta página y por desear formar parte de nuestra comunidad de juristas y amig@s interesad@s en el Ius Romanorum. Ojalá que lo aquí compartido sea de tu interés y te permita no solo fortalecer

y ampliar tu cultura jurídica, sino también apasionarte por el mundo romano en todas sus facetas. El Derecho Romano no es un simple antecedente, es la base racional y el fundamento último de las grandes familias jurídicas de la actualidad; conocerlo debidamente te permitirá valorar las palabras del romanista italiano Sandro Schipani: "Del Derecho Romano todo surge, y al Derecho Romano todo vuelve necesariamente".

UN SORPRENDENTE HALLAZGO EN POMPEYA¡Qué gusto saludarles, amig@s juristas y amantes de la cultura grecolatina!Como “ante...
23/08/2022

UN SORPRENDENTE HALLAZGO EN POMPEYA

¡Qué gusto saludarles, amig@s juristas y amantes de la cultura grecolatina!

Como “anteprima” a la proyección de la parte inicial del excelente documental italiano sobre Pompeya presentado por el italiano Alberto Angela (aquí pueden conocer los detalles: https://www.facebook.com/events/2605089876294999/?ref=newsfeed), deseamos compartirles algunos hallazgos muy recientes que esperamos sirvan de “telón” a las seis partes del documental mencionado, sin duda fascinante y enormemente educativo.

En diciembre del 2020 se anunció a nivel mundial el hallazgo de una “caupona”, es decir, una especie de “McDonalds”, en la Regio V de la ciudad romana de Pompeya, sepultada toda ésta por la erupción del Vesubio en el otoño del 79 d. n. e. Su estado de conservación es prácticamente absoluto, y nos permite tener otro “vistazo” de la vida cotidiana de una cultura que sigue fascinando.

Dos patos panza arriba listos para la olla, un gallo que parece pintado en 3D, un perro atado a una correa sobre el cual se rasgueó un “graffito” con un insulto homofóbico. Ubicado en la esquina del Callejón de los Balcones y de la Calle de la Casa de las Bodas de Plata, el negocio de “street food”•antiguo conservaba un espacio ricamente decorado, así como las vasijas con restos de alimentos que los pompeyanos acostumbraban consumir velozmente. Y aunque en Pompeya hay más de 80 “thermopolia”, como hoy se les llama modernamente, ninguno está así de conservado.

En el local se hallaron también los restos de dos hombres y de un perrito. Una de las víctimas, de unos 50 años, estaba tendida sobre un lecho en la parte posterior del local y podría haber mu**to aplastado por el derrumbe del ático. Los huesos del otro sujeto, quizá de alguien que huía y se refugió en el interior, estaban metidos en un gran recipiente, probablemente ahí puestos por excavadores clandestinos del siglo XVII.

¡No se pierdan el miércoles 24 la primera parte de “La última noche de Pompeya”! Recuerden tan solo activar los subtítulos preparados “ex professo” para disfrutar al máximo este viaje fantástico por el mundo romano. Entre tanto, les obsequiamos un rápido paseo por la siempre fascinante antigüedad romana.

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https://www.youtube.com/watch?v=Gc11gZgkQoM

HIPATIA, UNA VIDA DE PASIÓN Y DE MISIÓN¡Amig@s juristas y amantes de la cultura latina, les saludamos afectuosamente!En ...
12/08/2022

HIPATIA, UNA VIDA DE PASIÓN Y DE MISIÓN

¡Amig@s juristas y amantes de la cultura latina, les saludamos afectuosamente!

En una publicación anterior (https://www.facebook.com/112833054657684/photos/a.112849521322704/120764080531248/) hablamos sobre la eminente científica y filósofa Hipatia de Alejandría, una de las mujeres más admirables de la antigüedad grecolatina. Bien, hoy deseamos invitarles a nuestro canal de Youtube a conocer algunos detalles de esta dama insigne por medio de un podcast italiano presentado por Antonella Ferrera, donde se nos narra su trágica muerte y el impacto e influencia que Hipatia ha tenido en el mundo occidental.

Esperamos que lo disfruten. Tan solo les solicitamos que activen previamente la casilla de subtítulos preparados “ex professo” para así acercarse a una vida fascinante de pasión y de misión, la vida de Hipatia de Alejandría. Al final, ojalá deseen suscribirse a nuestro canal para estar atentos a muchas otras novedades sobre la cultura grecolatina y otras temáticas culturales no menos apasionantes.

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https://youtu.be/cGqyYEPDTbI

LATÍN, CULTURA GRECOLATINA Y DERECHO ROMANO (PARS PRIMA)¡Saludos cordiales, amig@s juristas y amantes de la cultura grec...
06/08/2022

LATÍN, CULTURA GRECOLATINA Y DERECHO ROMANO (PARS PRIMA)

¡Saludos cordiales, amig@s juristas y amantes de la cultura grecolatina!

Mucho se ha difundido en la cultura popular una idea de sentido común: el latín es una “lengua mu**ta”. Nadie lo habla, nadie lo lee, nadie lo escribe, y frente al embate de lenguas “modernas” que vienen colocándose con fuerza, como el inglés, el ruso, el chino, el alemán, el francés, el italiano y sin duda el español, todas ellas útiles para intercambios comerciales, diplomáticos o políticos, el latín aparece como un “recuerdo” obsoleto de una época ya pasada, de una cultura desaparecida que es revivida en museos u ocasionalmente en series de televisión y películas, pero nada más.

La división radical, casi maniquea, entre “lenguas vivas” y “lenguas mu**tas” nos juega una engañosa broma a nivel intelectivo, porque, en realidad, esa división adolece de la falacia de la observación incompleta. Tiene sin duda vigencia a nivel popular, ahí donde Juan Pueblo no exige mucha erudición, pero en los ámbitos cultos, tanto de la academia como de la vida científica y profesional, cometeríamos un penoso error de apreciación si afirmamos la muerte del latín, cuando, en realidad, lo seguimos hablando “mutado”, por ejemplo, en el idioma de Cervantes. El Dr. Gumesindo Padilla Sahagún, maestro de Derecho Romano de quien esto escribe, solía decir con humor: “el español tan solo es un latín mal hablado”, y ponía algunos ejemplos inmediatos: “nómina”, “memorándum”, “domicilio”, “matrimonio”, “usucapión”, “ciencia”, etcétera (¡este vocablo mismo es latino!: “et cetera” puede significar “y demás”, “y el resto” o “los restantes”); luego, con punzante y elegante ironía agregaba: “el latín solo es lengua mu**ta en el cerebro de quien no lo estudia”.

A lo largo de los siglos, el latín no solo se volvió una de las “linguae quotidianae” (lenguas de uso diario) del imperio romano; su influencia se dejó sentir en ámbitos como el religioso, el social, el político y el jurídico, imponiéndose con el tiempo sobre los idiomas locales de las poblaciones absorbidas dentro del “orbis romanus” (mundo romano), con la excepción obvia del griego; la universalidad del latín le permitió estar presente en la literatura, el comercio, las relaciones diplomáticas, la burocracia imperial y la “iurisdictio”, la administración de justicia. Al mismo tiempo, y tal cual sucede hoy con los idiomas vigentes, la lengua latina evolucionó naturalmente: la lengua de la plaza, del bu**el, del ejército, de la convivencia, tenía matices diferentes a la lengua que vemos en las fuentes literarias: nos hallamos ante la brecha naturalísima que se da entre el “lenguaje literario”, “culto”, y el “lenguaje popular”, el “coloquial” (de “colloquium”), el “vulgar”, si se nos permite el vocablo, no usado en sentido peyorativo, sino para denotar lo usado por el “vulgus”, el pueblo llano.

Ambas esferas del habla siguieron caminos y destinos diferentes. El conocido fenómeno del “romanceamiento” o “degradación” del latín coloquial en las diversas regiones del imperio romano dio lugar a las “lenguas romances”, justamente ese “latín mal hablado” al que el Dr. Padilla se refería, donde Juan Pueblo hablaba como quería y como podía, sin preocuparse por declinar debidamente, o por colocar debidamente el verbo en el sitio adecuado de la frase. Por otra parte, el latín “literario” sufrió un fenómeno de “petrificación” conforme la gente se alejaba más y más del habla educada, exactamente como sucede hoy en día, pues un idioma es un ente rabiosa y apasionadamente vivo. Gramáticos de diversos siglos posteriores a la caída del imperio romano, como Paulo el Diácono (circa 720-799 d. n. e.), ya lamentaban lo mal que se hablaba latín en su tiempo. Veamos un ejemplo sencillísimo. “Equus” es el vocablo literario, el “culto”, pero el vocablo “del pueblo” era “caballus”; así, el primero se conservó en cultismos como “equitación” o “equino”, mientras que el segundo se conservó en las lenguas romances… ¡y el femenino de “equus” (equa) dio lugar al vocablo “yegua”! Otro ejemplo: el “tripalium” era un instrumento de castigo compuesto por tres palos (tri-palium) en los que se colocaba al esclavo para infligirle martirio por alguna falta cometida. Con el tiempo, el sustantivo “tripalium” dio lugar a una forma verbal, “tripaliare”, para denotar la dura fatiga que implica… ¡trabajar! Por el contrario, la forma latina culta para denotar dicha actividad es “labor”, y la conservamos en vocablos como “laborar”, “elaborar”, “laboral”. En esta pugna sobre cómo hablar, el pueblo reprobado ganó… y así surgieron el francés, el español, el italiano, el portugués y demás lenguas que en sus raíces poseen un “latín mal hablado”.

¿Pero entonces qué destino tuvo el “latín culto”? Podemos afirmar que no desapareció, sino que pasó a tener una “vida discreta” a nivel religioso y secular. En el primer ámbito, se convirtió en el lenguaje de la Iglesia: bulas, encíclicas, códigos y documentos eclesiásticos se emitían (y siguen emitiéndose en cierta medida) en latín. Es prácticamente infinita la cantidad de tratados y documentos eclesiásticos (baste tan solo pensar en los 221 volúmenes de la serie latina del “Cursus Patrologiae”, la imponente compilación de los textos de los Padres de la Iglesia; en este enlace pueden conocer el volumen 1, dedicado a Tertuliano: https://archive.org/details/patrologiaecurs137unkngoog/page/n4/mode/2up) emitidos en latín y que sirven de fundamento teológico y racional para la formación de futuros sacerdotes y teólogos eminentes. En el segundo ámbito, el secular, el latín se mantuvo en las escrituras públicas, en los decretos gubernamentales e imperiales… y en el Derecho: leyes, tratados, comentarios doctrinales, por no mencionar versiones del “Corpus Iuris Civilis”, fueron escritos y conservados en latín. ¿Por qué? Porque, sobre todo en los siglo XIV a XVI, el periodo Renacentista, la lengua latina se consideró una lengua “de estudio”: dado que el latín literario ya no mutó, se le atribuyó un carácter de “permanencia”, y por tanto, inmutable y “elevado”, propio de estudios@s y reflexiv@s, tal como sigue siendo considerado a la fecha en círculos académicos e intelectuales.

Así, a la visión cuasi maniquea que divide a las lenguas en “vivas” y “mu**tas”, podemos oponer otra: es posible hablar en nuestros días de “lenguas de uso” y “lenguas de estudio”, las primeras de tipo coloquial y en constante evolución, las segundas propias de ámbitos cultos y científicos, donde la exigencia de precisión en los vocablos insta a expresarse, por ejemplo, en latín. Piénsese en la terminología científica para la clasificación taxonómicas de las especies (el caballo doméstico recibe el lindo nombre científico de “equus ferus caballus”), o en los cultismos y aforismos que circulan en la vida forense: “ad quem”, “pacta sunt servanda”, “non bis in idem”, “in dubio pro reo” y muchísimos más que una mente disciplinada y cuidadosa puede hallar en las fuentes jurídicas antiguas.

¿Qué razones hay entonces para el estudio moderno del latín, especialmente para l@s juristas si, a la luz de lo disertado, deseamos superar la idea de que la lengua de Séneca está “mu**ta”? ¡No se pierdan la continuación de esta fascinante reflexión sobre la importancia del latín en nuestros días!

¿Qué cultismos latinos recuerdan y que han llegado a usar en alguna ocasión?

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AGOSTO, MES IMPERIAL¡Amig@s juristas y amantes de la cultura latina, les saludamos con mucho gusto!En el año 8 a. n. e. ...
01/08/2022

AGOSTO, MES IMPERIAL

¡Amig@s juristas y amantes de la cultura latina, les saludamos con mucho gusto!

En el año 8 a. n. e. se promulgó la “Lex Pacuvia de Mense Sextili”, con la cual se honró al emperador Cayo Julio César Octaviano, quien ya diez años antes había sido proclamado por el senado “Augustus”, venerable y sagrado. Con dicha ley se decretó que el mes “Sextilis”, por haberle sido muy favorable al “princeps”, debía entonces llevar su nombre, “Augustus”; de ahí nos viene el nombre de este mes que hoy inicia, “agosto”. Macrobio nos recuerda el decreto del senado que oficializó dicha propuesta:

“Considerando que en el mes ‘Sextilis’ el emperador César Augusto dio inicio a su primer consulado, entró a Roma en triple triunfo y condujo desde la colina Janícula a las tropas que se mantuvieron leales a sus auspicios; , considerando que en agosto Egipto fue sometido al poder del pueblo romano, poniendo así fin a las guerras civiles y que, por tales razones, el mes ha sido y es propicio para el imperio, el Senado declara que este mes sea llamado ‘Augustus’ [agosto]” (Saturnalia 1, 12, 35).

En el año 30 a. n. e., Augusto logró conquistar Egipto durante este mes; el 1 de agosto se hizo la “dedicatio” del templo de “Mars Ultor” (Marte Vengador) en el Foro de Augusto, para recordar la batalla de Filipos del 42 a. n. e., en la que Octavio derrotó a las fuerzas de los “cesaricidas” Bruto y Longino; igualmente, en este mes celebró un triple triunfo que le fue dedicado en el año 29, muriendo de pilón en el año 14 d. n. e., en el mismo día en que, casi sesenta años antes, había recibido su primer consulado… ¡el 19 de agosto del 43 a. n. e.! Para la mentalidad romana, este mes sin duda estaba cargado de simbolismos divinos debido a tantas coincidencias (una manifestación más de pensamiento mágico), de ahí que el propio Augusto, en el año en que adquirió su “nomen ex virtute” (nombre en mérito a una cualidad) decretó en vida que este mes debían celebrarse las “Feriae Augusti” (ferias de Augusto), junto a las festividades preexistentes, como las “Vinalia Rustica” o las “Consualia”, para celebrar las cosechas y el fin de los principales trabajos agrícolas. Dichos festejos augustales, además de recordar que el emperador invertía amplios recursos estatales en beneficio de los campesinos, también buscaban brindar un periodo de reposo luego de las fatigas de esclavos y agricultores del periodo anterior. ¡El populismo no es nada nuevo, jajajajaja! Además, se instauró la costumbre de que los esclavos y asalariados (trabajadores tan pobres que recibían un “salarium”, un pago en sal) expresasen sus augurios benévolos a dueños y patrones a cambio de una gratificación. Con esas monedas podían dirigirse a la ciudad y disfrutar un poco de la vida, que para ellos sí que era dura.

El 13 de agosto se realizaban fiestas en honor a Diana, diosa virginal de la caza, además de ser protectora de la naturaleza y de la Luna. Su culto era antiquísimo y se conservó incluso mil años después de la llegada del cristianismo. ¡Combo de fiestas completo! Con el tiempo, los atributos de Diana fueron trasladados a la Virgen María, virginal como Diana, pero mientras que la diosa romana llevaba un cuerno lunar (la Luna en cuarto creciente con las puntas hacia arriba) sobre el cabello, María lo pisa y lo somete como símbolo de la antigua serpiente que en la antigüedad era el símbolo de la diosa Isis (por ende, benévolo y favorable a las mujeres: recuerden que, según la tradición, Cleopatra murió por la mordedura de una serpiente, lo que representaba un sacrificio para unirse a Isis y, con ello, volverse una diosa), pero que bajo la visión cristiana ahora era “demonizado”: por ello vemos muchas imágenes de la Virgen María con la media luna a sus pies. Además, entre el 13 y el 15 de agosto se empezó a festejar la ascensión de María al cielo, recuerdo de otra diosa romana muy antigua, Semele, celebrada y asimilada a Diana, quien subió al cielo en alma y cuerpo hasta la presencia de Júpiter, y por lo cual se le llamaba “Diana Assumpta”. Fue hasta 1950 que el papa Pío XII declaró como dogma de fe la Ascensión de María el 15 de agosto, culminando así un proceso de sincretismo religioso que duró siglos, hasta que la tradición antigua decayó y mutó a la fiesta cristiana. Antiguas divinidades veneradas bajo nuevos ropajes…

Durante las “Feriae Augusti”, que duraban todo el mes, se organizaban por todo el imperio carreras “de Fórmula Uno”, es decir, de aurigas, y las bestias de tiro como bueyes, asnos y mulos quedaban dispensados del trabajo, adornándoseles con flores, para que así los animales pudiesen reposar. Curioso el festejo del 24 de agosto (se repetía el 5 de octubre y el 8 de noviembre): en la zona del “comitium” (la asamblea ciudadana), en el Foro Romano, existe una apertura en la tierra (una grieta telúrica que forma parte de una placa tectónica) que, al ser tan profunda, se creía que comunicaba con el inframundo. Dicha apertura se cerraba con la “Lapis Manalis”, y en tales fechas la piedra se levantaba para permitir que los mu**tos volviesen de ultratumba: ¡en la Roma antigua había tres fechas para festejar a los mu**tos! Y bueno, fiestas y más fiestas en honor a muchísimas otras divinidades: Esperanza, Marte Vengador, Salud, Hércules y Hermes Invencibles y Vengadores, Venus Victoriosa, Flora, Cástor y Pólux, Portuno, Vulcano (de él nos viene la palabra “volcán”), Venus y Conso…

Así que ya ven, un mes muy interesante. ¡Buen inicio de “Augustus”!

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12 DE JULIO, DÍA DE L@S JURISTASEl 12 de julio de 1553 se estableció la primera cátedra de Derecho en la Nueva España, c...
12/07/2022

12 DE JULIO, DÍA DE L@S JURISTAS

El 12 de julio de 1553 se estableció la primera cátedra de Derecho en la Nueva España, concretamente en la Ciudad de México. Ese día, Bartolomé Frías de Albornoz (circa 1524-??), jurista y humanista español llegado de la Universidad de Salamanca, habiendo obtenido los grados de Maestro en Leyes y bachiller en Cánones por la Real Universidad de la Nueva España (antecesora de nuestra UNAM), impartió por primera vez en América Latina una modesta cátedra: Instituciones de Derecho Romano, en las que enseñaba los fundamentos de la ciencia jurídica desde el "Corpus Iuris Civilis", introduciendo por vez primera a los alumnos novohispanos al conocimiento de los juristas romanos como iniciación al mundo del Derecho.

Frías de Albornoz era peritísimo en latín y griego, doctísimo jurisperito, gran erudito que gozaba de prodigiosa memoria y persona de amplísimos conocimientos. Aunque escribió muchas obras, la mayoría se han perdido, y solo conservamos una, el "Arte de los contractos" (pueden consultarlo en este enlace: https://archive.org/details/ARes44318/page/n1/mode/2up), considerado todavía hasta el siglo XVII uno de los mejores manuales sobre dicha materia, analizando los contratos personales, los reales, los irregulares y los matrimoniales a la luz del Derecho real castellano, del Derecho canónico, de la Teología... y claro, del Derecho Romano. Sin embargo, dicho tratado fue incluido durante el siglo XVIII en el "Index Librorum Prohibitorum" (Índice de libros prohibidos) por orden de los reyes Borbones sin saberse a la fecha las razones de tal decisión.

Poco más de cuatro siglos después, en 1960, el periódico "El Diario de México" solicitó al entonces presidente Adolfo López Mateos que marcara esta fecha como un suceso trascendental para el país. Y desde entonces en México festejamos a l@s abogad@s. Desde esta página hacemos extensivo dicho festejo a l@s jurisconsult@s de todo el mundo que han deseado seguirnos, solicitándoles que brinden un abrazo a sus amig@s letrad@s.

Amig@s juristas: "el derecho es el arte de lo bueno y de lo justo" (Celsus jurisprudens dixit, "lo dijo el jurisprudente Celso"), y a nosotros nos toca no luchar contra la enfermedad o los males del cuerpo, como lo hacen los médicos, sino contra el egoísmo, el vicio y la vileza humanas que buscan imponer incivilizadamente su capricho y amenazan con lesionar la convivencia social. Ya desde la cátedra, el litigio, el tribunal, la investigación, l@s juristas tenemos todavía mucha labor que realizar en estos tiempos de feroz ignorancia y brutal injusticia. No solo el código, sino el criterio jurídico, ese que nos ayuda a discernir lo justo de lo injusto, es el faro que debe iluminar nuestro quehacer profesional, e incluso en nuestra vida cotidiana, porque en esencia el Derecho tan solo es orden, lógica y razón, principios que deben distinguir cada acto nuestro, dentro y fuera del foro. Le doy la palabra aquí a Domicio Ulpiano, bien conocido por much@s de ustedes, para no olvidar la razón por la que tomaron protesta hace años... ¡Feliz Día del Abogado y la Abogada!

¿Qué mensaje de buena voluntad desean compartir con nosotros en este su día, amig@s juristas?

Valete iurisprudentes et amici omnes!!! Vis et honor!!!

¡Amig@s juristas y amantes de la cultura grecolatina, les saludamos con enorme gusto!En el marco de la difusión del proy...
09/07/2022

¡Amig@s juristas y amantes de la cultura grecolatina, les saludamos con enorme gusto!

En el marco de la difusión del proyecto jurídico-literario intitulado “Digesta Iustiniani imperatoris” (Digesto del emperador Justiniano), nos da gusto compartir con tod@s ustedes el lanzamiento en versión impresa del séptimo volumen de esta obra fundamental del Derecho.

Aquí se contienen los libros 19 a 21 previamente publicados en formato digital, con ánimo de colmar una laguna enorme de la literatura jurídica: el acceso adecuado a versiones en lengua española de los textos esenciales del Derecho Romano, columna vertebral de la tradición legal en Occidente. Aunque se han realizado en el pasado esfuerzos loables para traducir el “Digesta” a la lengua de Cervantes, su escasa difusión y su anacronismo en cuanto a vocabulario y redacción vuelven a versiones como la de Rodríguez de Fonseca y otros (1872) o la de García del Corral (realizada entre finales del siglo XIX y principios del XX) difíciles de comprender y, sobre todo, de interpretar y extraer los aforismos o criterios útiles para la vida profesional. Por otra parte, la versión de Álvaro D’Ors (1968), pese a su traducción “libre”, se ha vuelto junto a las anteriores prácticamente inhallable y exclusiva de centros de investigación en diversas universidades, imposibilitando al público en general el conocimiento del Derecho Romano a partir de la fuente original y volviendo, por ende, deficiente su enseñanza y adecuada valoración tanto en aulas universitarias como en los espacios judiciales del mundo de habla hispana.

De ahí la necesidad de una nueva versión respetuosa del texto latino original, pero al mismo tiempo ágil, dinámica, comprensible y, sobre todo, accesible a tod@ interesad@ en ampliar y cimentar debidamente su cultura jurídica, ya sea docente, litigante, funcionario judicial, investigador, estudiante o amante de la cultura grecolatina. Esperamos que esta obra pueda ser puesta a la consulta pública en las bibliotecas especializadas de universidades, centros de investigación, tribunales de justicia y espacios dedicados a la cultura jurídica, por no mencionar la biblioteca de l@s juristas de renombre que visitan esta página.

Deseamos que este esfuerzo literario cubra la carencia actual de profundizar en el Derecho Romano con la principal fuente jurídica finalmente a la mano. Ya está disponible para tod@s ustedes en la tienda Amazon. Ojalá la disfruten y aprovechen ampliamente, agradeciendo el difundir la noticia de que existe ya una versión accesible, moderna y confiable del “Digesta Iustiniani imperatoris”.

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¡Saludos, amig@s juristas y amantes de la cultura grecolatina!Deseamos compartir con ustedes el feliz lanzamiento en for...
06/07/2022

¡Saludos, amig@s juristas y amantes de la cultura grecolatina!

Deseamos compartir con ustedes el feliz lanzamiento en formato electrónico del nuevo volumen de un proyecto jurídico-literario apasionante: el Libro 21 del Digesto de Justiniano.

En los círculos académicos se dice que los textos clásicos deben ser actualizados más o menos cada cincuenta años, debido a la veloz evolución de la lengua española. Aunque tal situación ha venido ocurriendo con la mayoría de obras clásicas, no es el caso con los textos jurídicos, los cuales adolecen de dos limitantes de cuidado: la primera, contar con traducciones respetuosas de la fuente original pero con un lenguaje dinámico y adecuado a las más recientes tendencias del idioma, siempre dentro de un marco de respeto a las esencias gramaticales para llegar al máximo de juristas posible; la segunda, la restrictiva distribución de la obra por antonomasia del Derecho, causando una limitadísima difusión de las fuentes jurídicas antiguas.

Los resultados de lo anterior están a la vista: el Derecho Romano se enseña actualmente en las aulas universitarias de una forma lamentable y deficiente (en algunas facultades tristemente ha desaparecido de los programas de estudio), pues no hay modo de solicitar a l@snovici@s” que se remitan a consultar el “Digesta” para mayor estudio y reflexión, quedándose el o los cursos en una paupérrima exposición de fechas y nombres, y de una limitada enseñanza de las instituciones jurídicas, lo que redunda en la nula formación del criterio jurídico de l@s futur@s juristas, herramienta indispensable que debe formarse desde el primer día con la rica casuística contenida en la “Vulgata” del Derecho.

Esta nueva traducción del “Digesta Iustiniani imperatoris” (Digesto del emperador Justiniano) se propone ofrecer a las nuevas generaciones de juristas, y por supuesto, a las generaciones ya consagradas y de autoridad, una versión novedosa, versátil, dinámica y muy cuidada del texto por antonomasia del Derecho, gracias al cual l@s docentes de esta materia podrán comenzar a profundizar en el estudio de las figuras jurídicas más importantes del “Ius Romanum” y así enriquecer su cátedra; por otra parte, l@s juristas de prestigio podrán conocer el fundamento último y racional de tantísimas instituciones jurídicas que hoy conservamos en la legislación occidental, y cuya lectura y reflexión dará nuevas vertientes de pensamiento fundadas en la fuente jurídica más importante. Y en general, para los amantes de la cultura grecolatina será una ventana valiosísima para asomarnos al modo en que Roma organizó y administró un vastísimo imperio durante un milenio y más aún, reconociendo al “Digesta” como el legado más importante de la cultura romana al mundo actual.

El libro 21 del Digesto se centra en la figura jurídica de la redhibición y los vicios ocultos, en la respectiva acción redhibitoria y, en caso necesario, en la acción de reducción de precio; también dedica un amplio título a la evicción y la estipulación por el doble como remedio procesal, además de un análisis de la excepción de cosa vendida y entregada, temas todos fundamentales para la reflexión del Derecho Privado. Además, como es ya costumbre en este proyecto literario, incluimos un estudio introductorio: el análisis de las llamadas “interpolaciones” o alteraciones a los textos originales por parte de los compiladores de Justiniano para adaptar las obras de los juristas clásicos a las exigencias del imperio bizantino del siglo VI d. n. e.

Ya está disponible en la tienda Amazon para tod@s ustedes. Igualmente, pueden adquirir este y los anteriores libros ya publicados en formato EPUB con nosotros: pueden enterarse por inbox del costo (¡una verdadera ganga!), el modo de pago y las condiciones de envío. Ojalá lo disfruten y den a conocer esta primicia con sus colegas jurisconsultos y amantes del mundo grecolatino: así fortaleceremos el buen conocimiento del Derecho en un momento de extraña alienación jurídica. Mil gracias!!!

Valete iurisprudentes et amici omnes!!! Vis et honor!!!

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JULIO, MES REGIOSaludos, amig@s juristas y amantes de la cultura grecolatina.Iulius, el séptimo mes del año, debe su nom...
02/07/2022

JULIO, MES REGIO

Saludos, amig@s juristas y amantes de la cultura grecolatina.

Iulius, el séptimo mes del año, debe su nombre a Cayo Julio César, quien justamente nació en este mes. General, político e historiador, César (el único de los Césares que identificamos unívocamente con “Julio César”), conquistó la Galia (hoy parte de Italia, Francia, Bélgica y los Países Bajos), modificó la estructura del gobierno romano, volviéndolo una “dictadura democrática”, como le ha llamado el historiador italiano Luciano Canfora, fue asesinado de forma legendaria (en este enlace pueden conocer sus fascinantes gestas y los detalles del “caesaricidium”: https://youtu.be/7qQ9sHyjMfA) y, sobre todo, contribuyó a hacer del calendario lo que hoy es.

A César debemos el año de 365 días, y la existencia de un año bisiesto cada cuatro años. Tuvo la inspiración de reformar el antiguo calendario durante su permanencia en Alejandría. En el año 46 a. n. e., promulgó el “calendario juliano”, elaborado sobre el devenir del Sol (antiguamente se elaboraba con base en las fases lunares) por el astrónomo griego Sosígenes de Alejandría (a quien llevó consigo a Roma para estudiar a fondo los aspectos de la reforma) y otros matemáticos con los cuales preparar las nuevas reglas fundadas exclusivamente en el curso del sol. El arco de tiempo anual se subdividió en 365 días, ya no en los 355 anteriores, con la necesaria supresión del mes intercalado y con el agregado de un día cada cuatro años. Este día se decretó que debía agregarse al mes de “februarius” con el nombre de “bis sextas kalendas martias” (dobles calendas sextas de marzo), y de ahí derivó el nombre de “año bisiesto”.

Luego de haber asignado 445 días al año 708 desde la fundación de Roma (el 46 a. n. e. duró… ¡quince meses!), al que definió “ultimus annus confusionis” (último año de confusión), Cesar estableció su nuevo calendario. Así comenzó la andadura del “calendario juliano”, el cual resistió íntegro hasta 1582, cuando el papa Gregorio XIII consideró la necesidad de hacer un ajuste. Con la bula “Inter gravissimas” el Papa introdujo el “calendario gregoriano”, que corregía algunos errores mínimos del juliano y que a la fecha sigue siendo usado por la mayoría de países occidentales. Ya en otro momento les contaré el problemón que provocó al decretar que debían omitirse diez días del mes de octubre… Pero bueno, era el Vicario de Cristo y lo podía hacer: Dios se lo perdonaría. Otros reyezuelos menores han decretado a lo largo de la historia, por ejemplo, que los horarios deben adelantarse o retrasarse para aprovechar la luz del sol…

Luego de la muerte de Julio César, Marco Antonio decidió dedicar a César el mes en que había nacido, llamado originalmente “Quintilis” (quinto), por lo que se le cambió el nombre a “Iulius”. Este mes era originalmente el quinto porque el calendario romano preveía diez meses (marzo, abril, mayo, junio, quinto, sexto, septiembre, octubre, noviembre y diciembre, para un total de 304 días). ¿Cómo se explica que coincidiese con julio, el cual es el séptimo mes del año? La reforma de Julio César preveía que el año, cada vez más lejos del sucederse de las estaciones, debía comenzar no en marzo, sino en Ianuarius (enero), mes dedicado a Jano, el dios con dos rostros unidos por la nuca, justamente porque marcaba el paso de un año a otro.

Como es costumbre en el espíritu romano, el mes de julio también estaba lleno de fiestas: ya desde el primer día había fiestas en honor a “Iuno Felicitas”, “Juno que concede la felicidad”. Y dado que l@s “cives romani(ae)” eran politeístas, fiestas en honor a Apolo, Júpiter, Fortuna, Conso, Vitula, ¡Honor y Virtud!, los dióscuros Cástor y Pólux, Lucus (dios de los bosques)… y del 21 hasta el 31 de este mes, los “Ludi Victoriae Caesaris” (Juegos por la victoria de César) para festejar los triunfos del gran caudillo en la Galia.

Valete iurisprudentes et amici omnes!!! Vis et honor!!!

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