25/03/2026
Cuando hablamos de migrantes, muchas veces pensamos en alguien que se fue por decisión propia, sin detenernos a imaginar todo lo que realmente significa migrar. Migrar es dejar atrás a la familia, los amigos, los recuerdos e incluso partes de la propia identidad. Es aprender a empezar de nuevo en un lugar distinto, con costumbres y realidades diferentes.
Este cuadro, titulado “Prohibido suicidarse en primavera”, está inspirado en la obra de Alejandro Casona, quien tuvo que exiliarse tras la Guerra Civil Española y reconstruir su vida lejos de su país, en lugares como México y Argentina.
Para mí, el título simboliza algo profundo: un migrante no puede permitirse rendirse. Carga con responsabilidades, con sueños propios y con los de quienes dejó atrás. El “suicidio” no es literal, sino ese momento en el que uno piensa que no puede más. Pero aun así, sigue adelante.
La primavera representa la esperanza: el renacer, la idea de que después de las dificultades siempre puede florecer en un nuevo comienzo.
No debemos mirar a los migrantes con lástima, sino con admiración. Porque, a pesar de todo, siguen de pie y continúan luchando por un futuro mejor.